Con este título, pedimos
prestadas palabras a Don Mempo Giardinelli, incansable defensor de la lectura,
para alertar acerca de un tema que nos preocupa a los que estamos en el
quehacer de la Salud y la Educación, la permanente consulta por chicos que no
hablan bien, que no aprenden a leer a tiempo, que no saben redactar, que fallan
en lengua y en matemáticas por no comprender lo leído adecuadamente, así como
otros diferentes trastornos relacionados al área del lenguaje.
Por supuesto, que muchos de esos trastornos
pueden tener una base genética, neurológica, psicológica que habrá que saber
diagnosticar a tiempo, pero un gran número de ellos tienen que ver con la
falta de estimulación de la comunicación que hay hoy en día en los hogares.
Parece contradictorio, como
ya hablamos en otro artículo que seguiremos desarrollando, los niños están
sometidos desde etapas muy tempranas a la TV, y medios electrónicos de
comunicación, celulares, computadoras, entre otros; sin embargo, parece
que no es dejando al niño en manos de los “medios”, que logra desarrollar
adecuadamente su lenguaje.
“En mis tiempos, había
tiempo…, quizás el tiempo era como las frutas, se regalaba a los vecinos
después de verlo madurar. Se compartía en las veredas, entre abanicos y
señores…” María Elena Walsh.
En otros tiempos, había
tiempo…, había padres, había abuelos que sentaban en su regazo a los nietos y
les contaban innumerables historias, donde no solo se favorecía la fantasía del
niño, sino que el propio abuelo podía volver a sentirse joven y vital
siendo muchas veces el protagonista de increíbles hazañas. Les puedo asegurar,
que un hijo no olvida jamás los relatos que le cuentan o que les leen sus
padres, e incluso cuando es mayor, se los reproduce a sus propios hijos.
Recuerdo siempre el relato de una
niña de 7 años, cuando me dice de pronto:
-
“¿sabes cuál fue el día más feliz de mi vida? “
-
“Una noche que se corto la luz en mi casa, y mi mama prendió una vela, y nos
sentamos todos alrededor de la mesa a contar cuentos y jugar a las cartas…”
Soñar para crear, crear
para crecer…
El encuentro de la palabra
y el gesto con nuestros seres queridos, deja una huella indeleble en todo niño,
una huella que lo hace encontrar posteriormente el placer y la motivación para
el dialogo, para la lectura, para la escritura.
Hay que cultivar el gusto por la
lectura en el niño, desde que es bebé.
Nos sentamos con él y al leer
le mostramos las letras, para que vaya registrando que esos signos son
los portadores de un significado.
Las característico del
pensamiento infantil tiene que ver con la comprensión lectora, la que empieza
antes que el niño pueda leer. Se inicia con las conversaciones sobre cuentos,
poesías, historietas y otro material escrito, que le leamos.
El texto elegido, debe ser
adecuado, a la edad, a su lenguaje, a su medio cultural e intereses.
“Niña mía, si estas
triste, te bajaré una estrella .. y a la rueda-rueda, jugarás con ella…” Líber
Falco.
Otro factor importante a
tener en cuenta, es asociar la lectura a la via natural de expresión del niño,
es decir al juego, Los juegos le permiten explorar y entender el mundo que los
rodea a través del desarrollo de su imaginación, de su fantasía y de todos sus
sentidos. Por eso pensamos que asociar la lectura a una actividad lúdica será
algo que mantendrá el interés y motivación del niño por un tiempo
prolongado, aunque sea muy pequeño y que lo ira introduciendo en el
universo discursivo de un modo natural y cercano a su cotidianidad.
Los nuevos escenarios…
Para
los papás cibernéticos, que se sienten más a gusto con las computadoras,
hay en Internet o en el mercado, software de cuentos interactivos, donde el
niño además de escuchar el relato del cuento tiene resaltado el texto escrito,
y puede interactuar con la imagen, jugar a juegos asociados al tema del cuento,
colorear los personajes del mismo, hacer actividades de desarrollo de destrezas
psicomotrices, escuchar y aprender canciones, etc.
Antes de enseñar a leer, es
necesario haber desarrollado diversas habilidades en los niños, como son:
lenguaje, pensamiento, percepción visual, orientación espacial, percepción
auditiva, orientación temporal y coordinación visomotora.
Si alguna de estas habilidades no
se ha desarrollado en forma suficiente, al niño le será difícil aprender a
leer.
Duérmete…, duérmete capullito de
rosa….
Siguiendo con las
recomendaciones, diremos que quizás, una de las experiencias mas
gratificantes para niños y adultos son las lecturas antes de dormir.
Estas permiten crear un fuerte
lazo afectivo entre el niño y el adulto, en un momento del día donde se puede
estar más distendido… arrope bien a su hijo, dedíquele y dedíquese una
amplia sonrisa y selle esa diaria complicidad con un beso…
Prof. Mario Valdez –
Neuropsicología del Lenguaje
Dra. Silvia Pérez Fonticiella - Consultora en Neuropsicología