Recientemente salió a la luz pública el caso de Pablo
Mackenna, siendo acusado de supuesto abuso sexual a una menor de 9 años, y en
aparente estado de ebriedad.
Llama la atención esto por varias razones: Primero, es una
figura pública que trabaja en medios televisivos, por lo que está
constantemente expuesto y a la vez es visto como referente para algunas
personas, por lo que el enjuiciamiento es mucho más duro con respecto a
cualquier civil; segundo, está siendo acusado por abuso sexual, y digo acusado porque al salir esta noticia,
automáticamente se convirtió en un abusador, sin tener en cuenta que para
determinar esto hay un procedimiento previo.
Con respecto a esto, me importa el segundo punto. Si bien el
primero es importante y digno de analizar, el segundo punto tiene relevancia
jurídica, que es el enfoque que pretendo darle a esta columna.
Vamos por parte. ¿Qué hace una niña de 9 años en un casino a
altas horas de la noche? Esto ya de por sí es una interrogante que merece
especial atención. Luego, ¿por qué está siendo acusado de algo que aún no ha
sido comprobado? Sin duda esta cuestión sí que merece ser destacada.
Hoy en día, el común de las personas no entiende que para
determinar a las personas culpables de algún delito y/o falta, debe haber un
proceso previo, en donde se le deben dar los derechos al presunto culpable para
poder defenderse. Esto es lo que se conoce como “presunción de inocencia”, uno
de los principios fundamentales en derecho.
En este caso en particular, se está condenando públicamente a
una persona que es denominada “famosa”, atentando contra su dignidad y su
imagen pública, lo que evidentemente también se convierte en un error, ¿no?
Hasta que la investigación a realizar no dictamine que el Señor Pablo Mackenna
es realmente culpable, encuentro curioso que ya se le esté tratando con
adjetivos descalificativos tales como: “pedófilo”, “abusador” o “viejo verde”.
Por tanto, en esta situación, a mi juicio, ambas partes están
cometiendo un error. La señora que hace la acusación debe atenerse a las normas
judiciales comunes para todo proceso y no debe comunicar ni emitir juicios de
valor frente a los medios de comunicación. Luego, el señor Pablo Mackenna, en
caso de ser culpable, evidentemente estaría cometiendo no un error, sino un
delito penado por la ley.
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