La Lógica, la Razón y la Biblia.
Cultura | 14/01/2013

Vivimos en una época en la cual los hombres de occidente no quieren tener como apoyo y referente de orientación existencial al Libro Sagrado, a la Biblia. Creen, ingénuamente, que se puede hacer una civilización sin libro sagrado que sirva de centro y axis de luz.

Y se combate contra el libro santo enumerando sus supuestos errores y sus contradicciones, y sus discordancias con la ciencia. El relativismo ha hecho crer que sus mandamientos son también relativos y producto de una época y que, por lo tanto, no tienen validez actual.

Y para más remate se duda de las verdades trascendentes que expone la biblia, tanto en forma de mitos como de doctrinas positivas directas.

Se dice que ella es ilógica, e irracional. Y eso es falso. Creer en la Biblia no es ser ilógico ni irracional.

Es un hecho que el espíritu humano puede elevarse al plano de la mente atemporal o divina, en el que todo es presente y que nos da acceso a la posibilidad de la profecía. No hay religión que no tenga profecías cumplidas, Las tienen los griegos, y los romanos, basta con leer las crónicas paranormales de Cicerón, llamadas La Adivinación y el Hado. Y basta con leer el sueño profético de la madre de Ciro el grande para conocer una premonición persa cumplida. O la vida de Paramahansa Yogananda para saber que los indúes tienen profetas vivientes. Y saber de parapsicología moderna para saber que eso es real e inteligible.

Lo mismo con los milagros. Hoy ocurren en Lourdes, y en el Ashram de Satya Sai Baba, y en Fátima, y en iglesias evangélicas, y en las tumbas de Ibn Arabí, o en Tarakeswar. Incluso en centros chamánicos y en laboratorios de física cuántica, donde se experimenta con la conciencia cósmica y la glándula pineal y sus neurotrasmisores especiales.

Nada hay en la Biblia que no sea posible hoy comprobar. Hasta la resurrección de Cristo se puede verificar con la misteriosa energía que quemó la tela del santo sudario y que se guarda en Turín. Esa quemadura es la que marcó el Cuerpo del Crucificado en la tela. Y que solo se ve en el negativo de las fotos que se le toman.

La Biblia nos habla de sincronicidades significativas muy antiguas, lo cual es un tema que ha preocupado a numerosos científicos y folósofos contemporáneos, Carl Gustav Jung incluido. Son interesantes concordancias entre el mundo interno del alma y el mundo externo, que funcionan como una unidad metafísica.

Cómo puede ser ilógico un libro que nos dice que el mundo fue creado por el Logos o lo que los griegos llaman La Razón Cósmica, así lo plantea san Juan en su Evangelio. Y que algunos traducen como La Palabra o el Verbo. Y ese Verbo o Razón Superior es la Luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.

Como puede ser ilógico y anticientífico un libro que afirma, en el libro de Jeremías, que el universo está creado con la sabiduría y el entendimiento de Dios. Y que afirma, como dice el libro de Job que el mundo esta sostenido sobre la nada y el vacío. O como cuando en ese mismo libro se nos dice que el aire tiene peso, cosa que sabemos que es real sólo desde que Evangelista Torriceli inventó el barómetro.

Lo mismo cuando se nos habla hoy de un universo multidimensional, y sin embargo ya eso se nos dice en el libro sagrado cuando san Pablo ha visitado en espíritu el tercer cielo y que ese cielo es el paraiso, y san Juan nos dice que el podía volar al mundo del espíritu en su famoso Apocalipsis y ver la gloria de Dios allí, junto con otras entidades superiores.

   

Comentarios

1 - Dr. Rafael Chavez Torres - 15/01/2013 00:07
muy buen articulo Fernando pero suguiero que se diga a que Biblia se refiere pues la biblia catolica no es la buena. saludos
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