Levantarse
Política Nacional | 12/06/2013
En
España, efectivamente, se pasa hambre. Cada día los periódicos reflejan las
necesidades y la deficiente alimentación
que desafortunadamente padecen algunos niños de nuestro país. Es cierto.
Negarlo sería caer en el cinismo. Pero también es cierto que en España la gente
sigue consumiendo, sigue con su vida, quizás más austera sí, pero seguimos
intentando disfrutar de la vida. No hay más que salir un sábado noche a cenar
para comprobar que los restaurantes siguen llenos, que algunas joyerías apenas
notan la crisis y que ciertos servicios se mantienen como si nuestros datos de
deuda y prima de riesgo fueran los de hace 10 años. Por ello, se hace necesario tomar perspectiva y quitarnos
esa imagen, que como país, no nos benéfica. Desde fuera perciben una situación
surrealista de España, que no ayudan propuestas como las aportadas por Merkel y
Alemania de trasladar a su país estudiantes de formación profesional para que
tengan un trabajo. No. Nuestro país, siempre de luchadores incansables y de
emprendedores natos, tiene que demostrar
que somos muy capaces de levantarnos. De luchar con todas nuestras fuerzas por
salir adelante, por reciclarnos, por aprovechar el capital humano que poseemos y su inestimable
experiencia. Y para ello, nuestro Gobierno debe acompañarnos. La nueva ley de
emprendimiento empresarial es una muestra de ello. El pacto entre Gobierno y
oposición para trasladar una política común ante Europa que nos sitúe como
obedientes pero no sumisos ante una
política que instituciones como el FMI ya han reprobado. Ahora resulta que se
han equivocado. Ahora. Esta semana, de
visita oficial por nuestro país, se ha puesto de relieve las medidas que ha
tomado el Gobierno japonés para salir de la profunda depresión y deflación que
llevan sufriendo años. Su legislación laboral estricta así como su propia
cultura ha dificultado quizás los pasos que ahora sus dirigentes – entre ellos
el avezado y valiente Kuroda (dirigente
del Banco Central de Japón) – se han
atrevido a dar. Porque está claro que hay que promover aquello que es la
verdadera riqueza de un país: su capital humano, sus trabajadores, el empleo.
Yo creo que vamos por el buen camino. Pero aún queda mucho por recorrer.
Y
para recorrerlo, sólo un consejo: la comunicación y la explicación de las
medidas que se toman es fundamental. La gente debe entender qué se hace y porqué se hace.