Es hora de que los corruptos devuelvan la pasta
Política Nacional | 20/12/2012
Germinan como setas. Además surgen en todo tipo de parajes, de mucho o de poco follaje, no hay distingos, lo importante es que exista buen fertilizante para afanar. La única condición para el medro es que la climatización sea la adecuada. Por eso los mejores viveros para trincar con garantía suelen estar en torno a las administraciones y entidades públicas, tanto de ámbito nacional, como autónomas y municipales. Suele suceder que a mayor categoría delegada más fructífera suele ser la cosecha. De la recolecta se suelen encargar políticos de guante blanco, escasos de escrúpulos, que son bastantes y cada día afloran más. Afortunadamente la gran mayoría de los políticos que pastan en España están disciplinados en la honradez. ¡Menos mal!
Raro es el día que al despertar, sobre todo si lo haces con el ruido de las ondas hertzianas, no te enteras de nuevos trinques de aquí, de allá o de acullá. Además todos ellos suelen ser trinques generosos. De los de menor nivel, aunque tengan una cierta sustancia, ni te llegas a enterar. Los trincones que afloran no tienen afiliación definida. Son de todas las banderas y colores, aunque unos más que otros. La manía del trinque está siendo como una epidemia contagiosa, pues a pesar de que los afectados saben que pueden ser enceldados, van en aumento.
Como al parecer es bastante complicado poner límite al atractivo y rutinario ejercicio de la mangancia en el sector público, al menos deberían de sentarse unas bases de actuación política para sincronizar actuaciones de trinque. No es que haya que universalizar su práctica, pero al menos se deberían de organizar y definir los objetivos de mayor rentabilidad para trincar, así como los niveles de responsabilidad de los trincones de acuerdo a su graduación política. No hay derecho que segundones o inferiores en la cadena de mando trinquen más que el jefe, tal y como sucede ahí cerca. A cada uno lo suyo.
Cierto es que algunos caen. Las pesquisas, indagaciones y pruebas policiales a veces son trabajosas y difíciles, pero al final resultan. Claro que otra cosa es el proceso inculpatorio y la puesta entre rejas del afanador de lo público. Esa es otra copla, con letra y música difícil de entonar. En determinados casos la interpretación de la obra se deja para última hora. Incluso hasta que se pudra por prescripción. De ahí tanto acólito entusiasta del trinque.
Lo peor de todo este asunto relacionado con la mangancia de lo público no es que tarden en juzgarse los usos, los vicios y las costumbres de estas corruptelas, que tiene bemoles. Lo más insólito, vomitivo e indignante es que a los corruptos ladrones de dineros públicos no se les obligue a devolver la pasta. Además entran y salen de la trena con cierta facilidad. A veces lo hacen hasta indultados por el Gobierno de turno. Pero nunca, nunca jamás, se les exige que devuelvan lo robado. Y es que este desconocido y extraordinario episodio tan sólo se ha dado alguna rara vez.