La analogía de una mesa de cuatro patas, es válida para los tres poderes del
estado chileno y los ciudadanos de este país llamado Chile.
Se sabe que los legisladores en Chile (Senadores y Diputados)
son los llamados a elaborar y diseñar las leyes que regulan el actuar de las
personas en la vida cotidiana y de las distintas organizaciones que
funcionan en el desarrollo nacional. Son
la primera pata de la mesa.
Pero las señales que se presentan en la actualidad, distan
mucho de que estas legislaciones favorezcan al ciudadano común, aquel que paga
sus impuestos, que trabaja diariamente y que se supone son representados por
estos parlamentarios.
La noticia que se publica hoy en el diario “El Mercurio” del
matrimonio de San Bernardo, donde se informa que debieron enrejar el interior
de su vivienda, para evitar sucesivos asaltos de delincuentes, ya raya en lo insólito.
¡Los ciudadanos deben vivir encerrados, mientras que la delincuencia campea
libremente y actúa sin oposición!
Otra información que es coincidente, es el hecho de que el
escritor y Embajador Roberto Ampuero, debió al final vender una propiedad en Valparaíso,
pese a que tuvo la intención de convertirlo y cederlo para un hogar de
escritores, es decir, un lugar de encuentro cultural. Y lo vendió ante el vandalismo imperante, que
estaba desvalijando y ocupando sin oposición de la policía y de los jueces esta
antigua casa patrimonial del puerto.
¿Yo no sé si los señores parlamentarios, cuyos sueldos son
financiados por todos los contribuyentes se percatan de esas señales? En resumen la primera pata de la mesa cojea y
no cumple su función, de servir de soporte al país, que es la plataforma de la
mesa.
La comparación es notoria con respecto a otros países,
inclusive en algunos no desarrollados. Solo por dar un ejemplo, en los Estados
Unidos las casas no cuentan con cierres perimetrales, sencillamente se ingresa
libremente por el antejardín e inclusive no cuenta con protecciones en sus
puertas y ventanas. Lo mismo sucede en Alemania y diversos países europeos,
donde aquel que sea sorprendido en el interior de una propiedad privada, es
castigado penalmente con severas penas.
No acontece lo mismo en Chile, la puerta giratoria es ya una
institución. Aquel que es sorprendido al interior de una casa, es dejado en
libertad y quizás castigado con leves sanciones, defendido mas encima por
defensores públicos y que son financiados nuevamente por los contribuyentes, es
decir, los asaltados y robados por los delincuentes. De no haber robo o delito,
los jueces determinan su inmediata libertad. ¿Con que criterio? Con un criterio
garantista, pero con el sesgo de que esas garantías solo corren por el lado de
la delincuencia. Por lo tanto, el poder
judicial (jueces), son la segunda pata de la mesa, que amparados en una legislación mal hecha, determinan otorgar la libertad a delincuentes que son un
peligro para la sociedad. Un caso concreto es la libertad de Hans Niemeyer, que
una vez dejado en libertad sencillamente está prófugo de la justicia. La policía,
siempre tan eficaz con otros prófugos, en este caso en particular no lo puede
ubicar. Niemeyer burla a la justicia y a las policías, además del ciudadano común.
Derivado de ello, esta segunda pata más que cojea, no logra soportar la
plataforma de esta mesa y que es todo el país. ¿Lo comprenderán esta clase de
abogados convertidos en jueces y que son férreos defensores de las garantías de
los delincuentes?
La tercera pata es obviamente el Ejecutivo (Presidencia y
Ministros), que se suponen que gobierna a nombre de los ciudadanos a Chile.
Puede que sus intenciones sean buenas, que busque revertir una situación que
heredo de gobiernos ineficientes anteriores. Pero su administración más bien se
centra en aumentar una infraestructura penitenciaria a costa de todos los
chilenos, que mejore la calidad de vida de estos delincuentes. Siendo que su
accionar debiera dirigirse a dictar políticas claras, que eliminen la
delincuencia que campea y se enseñorea en todos los sectores de la sociedad.
Estas políticas debieran hacer comprender a los delincuentes que el delito no
es redituable, que tiene un costo significativo. En la actualidad el
delincuente sabe a ciencia cierta que de ser detenido el costo de cometer el
delito es insignificante. Comprende que el riesgo de ser detenido, procesado y quizás
sentenciado es significativamente menor al delito mismo cometido. Por eso se
suceden homicidios, asaltos con resultado de muerte y muchas tropelías contra
ciudadanos, cuyo unido delito es creer aun en la clase política. Esta tercera
pata que es el Ejecutivo, quizás sospecha que cojea y en desequilibrio con
respecto a las otras dos patas, intenta una solución lógica y racional.
Y lo racional y lógico es elevar el costo del delito, que la
pena sea inconmutable y sea cumplida en su totalidad. Es increíble que los
delincuentes, con una firme decisión de seguir delinquiendo, reciban beneficio
tras beneficio, con salidas dominicales y rebajas en sus condenas. Más aun,
aprovechando estos beneficios, siguen delinquiendo, pues es parte de su ser y
de su cultura.
Solo en la Región Metropolitana coexisten dos clases de
culturas; una de ciudadanos honestos que viven de sus sueldos, que pagan sus
impuestos, que trabajan en distintos empleos y que en definitiva activan la economía
de este país. Por el otro lado, un porcentaje menor de personas, que viven para
delinquir, buscan como robar y hurtar en el comercio, creen que su actividad es
un trabajo más y en definitiva vivir del sistema. Por eso las casas enrejadas, las casas con alarmas,
el homicidio ante la menor reacción, la sustracción de autos y desarmados por
partes para su venta. En fin, la lista es larga.
Mientras la clase política (Ejecutivo y Legislativo) y el
Poder Judicial, no comprenda que debe enviar claras señales para que esta
cultura sea eliminada, es poco lo que se puede lograr. Al final los resultados
van aparejados con una mayor dotación de las policías y el sistema
penitenciario, es decir, con un mayor gasto publico. ¿Es eso eficiencia?
Y la cuarta pata que al final no cojea, está bien diseñada y
es la única que soporta esta plataforma de la mesa llamada Chile.
Una pata que al final visualiza que los desequilibrios son
evidentes y notorios con respecto a las
otras tres patas. ¿Cuál es su herramienta de presión? Solo el de castigar a
esta clase política con su no elección en los procesos eleccionarios, de
demostrar su enojo hacia las autoridades y especialmente a jueces garantistas, de protestar por tamaña estulticia. Y
estulticia por negar un hecho evidente, que las leyes están hechas para
favorecer a los delincuentes y no para proteger a los ciudadanos.