Resumen
En este trabajo nos acercaremos al estudio de Luis
Nieto, un agrónomo en la época de Fernando VII, que no se formó en las
instituciones educativas y científicas de la corte madrileña.
Introducción
En diversos artículos hemos estudiado a parte de la
primera generación de agrónomos formados como tales en el Jardín Botánico
madrileño, alumnos que, además, estudiaron otras disciplinas científicas como
botánica, medicina, ciencias naturales y economía en distintas instituciones
educativas madrileñas existentes y llenas de dificultades en las primeras
décadas turbulentas del siglo XIX[i].
Pues bien, también existieron otros casos ajenos a las instituciones educativas
y culturales de la corte que, a pesar de las pocas oportunidades existentes,
parecen el último fruto de la Ilustración española no sólo por su aprendizaje
de las disciplinas consideradas como “útiles”, sino por el propio afán de
aprender y sobreponerse a las duras circunstancias personales y generales del
país. Acostumbrados como estamos al desolador panorama educativo y cultural de
la época de la crisis del Antiguo Régimen, resaltan estas figuras sobre las que
hay un verdadero y completo desconocimiento porque, además es complicado
encontrar fuentes documentales más o menos completas. Luis Nieto podría ser
considerado como un ejemplo de lo que cualquier
ilustrado del siglo XVIII esperaba de los súbditos de la Corona para sacar al
país del atraso económico. Nacido en el seno de una familia de labradores no
ricos pero con cierto acomodo, decidió formarse en la nueva ciencia agronómica
sin descuidar sus obligaciones familiares.
El
conocimiento de todas las figuras preocupadas por la ciencia, ya fuera en los
círculos cortesanos, ya fuera de ellos, supone un contrapunto, modesto sin
lugar a dudas, pero existente, a las evidentes carencias para el desarrollo de
la educación y la investigación en una España que veía declinar el Antiguo
Régimen y entraba en una incompleta Revolución Liberal. En este sentido, es muy
loable e importante la labor historiográfica desarrollada por J. Mercader Riba,
J. López Piñeiro y, más recientemente, J.R. Bartomeu Sánchez, entre otros
autores[ii].
La
biografía y la formación científica
Luis Nieto nació en la villa de Olmedo, aunque
después de la guerra de la Independencia sabemos que era vecino de Adanero, de
donde también eran vecinos sus padres Vicente Nieto y Luisa Valverde[iii].
Nuestro protagonista era hijo de labradores con cierta posición. Sobre la
situación socioeconómica de la familia, sabemos por el curra párroco de
Adanero, que los padres de Nieto tenían cuatro pares de mulas y cinco de
bueyes, cabras, ovejas merinas finas, entrefinas y bastas, cerdos, conejos,
palomas, etc… Al morir su padre en 1800 se hizo cargo de la heredad familiar
alternando las tareas agrícolas con su formación universitaria y científica.
Sus preocupaciones por la agricultura y la economía
le llevaron a matricularse en las cátedras de estas ciencias que tenía
tuteladas la Sociedad Económica de Valladolid, asistiendo a los cursos que fueron
desde 1803 hasta 1807. En el primer año obtuvo un premio de segunda clase y en
1805 consiguió dos premios de primera clase en agricultura y economía por su
aplicación. El 23 de mayo de 1807 fue nombrado catedrático de agricultura,
impartiendo la enseñanza hasta la invasión francesa. Nieto participó en la
comisión para establecer el Jardín Botánico en el Prado de la Magdalena. En la
Sociedad Económica de Valladolid fueron conocidos sus proyectos para mejorar
distintos aperos. Al volver de Francia, después de la guerra, aplicó en una
huerta una máquina de riego de su invención.
Mientras se formaba en agricultura y economía,
estudió en la Universidad, ya que, como bachiller, se examinó en mayo de 1807
en la Chancillería de Valladolid y fue aprobado alcanzando el grado de abogado
de los Reales Consejos.
La guerra trastocó su vida, como la de todos los
españoles de aquella época. La Junta Suprema Central le nombró subteniente de
la Primera Compañía del Batallón de Infantería. Después llegó a ser teniente
del Regimiento Provincial de Valladolid. El rey le concedió la licencia definitiva
el 26 de julio de 1816. Pero sus obligaciones militares no le impidieron ampliar su formación
científica. Nieto asistió a las Academias de Táctica y Matemáticas del Cuerpo
de Batallón de Instrucción del Depósito del Cuarto Ejército en Santiago, cuando
servía como teniente. Fue elegido para explicar aritmética y táctica a los
sargentos y cabos de dicho Depósito. Allí estuvo hasta 1813.
Las
oposiciones a las cátedras de agricultura impulsadas por la Sociedad Económica
Luis Nieto se presentó en enero de 1819 a la
convocatoria de oposiciones para las cátedras de agricultura impulsadas por la
Real Sociedad Económica Matritense. Nieto tuvo que preparar para el primer
ejercicio, consistente en la redacción y lectura de una memoria de tres sacadas
al azar del temario preparado por la Matritense, una disertación sobre las
ventajas del estudio de la anatomía y fisiología vegetales. Tenía que actuar en
una terna compuesta, además de por él, por Pascual Asensio y Luis Quintanilla.
El reglamento establecía que una vez redactada y defendida la memoria, el
opositor debía responder durante media hora a cuantas observaciones y preguntas
le pudieran realizar los otros dos opositores[iv].
No contamos con información sobre los otros dos
ejercicios de la oposición. El segundo consistía en la explicación de un
capítulo de la obra de Agricultura de
Gabriel Alonso de Herrera, elegido también al azar y con una sesión de
preguntas por parte del tribunal. Este ejercicio iba acompañado de la ejecución
y explicación de una operación agronómica.
Luis Nieto no ganó ninguna cátedra. Todos los que
aprobaron fueron alumnos de Antonio Sandalio de Arias, verdadero impulsor de
las cátedras, miembro del tribunal de oposiciones y profesor de agronomía en el
Jardín Botánico. El único caso especial fue Luis Gil, que aunque no aprobó
porque el tribunal consideró que, aunque “tenía conocimientos de agricultura y
botánica no se había lucido en los ejercicios, especialmente porque no tenía
las habilidades necesarias para ser profesor”, como era “la locución necesaria
para enseñar en público”, consiguió ser nombrado por el rey catedrático en
Valencia por recomendación de la Sociedad Económica de Valencia. Al final, los
aprobados fueron los que habían recibido formación agronómica reglada en Madrid.
A partir de aquí, perdemos el rastro de nuestro
protagonista.
[i]
Véase, MONTAGUT CONTRERAS,
E., “La enseñanza de la agricultura en España en la crisis del Antiguo
Régimen”, en Torre de los Lujanes, (1999), número 40, págs. 197-245.
También, “Francisco Martínez Robles,
catedrático de agronomía y amigo del país en el reinado de Fernando VII”, en Torre
de los Lujanes, nº 37, (1998), págs. 245-280; “Francisco Gil y Rodríguez. Botánico, agrónomo
y amigo del país en la Valencia de Fernando VII”, en Torre de los Lujanes, nº
41, (2000), págs. 191-194; y “José Alonso y Quintanilla. Médico, botánico y
agrónomo en la primera mitad del siglo XIX, en
[ii]
Sin pretender ser
exhaustivos, se recomienda, BERTOMEU SÁNCHEZ, J. R., “La colaboración de los
cultivadores de la ciencia españoles con el gobierno de José I (1808-1813)”, en
GIL NOVALES, A.
(ed.), Ciencia e independencia política, Madrid, 1996, pp. 175-213. Del
mismo autor, “Ciencia y política durante el reinado de José I (1808-1813): el proyecto de Real Museo de
Historia Natural”, en Hispania, (2009), vol. LXIX, núm. 233, págs.. 769.792.
[iii]
La
información sobre la biografía y formación científica de Luis Nieto ha sido
consultada en Archivo de la Real Sociedad Económica Matritense, A.R.S.E.M.,
legajo 277/1. El expediente recoge los méritos presentados por los aspirantes a
las oposiciones a las cátedras de agricultura organizadas por la Real Sociedad
Económica Matritense.
[iv]
Sobre
las cátedras de agricultura y las oposiciones de la Sociedad Económica Matritense,
puede consultarse MONTAGUT CONTRERAS, E., “La enseñanza de la agricultura en
España….”