Considerando que estamos en un momento
histórico para la Iglesia Católica; de la cual soy parte, porque soy católico y
no estoy de acuerdo con renegar, o bien, bajar del barco cuando éste se hunde,
quiero compartir mi visión personal del asunto.
La renuncia del Papa Benedicto XVI nos
debe invitar a la reflexión. Quizá, jamás logremos conocer la verdadera razón
por la cual el Papa abdicó a su puesto. Sin embargo, debemos procurar mantener
una mirada crítica, pero inundada por la bondad de la fe.
La primera reacción que tuve al leer la
noticia fue de incredulidad; ¿por qué el Papa está renunciando? Debo ser
sincero: Me sorprendió el anuncio.
Sin acabar de elaborar una reflexión que
sacie parcialmente mi razonamiento, siento que hay algunos cabos por atar.
Asimismo, debemos rememorar aquellos acontecimientos que en su momento
remecieron el quehacer de la Iglesia: Errores de apreciación, de interpretación
y de vivencia, son algunos de los motivos que, en su período histórico,
enfrentó a las autoridades eclesiales, y que hoy, nos vuelve a cuestionar como
laicos: ¿Qué está sucediendo al interior de nuestra institución y quiénes son
realmente las personas que ostentan la autoridad?
He leído un sinfín de escritos que hacen
referencia a las posibles causas de la renuncia de Benedicto XVI. Algunas de
ellas, sino la gran mayoría, incluso inducen al lector de manera negativa; por
no expresar derechamente que caen en groseros errores de interpretación.
No olvidemos que dentro del grupo que
seguía a Jesús hubo uno que no estaba muyconvencido del estilo de
vida al cual estaba invitado. Me refiero a Judas, sindicado por muchos como un
traidor, porque en la Sagrada Escritura “así está escrito”. Aunque, para
leer los párrafos que reafirman esta afirmación, debemos conocer, al menos
incialmente, el modo en que fue traducida la Biblia, y los posibles errores que
en este proceso se produjeron; sumando los errores en la hermenéutica. Judas,
por intentar evitar que Jesús sufriera el máximo castigo del Sanedrín, termina
por entregar (traicionar) a su Maestro por 30 monedas… Una vez más, el ser
humano intenta ocupar el lugar de Dios y decidir por él.
Muchas son las responsabilidades que como
cristianos católicos tenemos sobre nuestro actuar; cada uno de nosotros,
formados y educados en la fe, sabemos perfectamente cuáles son. Sin embargo,
ante todo, somos seres humanos, finitos e imperfectos en nuestros actos; de
hecho, tenemos la facultad de aprender algo nuevo todos los días de nuestra
existencia en este mundo.
No se imaginan todo lo que puedo
reflexionar en estos momentos, pero extendería irracionalmente este escrito.
A lo que quiero llegar y con esto espero
finalizar mi reflexión, es, si en su momento Judasvendió a su
Maestro, hoy, nosotros nos vendemos de diversas maneras. Una persona opta
libremente por consagrar su vida a Dios. Sin embargo, ésta no pierde su
cualidad de ser humano y, si nosotros cometemos errores a diario, nos dejamos
llevar por nuestros deseos, nuestro egoísmo y por intentar satisfacer todas las
necesidades que tenemos a cualquier precio, ¿por qué no se puede enfrentar a lo
mismo una persona de fe?
Por todos los antecedentes de sacerdotes
que han incurrido en abusos sexuales, que están ligados a redes de corrupción o
que no dan fiel testimonio de fe la Iglesia debe actuar. Tal
vez a esto hace referencia Benedicto XVI al momento de su renuncia, cito
textual:
“Lo he hecho con plena libertad por el
bien de la Iglesia, tras haber orado durante mucho tiempo y haber examinado mi
conciencia ante Dios, muy consciente de la importancia de este acto, pero
consciente al mismo tiempo de no estar ya en condiciones de desempeñar el
ministerio petrino con la fuerza que éste requiere. Me sostiene y me ilumina la
certeza de que la Iglesia es de Cristo, que no dejará de guiarla y cuidarla”
Primero Pedro, luego Judas, cada uno de
nosotros al renegar nuestra fe, Obispos, Cardenales, Presbíteros, Diáconos,
consagrados… 30 monedas, ahora… ¿Qué sigue?
La fe en Dios va más allá de una
determinada persona. Es una experiencia personal del ser humano con ese Ser
Supremo, experiencia particular e individual.
No perdamos el norte en la reflexión.
Comentarios
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