Cuentacuentos
Cultura | 09/04/2013

El cuentacuentos tiene su origen en la tradición oral en la que las historias, leyendas y cuentos se han ido transmitiendo a lo largo de los tiempos y con ellas la figura del narrador oral, que surge por la necesidad del ser humano de comunicarse, de entender aquello que le rodea y de perpetuarse.

En las comunidades primitivas era el sabio, normalmente el más viejo del lugar, el que se encargaba de relatar las historias.

En civilizaciones como la egipcia, griega o romana eran los esclavos los que se encargaban de ello y de recopilar muchas historias populares.

En la Edad Media los juglares iban de pueblo en pueblo explicando historias reales o inventadas, por otra parte los bufones vivían en la corte y con sus historias y cuentos divertían a los reyes y nobles.

A los árabes les fascinaban los cuentos, como muestra la historia de Sherezade.

Con el Renacimiento poco a poco la escritura fue siendo la forma de comunicación oficial, pero la transmisión oral no se perdió porque mucha gente no sabía leer ni escribir; la necesidad de explicar la realidad y la ficción se mantuvo.

También las personas que por su oficio o situación eran nómadas, pastores, mendigos, vendedores pasaban el tiempo recorriendo muchos lugares donde aprendían historias que luego contaban, siendo grandes narradores.

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Más tarde, cuando aún no existían los medios de comunicación de masas fueron los abuelos los narradores espontáneos, capaces de hacer una historia de cualquier hecho cotidiano que a los niños les encantaba escuchar.

En la actualidad, el cuentacuentos es un narrador que, dedica su tiempo a la narración de cuentos. Esta práctica ha conocido muchas variantes: el cuentacuentos aficionado y el profesional, los cuentacuentos modernos se distinguen en sus formas y sus técnicas de los de antaño pero comparten la esencia de aquellos: contar como sinónimo de viajar en el tiempo y en el espacio.

Hace alrededor de un siglo era frecuente que en los pueblos españoles alguno asumiera esta función, en ocasiones a cambio de vino y respeto. Este respeto no significaba silencio, porque se podía comer, beber y habalr durante la narración; eran frecuentes las interrupciones, ya que era un intercambio entre público y narrador con aplausos. En la España rural, en la urbana es cada vez más habitual que se halle un narrador para animar la sesión de bares o fiestas infantiles. Eso ha llevado a la potenciación de la profesionalización, de la regulación y de la estandarización de este sector, con la creación de asociaciones, establecimientos de tarifas, etc. Estos movimientos recuerdan los que hubo en España respecto al teatro y los títeres en la década de los 70. En Guadalajara se inició un movimiento en 1992 llamado “narradores de cuentos”.

En Sudamérica, la narrativa oral es más cache_2420549945fuerte que en España; los narradores, más popularmente conocidos como cuenteros, trabajan como transmisores de las tradiciones populares donde se mezclaron tres sociedades históricamente orales, la indígena, la africana y en menor medida la criolla.

En la era de la tecnología , la palabra y la lectura se pierden a favor de pantallas y lecturas electrónicas, el ritmo de vida moderna en el que los padres no tienen tiempo para dedicar a sus hijos ha hecho que la televisión y el ordenador sean sustituidos a la fuerza para entretenerlos.

Pero los niños siguen prefiriendo el cuento por la calidez, cercanía y autenticidad del momento; se vive en primera persona, no se tiene la sensación de ser un mero espectador sino una parte activa de él.

Por otra parte fomentar la lectura entre los más pequeños y no tan pequeños no es tarea sencilla y aquí el cuentacuentos se convierte así en incitador y potenciador de la imaginación, la creatividad y la inteligencia, son una herramienta ideal para transmitir buenos valores, alegría y diversión, favoreciendo la inquietud de buscar aquellas historias y cuentos con los que tanto disfrutaron, sin olvidar que a los mayores también nos gusta que nos cuenten historias.

El arte de contar cuentos es el arte de la comunicación y afortunadamente las fiestas populares recuperan en las plazas y lugares públicos esta tradición, un fenómeno en auge en el que los niños son los protagonistas de las historias.

(Fuente. Revista Cejillas y Tejuelos. Artículo escrito por Inmaculada Egío Pertusa)


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