Resumen
Este breve artículo versa sobre las ideas de Benito Jerónimo Feijóo en relación con la enseñanza de la agricultura y su influencia en la posterior Ilustración española.
Las ideas de Feijóo
El primer autor español del
siglo XVIII que se interesó por la enseñanza agraria fue Benito Jerónimo
Feijóo. Si en muchas cuestiones se le puede considerar el pensador que inaugura
el siglo de las luces en España, en la enseñanza de la agricultura también es
el que desbroza el terreno de varias cuestiones básicas que los ilustrados y
los tardo-ilustrados discutirán durante un siglo. En “Honra y provecho de la
agricultura” de su Teatro Crítico
Universal[1],
Feijóo se quejaba de la falta de libros que tratasen en España de temas
agrícolas. El asturiano explicaba que los que se dedicaban a la agricultura no
leían libros porque, además la mayoría de los campesinos no sabían leer, pero
eso no debía ser un obstáculo, ya que con que hubiera alguien que los leyera ya
serían útiles porque estos lectores se encargarían de difundir las
instrucciones correctas a los labradores, es decir, cundiría el buen ejemplo,
idea que más tarde desarrollaría Jovellanos. Para enseñar los principales preceptos
agrícolas no eran necesarios muchos libros. En España se contaba con dos obras
clásicas, la Agricultura de Gabriel
Alonso de Herrera del siglo XVI, y el Llibre
del secrets de Agricultura de Fray Miguel Agustín, prior del Temple en
Perpiñán, del siglo XVII. Feijóo se guardó mucho de criticar estos dos manuales
pero no le parecían suficientes, ya que no abarcaban todos los conocimientos
necesarios y porque gran parte de las enseñanzas contenidas en sus páginas no
se podían aplicar a todas las tierras y lugares, es decir, que, no se podía
usar lo que contenía la bibliografía como si fuera una receta de aplicación
universal. En realidad, Feijóo estaba defendiendo la necesidad de contar con
obras actualizadas, aunque sin menospreciar las aportaciones clásicas del
pasado. La Ilustración española fomentó, en el último cuarto del siglo XVIII,
que se escribieran o tradujeran obras de la nueva agronomía que, desde
Inglaterra y otros lugares de Europa se estaba estudiando y practicando, como
el famoso sistema Norfolk.
Otra idea de nuestro autor
que tendría mucha fortuna en el pensamiento del siglo tenía que ver con el
problema del aprendizaje consuetudinario en agricultura. Junto con la
transmisión de prácticas útiles, se perpetuaban otras completamente erróneas,
inercias que dificultaban el progreso económico. Este tipo de aprendizaje era
rechazado porque no se basaba en principios científicos, fruto de la
observación y de la reflexión, es decir en un método científico guiado por la
razón y la experiencia. Es evidente que se está haciendo una defensa de la
agricultura como ciencia útil y que, era susceptible de ser enseñada. Esta
sería otra idea que influyó en la Ilustración, aunque encontraría la oposición
de los cultivadores de la botánica descriptiva del siglo XVIII, que durante un
tiempo impidieron que la agronomía se impartiera en los Jardines Botánicos,
teniendo que arbitrarse otras alternativas, como las cátedras de agricultura[2].
En conclusión, Feijóo
consideró imprescindible dedicar atención a la enseñanza de la agricultura en
función de su necesidad, para luego realizar un largo lamento sobre la
situación del abandono de la agricultura y de los labradores en España, dedicando
una especial atención a la creación de una especie de consejo en la corte,
compuesto por labradores acomodados y con conocimientos para conferenciar sobre
los medios más a propósito para el desarrollo agrícola del país, aunque sin
poder decisorio y sí para elevar propuestas a las autoridades pertinentes de la
Monarquía, aspecto que debió influir en Campomanes a la hora de fomentar la
creación de las Sociedades Económicas de Amigos del País.