En estos días, reflexionando sobre algunos de los actos del vicepresidente Nicolás Maduro, específicamente los referidos a la atención de asuntos humanitarios, me vino a la memoria una anécdota. A principios de este régimen, conocí a una persona que se llamaba a sí misma Beria del chavismo. Su posición era perseguir no sólo a los que consideraba enemigos, sino también a los blandos y desertores potenciales.
Lavrenti Beria fue el jefe de la policía y del servicio secreto en la
extinta Unión Soviética entre 1938 y 1953. Su nombre y su imagen suelen
asociarse con los arrestos, las torturas, los exilios y las ejecuciones que se
realizaron para dar permanencia a la versión más autoritaria del comunismo,
bajo el mando de Stalin. Las cifras de estos casos se elevan a millones de
víctimas. A la muerte de Stalin, y bajo el gobierno de Nikita Kruschov, Beria
fue juzgado y ejecutado.
La historia personal de Beria está llena de contradicciones y
puntos oscuros. No podría ser de otra manera cuando él manejaba los archivos y
creaba las líneas, los linajes, las biografías y las tramas. Durante el proceso
de La Gran Purga, en 1934, se encargó
de realizarla en Transcaucasia, aprovechando la situación para saldar cuentas
con antiguos compañeros y borrar los indicios que lo vinculaban con una
supuesta deserción del Ejército Rojo. Ya en 1935 se había convertido en uno de
los más incondicionales colaboradores de Stalin.
En el discurso Historia
de las Organizaciones Bolcheviques en Transcaucasia, (más tarde impreso), reescribió
completamente la historia del alzamiento bolchevique en Georgia para mostrar a
Stalin como el único protagonista del mismo. En junio de 1937 declaró en un discurso: Que nuestros enemigos sepan que cualquiera
que levante la mano contra la voluntad del pueblo, y contra la voluntad del
Partido de Lenin y Stalin, será
aplastado y destruido sin misericordia. Fue el creador de redes de espionaje
interno y externo eficaces y temibles. A la muerte de Stalin, era uno de los
tres hombres más poderosos del régimen comunista.
Muy poco tiempo después, fue juzgado sin derecho de apelar y
condenado a morir. Su mujer y su hijo fueron llevados a un campo de trabajo. A ningún jefe de policía soviético se le ha permitido acumular tanto
poder de nuevo. En mayo del 2000, la Corte
Suprema de la Confederación Rusa rehusó
cambiar el veredicto de 1953 de Beria, que había sido solicitado por sus
familiares vivos. En la ley rusa, los familiares de personas acusadas
falsamente de crímenes políticos, pueden solicitar rehabilitación. Sin embargo,
la Corte declaró: "que siendo Beria
uno de los organizadores de la represión contra su propio pueblo, no debe ser
considerado una víctima".
Lavrenti Beria fue un comisario, es decir, un funcionario policial que intervene en todos los aspectos de la administración. Enérgico en lo que él consideraba la defensa del Estado Comunista, se convirtió en feroz inquisidor, hombre sin sentimientos, perseguidor, que arrastró a su familia al mismo vértigo de odio y violencia que había sido su praxis de vida. En muchos aspectos, se parece también a Fouché, el genio tenebroso que, durante los días de la Revolución Francesa, aterrorizó con sus funestas persecuciones al pueblo llano.
Curiosamente, tanto Beria como Fouché son productos revolucionarios. Al igual que Nicolás
Maduro.
Su respuesta a
la joven Ivana Simonovis, quien le escribió una carta abierta pidiendo la
libertad de su padre enfermo, por razones humanitarias, manifiesta una crueldad
y una carencia de calidad humana, que ni tan siquiera Chávez hubiera tenido.
Este último, en junio del 2011, concedió una medida humanitaria al comisario
Lázaro Forero, paciente de cáncer- Ésta le permitió recibir el tratamiento en
su casa y con su familia. En esa ocasión, Chávez dijo que los prisioneros por
aquellos hechos de abril merecían beneficios penitenciarios, independientemente
del delito cometido. Por otra parte, cada vez más se evidencia la injusticia
cumplida contra estos ciudadanos, los comisarios Vivas, Forero y Simonovis,
vista la desproporción de la pena, además de las acusaciones de falta de
probidad jurídica esgrimidas por el exmagistrado del TSJ, Eladio Aponte Aponte.
El otro episodio del que Maduro, dicen, es protagonista, es el de haber negado un pasaporte de emergencia a la hija de Carlos Andrés Pérez, que lo solicitaba para trasladarse a Estados Unidos para un tratamiento de su cáncer. Después de hacer esperar a la señora Blanca de Pérez y a su hija Carmen durante nueve horas, les mandó a decir que no firmaría dicho documento. Los empleados de la Cancillería estaban consternados por esta acción.
Es de
preguntarse si estos Berias del chavismo
estarán dispuestos a enfrentar el juicio de la historia, a la luz de lo que la
historia determina. Quizá piensan que sus actuales posiciones les durarán por
siempre, negando la dialéctica, que es inclusive la base del marxismo. Los
venezolanos no éramos un pueblo vengativo, ni rencoroso, pero el cántaro no
puede ir al pozo tantas veces sin romperse. Tampoco éramos un pueblo xenófobo,
pero ya se sienten aires de cubanofobia,
porque es vox populi que las actitudes
radicales de corte stalinista que
están asumiendo algunos chavistas en el poder se deben a la adopción de
políticas represivas similares al régimen de los cubanos.
Debería haber un
párrafo final en este texto, llamando a la reflexión, pero seguramente es
inútil. Porque ya hay corazones de
comisario en mucha gente, alta, media y baja en el chavismo, presta a
cumplir los papeles comisariales que se les asignen. Y ése es el germen de lo
provenir.
@milagrosmatagil
15 de enero del
2013