La aceptación de la muerte
Ciudadanía | 11/01/2013

La muerte es esa pariente “oveja negra de la familia” a la que todos reconocemos, pero muchos quieren olvidar, dejar al margen como si no existiera. La muerte es una realidad desde el momento de nacer, sin embargo en “la sociedad de la imagen y el consumo” no tiene cabida porque estropea la foto. Por tanto no se nos enseña a entender la muerte ni a concebirla como parte natural del proceso vital. La muerte es un misterio que muchas veces se atraganta en el corazón del hombre.

 

Cuando fallece un ser querido nos quedamos consternados con un vacío que no sabemos cómo llenar. En función de las creencias de cada cual, unos encontrarán más consuelo que otros, pero sin duda todos tendremos que pasar por el ineludible proceso de duelo. Habrá tantas reacciones al respecto, como personas. Unos necesitarán acercarse a todo aquello que les recuerde a quién falleció y otros lo evitarán todo lo posible. Unos llorarán y exteriorizarán su pérdida, otros no podrán hacerlo aunque quisieran. El tiempo sanará la herida lentamente.

 

La manera en la que la que el mundo occidental vive la muerte no aporta mucho consuelo a los familiares del fallecido. Además de tener que asumir su dolor hay que ineludiblemente pasar por un sinfín de trámites burocráticos, de seguros, de tanatorios y de notarios que dejan el alma encogida a los más sensibles. ¡Y es que la muerte es un negocio como otro cualquiera, además garantizado!

 

Negocio estudiado al detalle para su mayor rentabilidad. Por ejemplo, en muchos tanatorios ofrecen un servicio de catering que parece incluido en el precio final pero que va a parte, detalle que puede pasar inadvertido en tales circunstancias y que quedará como la anécdota de “los sándwiches más caros de sus vidas”.

 

Sin duda uno de los momentos más duros es cuando en los funerales previos a la incineración se cierra una cortina para despedir el féretro. La idea detrás es que los familiares no se queden en la capilla y dejen entrar a los siguientes. Sin embargo, la crueldad de la inesperada despedida deja a los familiares inconsolables. La recogida de las cenizas en el cementerio también es otra situación traumática para la que no tenemos preparación previa. Es un trámite más que hacer con la mayor frialdad posible para no sufrir. La persona encargada deja las cenizas en un atril confirmando que pertenecen a la persona correcta y los familiares salen de la sala sin saber muy bien qué hacer.

Como el corazón es más resistente de lo que sabemos y los españoles tenemos ese sentido del humor tan característico se podrían contar infinidad de anécdotas en cuanto a los traslados de las cenizas a su destino final.

 

La tradición católica nos recuerda el miércoles de Ceniza que “polvo eres y en polvo te convertirás”… como recordatorio de que el cuerpo es solo el vehículo físico del alma. La cultura judeo-cristiana nos aporta una mezcla de esperanza de “la resurrección de la carne” y de pésames infames al más puro estilo de “La Casa de Bernarda Alba”…

 

Cada cultura y religión tiene unas tradiciones y creencias más o menos amables con respecto a cómo vivir la muerte. De entre todas ellas, consuela cómo los lamas tibetanos ayudan a los enfermos terminales a no tener miedo para liberar el alma. Los aborígenes de Australia y los sufís siguen un protocolo similar. Los mexicanos destacan por recordar a sus difuntos con alegría, con mariachis y con comida y tequila que le gustaban en vida. Alrededor del mundo, muchos se visten de blanco a modo de luto y cantan para celebrar el paso “al otro lado”, a su vez, otros se visten de negro y su canto es lúgubre y lastimero.

 

Me cuenta una amiga griega que en su país creen que cuarenta días después del fallecimiento de alguien su alma sigue pululando en el aire para resolver asuntos pendientes antes de fundirse en el más allá. La película “Troya” muestra rituales funerarios de una gran belleza como es el pago de dos monedas para el barquero hacia la Vida Eterna. En India se cree que el Ganges es el rio sagrado para la renovación del Espíritu.

 

En esta búsqueda de respuestas existenciales, la doctora suiza Elizabeth Kübler-Ross dedicó gran parte de su vida a ayudar a enfermos terminales y sus familiares a la aceptación de la muerte para la liberación del dolor. Sus libros reflejan el testimonio de sus pacientes y de las experiencias extra corporales de algunos de ellos en estado de coma. Todos contaban lo mismo, cómo veían un túnel y la presencia de seres queridos que les acompañaban.

 

Tanto crédulos cómo incrédulos tendremos que pasar por ese proceso en la rueda de la vida. Lo que puede marcar la diferencia es la actitud con la que lo hagamos. ¿Cómo afrontar la muerte de nuestros conocidos y la nuestra propia?... ¿Consolaremos a los afligidos o miraremos hacia otro lado porque la muerte nos da miedo?... ¿Podríamos cambiar mentalmente el significado que damos a la palabra “muerte”?... ¿Podría ser transformación?... cada cual tiene la respuesta en su corazón.

 

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