Hemos vivido una semana en que ha escalado el conflicto entre política y
oposición. Una semana en que los Senadores se aumentaron su dieta en dos
millones de pesos. Una gran marcha que de nuevo terminó en destrozos de los
mismos de siempre. Camila Vallejo embarazada, asegurando que la ecografía
mostró a su guagüita con el puño en alto; Bachelet cambiando a los asesores
Andrade y Vidal por el Director de The Clinic.
Una semana en que se ha vivido la acusación constitucional a Harald
Beyer, el único Ministro de Educación que tuvo la valentía de cerrar una
Universidad que estafó la fe pública, lucró dolosamente, profitó de recursos
del Estado y tejió nexos con destacados personeros políticos. 18 mil afectados
se han movilizado contra la autoridad en vez de ir en contra de los dueños de
la Udelmar, responsables de las malas prácticas. La oposición rompió lanzas
para representar a los estudiantes víctimas de esa estafa, sin reconocer que la
acción decidida fue la del Ministro, que no tuvo opciones intermedias para
sancionar a la Universidad del Mar. Si toda la energía confrontacional
desplegada esta semana, se hubiese usado en dotar al Estado de suficientes
instrumentos legales para sancionar las acciones ilícitas, otro gallo cantaría,
pero estamos en la campaña presidencial y las trincheras han impedido un
diálogo democrático fecundo.
En el contexto internacional hemos visto la crisis de Venezuela, con Maduro
invocando el espíritu de Chávez, que le habría conversado como un pajarito y
que dejó, de paso, maldiciones a los que no lo apoyaran. Como si eso fuera
poco, han circulado por las redes fotografías de urnas robadas, hemos conocido
de caceroleos tremendos convocados por Capriles y de víctimas en los
enfrentamientos. Venezuela vive una suerte de empate técnico que Maduro ha
resuelto con la fuerza y queda un oscuro panorama de ingobernabilidad para el
país sin Chávez.
Y en un doloroso episodio de terrorismo dos bombas en la meta de la Maratón
de Boston causan un niño y una joven muertos y centenares de heridos.
Terrorismo es cualquier atentado contra civiles dijo el Presidente Obama y me
recordó que en Chile a aquel episodio del muchacho que mutiló sus manos cuando
instalaba una bomba no se le consideró acto terrorista, cosas que sólo se dan
en Chile. ¿Debe el Estado cruzarse de brazos frente a este tipo de hechos,
frente a vándalos y encapuchados?
En medio de esta semana traumática, sólo el humor ha puesto la nota
relajante. Por más crispadas que aparezcan las declaraciones de los candidatos,
el humor político distiende y gratifica. Del viejo Topaze y sus caricaturas
hemos llegado al humor agudo de la Agencia Tugeder en Mentiras Verdaderas de la
Red, que ha puesto la nota alta en el sarcasmo simpático que coloca en su lugar
a los políticos. El buen humorista es como la pulga en el oído, es el auriga
que le sopla al emperador “eres humano”. Si no fuera por esa cuota de risas que
acompaña la política, todo sería gris y el pesimismo nos agobiaría. En cambio,
cuando puedes reírte de las Piñericosas, de las imitaciones que han hecho
Kramer y Natalia Cuevas al MEO y Bachelet, realmente seguir las noticias se
hace más entretenido. Y el mayor ingrediente de mofa, ironía y sarcasmo
proviene de las redes sociales, donde si bien hay hay mucho ataque burdo y
grosero, se impone ese estilo sibilino, elegante, de tallas y burlas al
adversario. Por ejemplo, el paso de Bachelet fue uno de estos momentos de relax
con el reggaetón Tírame un Paso. Por eso, esta semana sólo el humor salva.
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Periodismo Independiente, 17 de abril de 2013, Síguenos en @hnarbona en
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