BIEN SER BIEN ESTAR//--//
EDUCACION PARA LA PAZ.
“La paz del mundo
empieza con la paz en los corazones de cada individuo”.
A los maestros y formadores con cariño y
respeto.
Cecy Valerio G.
La primera vez que tomé un taller
de “Educación para la Paz” fue hace ocho
años en la UIA León. No imaginaba entonces el panorama de inseguridad y
violencia que vive hoy México, por lo que me resultaba extraño que
tuviéramos que educarnos y educar a
nuestros alumnos en este tema. Hoy en
día, la Educación para la Paz es una propuesta esperanzadora y urgente de
aplicar, ante la realidad que vive nuestro país.
El papel del educador va mucho
más allá de transmitir conocimientos. Es imperante la educación para la paz y
la construcción de una cultura de la paz, iniciando en el aula, en el hogar y
en la comunidad, para lograr un desarrollo social justo , equilibrado y en
armonía.
Por paz se entiende no sólo la ausencia de guerra o conflicto. Incluso
éste último es natural y hasta cierto punto inherente a la condición humana. La
paz es el espacio de encuentro y relaciones humanas gozosas. Es convivir en la tolerancia y armonía. Es
sobreponerse al conflicto por medios pacíficos. Es aprender a vivir en la
diversidad como fuente de riqueza y a superar las diferencias como una
situación de aprendizaje. Es la construcción de ámbitos de justicia, respeto,
felicidad y tolerancia.
La raíz de la palabra educación
es “ e-ducere”, literalmente
significa conducir desde, o extraer algo
que existía potencialmente. De ahí la
gran importancia que tiene el maestro, principalmente los de niveles básicos,
de llevar al educando por el camino del conocimiento, de la libertad, de la
responsabilidad y de la ética personal y del cuidado. Educar para la paz es por
consiguiente, potenciar las capacidades del alumno para que se forme en valores
que le ayuden a edificar convivencias interpersonales sanas y afectivas.
Para que este modelo de aprendizaje- enseñanza sea una realidad se debe
de empezar por el educador. Si en su interior impera la tristeza, amargura, sed
de venganza, desánimo e ira, aunque sea brillante en conocimientos,
difícilmente podrá transmitir a sus alumnos e hijos valores como la tolerancia,
la empatía, la solidaridad o la justicia. El educador podrá educar en valores
cuando él mismo exprese en su actuar esas actitudes.
En Colombia, ante la violencia vivida en décadas pasadas, se instauró la Pedagogía del Perdón, donde la
educación para la paz inicia con la superación individual de las heridas
personales, esas, que no permiten el crecimiento personal y que convierten al individuo en un ser hostil,
agresivo y egoísta. En nuestro país existe una vasta investigación y
bibliografía sobre la Educación para la Paz y los Derechos Humanos. Ejemplo de
ello es la UIA que ha editado libros para cada nivel de los 6 grados de
primaria que algunas instituciones ya aplican en las aulas. Ante los acontecimientos de inseguridad y
violencia que vive nuestro país no nos vendría nada mal reconstruirnos en bases
edificantes que nos permitan convivir
con afecto, ternura y sensibilidad y contar con herramientas para enfrentar el
conflicto con una reflexión serena y un espíritu abierto y respetuoso.
El reto educativo es grande.
Vivimos en una sociedad excluyente en la que nos cuesta mucho trabajo el
reconocimiento del otro; un sociedad hostil, fundamentada en un dinámica de
defensa-ataque; una sociedad intolerante, con gran dificultad de resolver los
conflictos de manera asertiva y creativa; una sociedad inequitativa, pues no
podemos negar la injusticia y desigualdad social.
Esto lo vemos en las finales de los torneos deportivos, en el salón de
clases con el acoso escolar (bullying), en las agresiones verbales por
problemas de vialidad, en las relaciones laborales. Las actitudes
individualistas, la competitividad a costa de lo que sea, la soberbia, el
desprecio y la desconfianza se hacen presentes a cada momento y buscan su caldo
de cultivo en esta sociedad con las características antes mencionadas.
Se requiere de la formación de competencias ciudadanas integradoras
donde el conocimiento de los Derechos Humanos y la formación en una Educación
para la paz tengan cabida en las instituciones educativas y en la sociedad en
general. La Educación para la Paz debe estar presente en los procesos de
desarrollo personal.
Comparto simplemente una propuesta esperanzadora en momentos difíciles
para nuestro país: la reflexión sobre
nuestra aportación a la paz de nuestro entorno, como maestros o padres de
familia, iniciando con la construcción
de mi paz interior, para tejer, de uno por uno, la paz en nuestra sociedad,
para que la delincuencia no sea la única “organizada” , sino que nos ciudadanos
nos organicemos a conciencia para construir la cultura de la paz.