La
patria, tan frecuentemente enunciada en el discurso de los políticos, se
compone de varios elementos, entre los cuales se puede enumerar el espacio geográfico (territorio, mar territorial, ínsulas y
penínsulas) el espacio simbólico (la
lengua, las tradiciones, la cultura, las religiones) y el espacio histórico (la historia)
En
la exposición de motivos de la Constitución venezolana, Título II, Capítulo I,
los constituyentes reflexionaron sobre el asunto del territorio. Concluyeron
que la soberanía de Venezuela se ejerce en el espacio geográfico delimitado como
el de la Capitanía General, que ha estado vigente desde el 19 de abril de 1810,
con las modificaciones resultantes de los tratados y laudos arbitrales no
viciados de nulidad. Y en el texto constitucional se describe con minucia tal
espacio (artículos 10 al 15). Por otra parte, el artículo 18, Capítulo II,
establece como sede y asiento del Poder Nacional la ciudad de Caracas, sin
impedimento de que se opere eventualmente desde
otros lugares de la República.
En
muchas ocasiones hemos oído al señor Hugo Chávez decir que dentro de la Constitución, todo; fuera de la Constitución, nada.
Pero estamos viviendo unos tiempos donde el gobierno se está colocando en una
franja fronteriza con respecto del Documento Primordial.
En
realidad, las contradicciones no son nuevas, y desde hace catorce años, las
hemos palpado con frecuencia, bien en declaraciones públicas o en la
construcción de leyes. El mismo texto constitucional ha sido modificado anormalmente en ocasiones, para
satisfacer las necesidades políticas de los gobernantes. Y esas modificaciones
son anormales porque se han hecho a pesar de las decisiones del pueblo, que las
negaron en su momento.
Pero
aquí se va a reflexionar sobre el asunto muy específico del espacio de la
patria venezolana, a partir de dos eventos: primero, la declaración de la
magistrada del Tribunal Supremo de Justicia, Luisa Estella Morales, en cuanto a
la indefinición del momento y el lugar
de la juramentación de Chávez para el nuevo período. Y segundo, la designación
del señor Elias Jaua como Canciller y Vicepresidente Político.
Al
dejar abiertas las contingencias cuándo
y dónde de la juramentación, se ha entrado
en una especie de limbo jurídico. No hay plazos allí. La continuidad es de facto, alargable mientras existan los
intereses que sostienen este período presidencial. Se pone como límite el cese
de la circunstancia de la salud del señor Chávez, sin proponer una alternativa
en caso contrario, aunque la misma Constitución define los plazos. Y en cuanto
a dónde, pudiera dejar abierta la
posibilidad de que el presidente se juramentara fuera del territorio nacional,
aunque la Constitución limita a éste el ejercicio del Poder Nacional.
La
otra cuestión, el Decreto Nombramiento, parece viciado a simple vista: dice
textualmente que fue firmado y sellado (LS, Locus
Sigilli, el lugar del sello) en Caracas. Dado que para la fecha el
presidente Chávez, único que puede nombrar y juramentar ministros, estaba en La
Habana, uno puede preguntarse sobre la legalidad y legitimidad de ese documento.
Y también sobre la juramentación de Jaua, ya que un presidente no juramentado
no puede a su vez juramentar. Sin entrar a la veracidad de la firma.
Una
de las preocupaciones de los venezolanos es el sitio desde donde se está
ejerciendo el poder, pues parece ser que en La Habana hay una sucursal de
Miraflores. Se dice que el Estado está siendo dirigido desde allá, lo que es
una evidente violación constitucional del concepto de espacio patrio, sin contar
con la sospecha de que exista injerencia de extranjeros en las decisiones que
competen y afectan a los venezolanos, afectando la soberanía. De hecho, los
discursos de jefes de otras naciones dejan entrever que hay intereses más allá
de los humanos por la salud del presidente Chávez.
En medio de tanta bruma
informativa, llena de retóricas inconsistentes, amenazas proferidas,
descalificaciones a priori y creación
de las condiciones mediáticas necesarias para crear la excepción, es importante
que nos mantengamos alertas y con fe en que Dios impondrá justicia.
Milagros Mata Gil
26 de Enero del 2013