El guionista de El ultimátum de Bourne (Paul Greengrass, 2007) o La sombra de la sospecha (Clark Johnson, 2006) escribe y dirige esta historia que gira en torno al joven político David Norris (Matt Damon -Valor de ley, Joel y Ethan Coen, 2009-) que, en plena campaña electoral, conoce de manera casual a Elise Sellas (Emily Blunt, -El amigo de mi hermana, Lynn Shelton, 2011-), una bella bailarina de ballet. La atracción entre ellos surge desde el primer instante, pero ambos jóvenes ignoran que existe una fuerza secreta empeñada en separarlos; una fuerza desconocida en forma de agencia cuyos integrantes deben procurar que David, su objetivo, no se desvíe de la senda que el destino ha marcado para él. Y, en este sentido, conocer a Elise era un hecho del todo imprevisto. A partir de esta premisa argumental, Nolf elabora un complejo cosmos con múltiples lecturas sociológicas, políticas y metafísicas, puesto que el descabellado argumento no es más que una excusa para elaborar una metáfora de la sociedad en la que vivimos. En esta línea se puede explicar Destino oculto a través de dos posibles lecturas: la necesidad de la existencia de una organización -en este caso, el propio sistema- que trate de reconducir a los individuos por el buen camino ante su incapacidad para organizarse y, por otra, la existencia de ciertas personas -o acontecimientos- que llegan a nuestra vida sin avisar, provocando un rotundo punto y aparte en la misma. Pero, por encima de todo, la película apuesta por la idea de que para alcanzar el éxito el camino pasa por no renunciar jamás a nuestros principios, por muy adversos que sean los acontecimientos o la propia realidad.
Diversos prismas, pues, desde los que observar una obra sustentada en una idea brillante a la que, sin embargo, no se saca todo el jugo que debería. La parte de drama romántico no está tan bien explotada como se espera -faltan escenas que indaguen y arrojen emoción a la relación de los, por otro lado, extraordinarios protagonistas- y, en lo que referido a la moraleja final, Destino oculto podía haber focalizado más su atención en sus críticas anti-sistema -un sistema opresivo y corrupto que, en la mayoría de ocasiones, impide la realización del individuo... de ahí la nada casual secuencia junto a la simbólica Estatua de la Libertad de Nueva York-. Con todo, la película es entretenida, goza de una primera media hora adictiva -en la que el espectador queda fascinado por una trama que ofrece más preguntas que respuestas- y deja buen sabor de boca gracias al empeño del director por alejarse de los tradicionales cánones del thriller. Por tanto, Destino oculto decepcionará aquellos a los que esperen un film de acción al uso, ya que lo que más importa en esta ficción es la base filosófica de un planteamiento abierto permanentemente el debate.
Los reproches a su falta de ambición argumental de la producción no son, sin embargo, extrapolables a su empaque formal, sobresaliente en todos los aspectos. A su gran potencia visual, hay que añadir un trabajo de notable trabajo de montaje que consigue mantener la tensión y un director que a pesar de su inexperiencia sabe como dotar a su función de un gran sentido del espectáculo. Sin embargo, lo más destacable del film es la extraordinaria química entre unos protagonistas absolutamente entregados y observar el universal y convincente retrato que traza Nols acerca de un hombre que desafía a su propio e incierto destino por seguir los dictados de su corazón.