La caricatura nace como la posibilidad de transmitir la realidad de
manera exagerada, destacando las incorrecciones, jugando con la
perspectiva. Es capaz de conseguir que la seriedad más absoluta roce lo
ridículo. 
Además
del aspecto meramente lúdico, ha sido utilizada a lo largo del tiempo
como una forma de transmisión de ideas, estilísticas o sociopolíticas,
con la ironía y el sarcasmo como instrumentos principales. Su poder
reside en las imágenes, que apoyadas por escuetos textos, son capaces de
llegar a una mayor cantidad de público.
Los
primeros ejemplos de expresión mediante la ilustración se remontan a la
cultura egipcia, cuando se realiza una fuerte crítica a la política del
faraón, dibujándole a él y a Nefertiti de manera obscena en las
antiguas murallas de Tebas. Pero es con la cultura griega cuando surgió
el concepto de lo cómico en la ilustración. Teofrasto comienza a ver en
lo cómico algo positivo. Se pueden encontrar caricaturas en cerámica,
que mostraban de forma satírica pasajes míticos, más tarde también
satirizados en el teatro. Tal vez Plinio es uno de los pocos dibujantes
reconocidos.
El gran avance se produjo con
la llegada de la imprenta, ya que permitía abaratar costes y difundir
las ilustraciones. En el siglo XVII nace el concepto de la caricatura en
la prensa, que llega a un gran número de personas y contiene la crítica
de ideas. En 1694 el Diccionario de la Academia Italiana la define como
una especie de libertinaje de la imaginación. En el siglo XVIII destaca
Boyer de Nimês, que publicó en 1792
una extensa colección de imágenes satíricas. En este siglo los dibujantes participan también en las corrientes de opinión.
En
el siglo XIX, con la llegada de la litografía, el autor trabaja
directamente sobre el soporte, pero sin duda la revolución se da en el
campo periodístico. La expresión de la prensa convierte al caricaturista
en artista-periodista, que intenta, mediante la imagen, llegar a las
masas. La población es en su mayoría analfabeta, por lo que la
importancia de la caricatura aumenta más como arma ideológica. A partir
de aquí existe una gran heterogeneidad en las caricaturas en prensa,
basadas en la teoría de que cada país tiene un humor.
En
España, la caricatura se basa en la obra de Goya, siguiendo una línea
de exageración de su pintura. El hecho que más popularidad alcanzó fue
la crítica a la invasión napoleónica, que dio lugar a una gran cantidad
de títulos.
Hasta mediados del siglo XIX
las caricaturas no solían estar firmadas, pero a partir de ahí es común
que en prensa se conozca el nombre de los caricaturistas. Destacan
nombres como Tovar, o Apeles Mestres, entre un extenso grupo. La gran
difusión de la ilustración periodística provoca un éxito de prensa y
viceversa. Algunos de los títulos más destacables son El Fisg
ón, o El duende en Madrid y Cu-Cut (cuya redacción fue destruida por sus detractores) o El Tiburón.
La
primera exposición de caricaturas en España se produce en 1907 en
Madrid. A partir de aquí continúa su ebullición en prensa. Escritores
como Ramón marcan con sus dibujos un comienzo de la revista cómica en
España en los años veinte. Después del intervalo de la Guerra Civil y
con un inquieto entorno intelectual, los caricaturistas marcan la
diferencia y aumentan el nivel hasta la genialidad como Luis Bagaría en
la caricatura política, y "Tono" en el aspecto cómico.
En
la segunda mitad del siglo XX, autores como Chumy Chúmez, o Forges son
algunos de los dibujantes de la revista de humor por excelencia, La codorniz. La gran celebridad es Antonio Mingote,
el primer caricaturista en ser admitido en la Real Academia de la
Lengua, lo que supone un reconocimiento intelectual de esta actividad.
En la actualidad, la longeva revista El Jueves
o ilustradores como Gallego y Rey o Peridis continúan dándole nombre a
esta actividad capaz de convertir la realidad en una viñeta.
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