LA NEUROPLASTICIDAD, UN DESAFÍO Y UN NUEVO CAMPO DE PROBLEMÁTICAS
Podríamos pensar el fenómeno de la
plasticidad cerebral, desde la Teoría de la Complejidad, partiendo de la
premisa que los sistemas biológicos, son sistemas auto-formantes o auto-organizadores,
y que las relaciones entre sus elementos pueden fluctuar sin que se transforme
toda la estructura; el sistema puede mantenerse estacionario, aun sufriendo
modificaciones.
La auto-organización del sistema,
tiene como uno de sus insumos, la información que este mismo desecha, por lo
que estos sistemas se denominan: “Sistemas disipativos”; hay una energía que
“sobra”, sistemas que generan y administran energía. Esta información es
reutilizada y permite generar nueva plasticidad. A esta plasticidad sináptica,
que no siempre es un patrón de actividad, se la denomina: “Metaplasticidad”.
Nuestro cerebro responde a los estímulos externos, a veces como un todo y otras
veces, compartimentado. La información fluye dentro del sistema, se almacena,
se reutiliza, se desecha. El sistema sufre cambios a partir de información que
le ingresa y le produce desequilibrios “termodinámicos”, los que a su vez,
generan nueva información; luego, el cerebro “aprende” y permite le permite
reorganizarse. En el cerebro co-existen orden y desorden, pero no como
conceptos antagónicos, sino como nociones complementarias y la idea de
desequilibrio puede generar un nuevo insumo al sistema, (una idea, un hecho que
impacta; es decir, algo que genera reflexión y aprendizaje), muestra cómo, los
fenómenos de organización, aparecen en condiciones de turbulencia, (crisis,
“clics” a partir de reflexiones, aprendizaje de la experiencia, etc).
¿NEURONAS EN EL “BANCO DE
SUPLENTES”?
Los científicos continúan trabajando
en el problema, pero…, ¿Cómo generamos plasticidad a largo plazo?; ¿Cómo y
cuándo evaluar la rehabilitación funcional? Durante los primeros meses de un
tratamiento de rehabilitación o intervención quirúrgica, se evidencia una
mejoría espontánea y no puede atribuirse los cambios a la neuro-rehabilitación.
Al revisar la literatura existente sobre el particular, podemos encontrar que
algunos de los estudios a través de neuroimagen, sobre cambios producidos tras
la lesión, no incluyen medidas anteriores y posteriores que permitan comparar
los cambios. Otros, sin embargo, sí los incluyen, lo que aporta robustez a sus
resultados sobre la relación entre la recuperación y los cambios metabólicos y
funcionales. Por otra parte, la actividad cerebral cambia a medida que se
avanza en el proceso de rehabilitación, o a medida que las habilidades
cognitivas, motoras o sensoriales, mejoran tras una lesión. La efectividad de
la rehabilitación o su progresión, pueden depender de la fase o momento de la
evolución de la lesión y es muy probable que el grado de mejoría correlacione
de alguna manera, con el grado de reorganización funcional del cerebro, para
esa función. Esta observación, junto con la idea de la variabilidad entre
individuos, lleva a la necesidad de Estudios longitudinales realizados en los
mismos pacientes, para aumentar el conocimiento de los cambios dinámicos de
reorganización cerebral. Conforme se avanza en el conocimiento de los
mecanismos neuroquímicos y neuroanatómicos que dirigen la plasticidad cerebral
y la capacidad de recuperación funcional, se podrá diseñar estrategias
específicas de actuación temprana, cada vez más adecuadas, y adaptarlas a la
población infantil con alto riesgo de sufrir secuelas derivadas de patologías
neurológicas. Recientes estudios con técnicas neurofisiológicas que ofrece la
neuroimagen funcional de redes neuronales implicadas en funciones cognitivas
como la MEG, (magnetoencéfalografía), abren un campo de investigación para el
conocimiento de patologías de la cognición y neuropsicológicas, y para el conocimiento
del papel que podamos estar desempeñando con nuestra intervención, mediante
estrategias cognitivas y farmacológicas, en la recuperación o no recuperación
de las funciones implicadas. A través de este conocimiento, se abre la
posibilidad de ayudar al cerebro a construirse, facilitando así sus propios
mecanismos de neuro-plasticidad. Desde un abordaje cognitivo y conductual,
puede aseverarse que si se trabaja la “atención”, durante la ejecución de las
tareas, se aprende y se recuperan funciones más rápidamente. En cuanto a la
recuperación de déficit cognitivo y funciones mentales superiores, incluyendo
el lenguaje, es imprescindible realizar una valoración neuropsicológica
completa antes de diseñar las estrategias de rehabilitación; de esta manera,
podrá determinarse, cuáles son los componentes afectados del sistema y cuáles,
los conservados; estos últimos, podrán servir de apoyo y punto de partida de la
terapia. El arsenal de baterías, permitirá establecer con mayor objetividad los
resultados obtenidos en los procesos de rehabilitación aplicados a personas que
sufren algún trastorno que, cognitiva y socialmente, les resulte
discapacitante. Es fundamental la realización de estudios bien diseñados, con
evaluación mediante pruebas neuropsicológicas y técnicas de imagenología
cerebral, (principalmente funcionales), así como ensayos clínicos controlados,
aleatorios, en relación a la aplicación de estrategias de rehabilitación
psicosocial, con la finalidad de obtener mayor evidencia clínica, al respecto. La
mayor objetivación de los eventuales progresos resultantes de la aplicación de
alguna estrategia terapéutica, psico-socialmente rehabilitadora, permitirá
optimizar la gestión de los recursos disponibles en las intervenciones
terapéuticas que se realizan en el campo de la salud mental. Profundizar la
comprensión del desarrollo del cerebro, desde una perspectiva científica, puede
impactar poderosamente en la educación. Los neuro-científicos pueden aportar el
conocimiento que se construye acerca de los cambios que experimenta el cerebro,
cómo procesa la información, cómo la almacena y cómo las emociones están
ligadas a todo proceso de aprendizaje, de modo de brindar a los educadores, un
marco de referencia para mejorar la práctica educativa. Recordemos, por ejemplo, que el famoso
jugador de fútbol, Lionel Messi, estuvo alguna vez en el banco de suplentes y
logró emerger de sus dificultades para convertirse luego en estrella. Me gusta
pensar, que cada uno de nosotros tenemos en alguna parte de nuestro sustrato
cerebral, un “banco de suplentes”, habitados con neuronas “Messi” ávidas de de
entrar a la cancha a jugar; sólo requieren los estímulos necesarios, para que
ello ocurra.
Prof. Neuropsic. Ing.
Silvia Pérez Fonticiella