El caso Bárcenas pone sordina a los ERES andaluces
Política Nacional | 01/03/2013
 Llevamos una temporada con la mente enfangada con un apellido, Bárcenas. Este nombre nos causa pesadillas, nos altera el sosiego, y proporciona carnaza y espectáculo en el papel, en las ondas y en el plasma. Nunca un trinque de este calibre, más tipo trabuco que de cañón, ha sido acogido con los vítores, mimos y entusiasmos que está teniendo. El apellido Bárcenas suena en todas partes. Está en la calle, en el Congreso, en el Senado, abre los noticiarios, se escucha en los bares, en los portales, en los ascensores, por las escaleras, en los sueños. Incluso hasta ha llegado a ser tema ‘tesina’ de mi portera. Es impresionante. Nunca jamás un apellido como el de Bárcenas ha gozado de tanta fama.

Para alcanzar este gran éxito de popularidad exprés tan sólo hay que acaudalar 22 millones de euros, o más, tenerlos depositados en Suiza por aquello del fisco, y haber sido fiel guardián de los caudales económicos del PP. Cumpliendo únicamente estos parámetros en el desarrollo de tu encomienda, tendrás garantizado el éxito y la popularidad. También tendrás derecho a alistarte con los parados del INEM en calidad de multimillonario en paro. Pero ojo, esto sucederá siempre que la actividad haya estado o esté relacionada con el PP. Si esto mismo, o mucho más, tiene por pantalla a otras siglas, aunque sean centenarias, el éxito de difusión no estará garantizado. Entonces todo será más opaco. Incluso puede hasta llegar a pasar desapercibido.

Alto y claro está siendo el tono de las voces que ya han condenado a Bárcenas, le han declarado culpable, y exigen su entrada en galeras. Si al final de todo el entremés que rodea esta comedia la justicia considera culpable al señor Bárcenas de los delitos, apaños y trinques que se le imputan, estará perfectamente justificada la onda expansiva del caso y las consecuencias que de ello se deriven. La justicia tiene que castigar con el rigor debido la comisión de todo tipo de tropelías y mangancias.

De forma paralela a este turbio asunto, llama la atención el escaso eco, relevancia y difusión que se le dan a otros asuntos de similar contenido pero de mayor potencial y envergadura económica. Sucede con el caso de los EREs de la Junta de Andalucía. Este trinque es de calibre cañón. Desde que el escandaloso proceso vio la luz del día, y a pesar de la sustanciosa, despilfarrada y benéfica millonada que le sustenta, en ningún momento se ha popularizado ni se le ha dado el impulso de difusión que a su dimensión y volumen le corresponde. Siendo el caso Bárcenas gravísimo por lo que supone, muchísimo más lo es el caso andaluz de los EREs y los desvíos presupuestarios de fondos que estaban destinados a los parados.

Cierto es que de este fraude se lleva hablando desde hace meses, pero siempre con recato, timidez, y timbre bajo. Se sabe que las indagaciones se hacen con dificultad por las retrancas que se urden desde la altura política, tanto con la investigación como por la perezosa y casi nula colaboración con los órganos de la justicia.

Pero claro, la difusión ordenada de estos asuntos es cuestión de táctica, de técnica, y de habilidad comunicativa.

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