Milagros Mata Gil
I.
El 13 de
enero del año pasado, naufragó el Costa
Concordia frente a la isla de Giglios, en Italia. Sólo recientemente han
comenzado los movimientos tribunalicios y las acusaciones formales contra los
responsables.
Las
investigaciones preliminares demuestran que el navío chocó contra un arrecife
rocoso identificado en las cartas marítimas como Le Scole, cerca de 800 metros de la entrada del puerto. El choque
produjo una rajadura de casi 50 metros
en el lado de babor, donde, además, se incrustó un pedazo de roca. El
capitán admitió en primera instancia que no navegaba con el sistema
computarizado “porque confiaba en su gran
conocimiento de la zona”. Asímismo, admitió que se había acercado a la
costa como un gesto de cortesía para
el maître del crucero. Éste ha declarado que, desde el puente, adonde había
subido para presenciar el paso del barco, advirtió al capitán que estaban muy
cerca de la costa.
Dicen que el
capitán estaba celebrando en grande con una hermosa chica y que quizá su
capacidad de reacción estaba disminuída por causa de esa celebración. Lo cierto
es que puso en peligro la vida y la integridad de tres mil quinientas personas,
entre pasajeros y tripulación.
II.
Revivo la
imagen de ese naufragio, que tuvo mayor relevancia por la alusión inevitable al
del Titanic. Siempre se mencionan las
declaraciones de los que lo armaron diciendo que era imposible que se hundiera
y en su primer y único viaje terminó en el fondo helado del mar.
En estos días
he sentido que voy en un barco que va demasiado cerca de la costa rocosa. Un
barco cuyo capitán está celebrando con una francachela, navegando sin el
sistema computarizado porque cree que
conoce muy bien el sitio por donde navega. Siento que el barco cabecea por
el oleaje intranquilo, siento que ya le han advertido al capitán que va muy
cerca del arrecife, pero que él ha desestimado las advertencias, ocupado en
complacer a los que están con él en el festín. Y que nuestra vida peligra.
III.
Se denomina naufragio al proceso por el que una
embarcación se hunde mientras ésta navega por el mar, un río, lago, laguna o
cualquier otra masa de agua. Además, en sentido figurado naufragio se emplea como sinónimo de desgracia, dice Wikipedia.
En otros
tiempos, los barcos naufragaban sobre todo por la intervención de fuerzas
externas: las sirenas eran una de esas fuerzas: su canto, descrito como muy
hermoso, atraía a los navegantes hacia los arrecifes. Se dice que Odiseo deseó
escuchar la voz de las sirenas sin sucumbir a su fascinación. Para ello, hizo
taponar los oídos de su tripulación con cera y pidió que lo ataran al poste
mayor de su barco, cuando regresaba a su patria de Ítaca. Sus hombres lo vieron
sufrir espasmos de desesperación. Seguramente rogó a gritos que lo desataran,
pero como no podía oírlo, permaneció allí, turbado profundamente por la belleza
que le prometían aquellos seres de voces celestiales, pero instintos asesinos. Los
arrecifes rocosos están llenos de restos de naves destruidas y algún que otro
esqueleto que no llegó a hundirse.
¿Cuáles son
las fuerzas que está operando en este país para que algunos pensemos que está a
punto de zozobrar?¿Son los excesos festivos de un capitán que confía en su
escasa sabiduría?¿O son los cantos que emanan desde fuera, ensalzando quién
sabe qué cosas, para desviar el curso hacia el naufragio?
Y no sirve de
nada que podamos usar los salvavidas ¿qué vidas conservaremos si el
barco-nación se hunde?
Navegamos,
pues, en medio de la tiniebla. El capitán no sólo omite el sistema que le marca
el curso, sino que ignora la señal del faro. Sumergido en su festín, magreando
una muchacha, deja que el piloto se acerque demasiado a la costa, un poco para
saludar a los que cree que debe un saludo. Otro poco porque cree escuchar
cantos maravillosos en la orilla. El cabeceo de la nave no le preocupa. Piensa
que el casco y la estructura impedirán sempiternamente que naufrague. Eso y su
conocimiento de la ruta. El capitán es arrogante. Le queda bien el uniforme.
Las sirenas, seguramente, se deslumbrarán de su apariencia.
¿Cuál será el
final de esta historia? El Costa
Concordia terminó con un hueco, muy significativamente a babor. Un hueco enorme y un pedazo de roca incrustado en él.
Herido de muerte, con tres mil quinientas personas en peligro de morir. Antes
de que fueran rescatados, pasaron hambre, frío y sed. Porque el capitán (que, además,
saltó primero que los demás, dejando el barco) ignoró todas las señales, todos
los alertas,
20 de abril
de 2013
@milagrosmatagil