¿Estaré entrenando por encima de mis posibilidades?
El deporte es un estilo de vida. Siempre escuchamos que su práctica nos
aportará beneficios saludables, a nivel estético y en la calidad de vida.
Pero en otro sentido somos testigos de la muerte súbita de deportitas de
élite que cada tanto caen irremediablemente ante nuestros ojos, en el campo de
juego.
Con lo cual es normal que los pacientes se pregunten: ¿Qué me puede pasar a
mí que practico tal deporte de ciertas características?, si a una mega estrella
con el dinero que ha costado ha muerto sin que nadie hubiese podido predecir
tal evento.
Bueno como todo en la vida hay niveles, tanto entre los
deportes, que los son de distinta intensidad; entre los deportistas,
los hay de distinto nivel; en la frecuencia de la práctica, diaria, semanal; las
causas de mortalidad deportiva, las hay muy conocidas y otras en las que,
hoy por hoy, no conocemos la exacta fisiopatología; en los servicios de
prevención, suelen ser de distinto enfoque, algunos más cardiológicos,
otros más traumatológicos y un tercer grupo que sería un mix de ambos.
Con la práctica deportiva tienen lugar distintos cambios fisiológicos tanto
a nivel cardíaco, neurohumoral, vasos sanguíneos, musculares etc. Ciertos
órganos son sometidos a isquemia relativa -cierta falta de oxígeno relativa- la
cual estimula tanto su función, como su neo vascularización y por otro los
somete a una condición de trabajo que pone a prueba tanto su viabilidad como su
rendimiento.
La prevención se basa en intentar detectar aquellas
cardiopatías que no tolerarán la práctica intensiva, o simplemente aquellas
condiciones genéticas a las que el estímulo intenso disparará la aparición de
una arritmia, o aquellas vasculaturas coronarias que no están para soportar ese
estímulo isquémico.
No todo será desaconsejar la práctica, se pueden diseñar o estimar ciertas
frecuencias óptimas para entrenamiento, para competición, etc.
Resumiendo groseramente el estudio de los athletas se podría dividir por
edad, poniendo un corte en los 35 años. Por debajo presencia de muerte
arrítmica, por encima cobra predominio la aparición de enfermedad coronaria.
Muchos de estos cuadros se pueden detectar con un simple
electrocardiograma, otros requerirán una búsqueda algo más compleja que podría
implicar la realización desde un ecocardiograma, un holter, una resonancia
cardíaca, etc. Quedará un porcentaje mínimo de eventos idiopáticos, pero al
menos se habrá desbrozado la mayoría de los riesgos, al menos los previsibles.
El ejemplo más común sería que cruzar la calle tiene cierto riesgo, no será
lo mismo cruzar la avenida principal de una capital, que el camino de mi
pueblo. En ese sentido tampoco resultará igual si miro a ambos lados, que si
miro hacia uno solo. Por último si decido cruzar con los ojos cerrados, estoy
dejando demasiadas variables al azar. Tal vez no pase nada un número finito de
veces, pero...
Pues la prevención es eso. Intentar mirar lo visible y evitar al menos lo
evitable. Podrían tener lugar incidentes no previstos, pero el porcentaje de
los mismos será mucho menor
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