Querido mío:
Cuando me dijiste que eras
HIV positivo, sentí que mi mundo se desplomaba. No quería vivir otra pérdida
como la que me hizo sentir la viudez. Me parecía injusto que, cuando había
vuelto a amar, la realidad de un vacío me amenazara de nuevo. Ni siquiera
cuando me dijiste que eras homosexual me había sentido así, pues me bastaba el
vínculo que habíamos establecido, alejado éste de la pasión sexual y basado en
el respeto, la tolerancia y la comprensión. Éramos como pasajeros en el jardín
del Edén, arquetipos casi angélicos. Seguramente pocos pueden entender que los
nexos amorosos no necesariamente pasan por la intensidad de los lechos. Es
difícil entender cómo las palabras compartidas son más emocionantes que los
besos. Cómo estar sentados de noche en la azotea de una casa, escuchando
música, tomando un buen vino acompañado con platos de frutas de la estación, y
comentando los acontecimientos cotidianos con la confianza de la intimidad, es
algo tan intenso como un abrazo de amantes.
Pues has estado allí cuando
necesité un donde apoyarme, y en mis decaimientos o mis enfermedades me
acompañas muy de cerca. Has sido paciente al escuchar mis problemas, me has
insuflado de tu sabiduría y tu equidad y
quiero que sepas que agradezco a Dios
por tenerte a mi lado, por el cariño que me dispensas, por los poemas tuyos que
me dejas leer y por la alegría diaria de
tu belleza física y espiritual, alumbrando mis espacios. Por eso me rebelé ante
la noticia. Estuve molesta contigo y con la vida, dejé de hablarte y de
enviarte mensajes de texto y me negué a responder tus llamadas hasta que
entendí que el amor es también retribución. Sólo había pensado en mí y mis
sentimientos, sin poner el acento en ti y tus necesidades. Ahora lo sé.
Amado mío: he aprendido
por ti, y por las lecturas que me vi obligada a realizar, que el HIV no es,
como muchos creen, una condena, sino una oportunidad para mejorar la calidad de
la vida. Y tu ejemplo me ha hecho entender eso. Pero también he comprendido que
necesitas de alguien en quien apoyarte y lo menos que puedo hacer es servirte
de sostén. Me siento, ante esta revelación que elegiste compartir conmigo
(inclusive antes de compartirla con tu familia) como si camináramos por una
playa solitaria, sólo el mar omnipresente, la brisa tibia y salobre y la arena,
tú y yo tomados de la mano. Y al sensibilizarme sobre tus males y tus secretas
angustias, te estoy amando de una manera integral. No hay egoísmos en mi
entrega, pues te otorgo mi vida y mi alegría, mi fuerza y mi esperanza, sin solicitar
más pago que el de tu presencia soberana en mi propia vida. Y sé que tú me amas
de igual manera.
Hoy por hoy, somos confidentes. Qué hermosa esa palabra y qué
magníficos sus amplios significados. Somos confidentes
y todo se realiza en este atípico espacio que compartimos: tú, allá, donde las
montañas son azules, el clima es frío y la neblina viste de tul las dimensiones
de tu casa en ciertas madrugadas. Y yo aquí, donde los ríos son majestuosos, el
calor avasalla y los crepúsculos visten de rojo y de violeta el firmamento. Es
verdad que no siempre estamos físicamente juntos, pero aún así podemos
sentirnos realizados y complementados uno en el otro. Me has enseñado a ver la
vida de una forma diferente, a resolver mis problemas y hacerles frente sin
temor y ahora, por ti, ya no siento miedo, ni siquiera a la soledad, ni a la
muerte, porque en ti y por ti soy más valerosa.
Me encanta cuando envías esos mensajes de texto llenos de afecto y tantas veces poéticos. Me
maravilla abrir mi dirección de correo y encontrar que me has enviado un poema,
un ensayo, una imagen. Admito que estoy enamorada de ti. Me seduce cuanto
antepones a mi nombre o ante ese título con el que me llamas el posesivo mi. El amor que te profeso es especial y
verdadero y no hay amantes del pasado o actuales que puedan desplazarte de mi
vida y de mi corazón. Quiero que tengas eso siempre presente. Y quiero que
sepas que sé que también tú me amas, de la manera profunda conque profesas el
amor.
No sé qué otra cosa pueda
decirte en esta carta, por medio de la cual comparto no sólo las experiencias
de mi sentimiento sino también la certeza, la fe, del prodigio que tenemos. Así
que recibe estas palabras como otra muestra de mi amor imperecedero.
Tu Marquesa