Humberto Maturana es un
reconocido biólogo chileno, cuyos trabajos en cibernética, junto a Francisco
Varela, dieron origen a lo que se conoce como la "Teoría de Santiago"
de la cual uno de sus conceptos, la Autopoiesis, es materia obligada en cursos
de comunicación y materias afines.
El
pasado 21 de octubre, Humberto Maturana asistió al programa de conversación
Tolerancia Cero de Chilevisión. La presencia del Doctor Maturana en ese espacio
generó una gran expectativa en las redes sociales; sin embargo, muchos
advertimos acerca de la falta de idoneidad de los panelistas para sostener con
él una conversación seria en torno a los tópicos que el biólogo chileno suele
exponer. La
emisión lamentablemente confirmó nuestras aprensiones, por cuanto en
apenas 21 minutos, se intentó que Maturana ofreciera su visión, a propósito de
un tema tan vasto y complejo como es la violencia en Chile y las formas de
convivencia que hemos desarrollado en el último tiempo.
Aun
reconociendo lo inapropiado del espacio para exponer en él un pensamiento de
suyo complejo, me llamó la atención que el Doctor Maturana insistiese en una
argumentación harto cuestionable para el tema in comento. Para él, los grupos
de personas que levantan su voz contra el sistema social y político vigente lo
hacen motivados por una frustración, acumulada por años, de "no ser
escuchados" por el Otro. En su concepto, la conversación y el respeto son
claves para establecer un diálogo racional que permita el entendimiento. En
este escenario, el respeto -no la tolerancia- es el elemento estructurante de
una relación que permita una validación del sujeto como interactor en un
diálogo social y que legitime su hacer en la construcción de la sociedad.
Estos
conceptos, largamente expuestos en sus trabajos y, sobre todo, en las
publicaciones que ha realizado a través de Matríztica, la fundación que creara
en 2000 para canalizar socialmente su pensamiento, merecían ciertamente mucho
más tiempo para ser desarrollados en televisión; sin embargo, estimo también
que el pensamiento del profesor Maturana debiera tener la oportunidad para
nutrirse de una retroalimentación, por parte de quienes disentimos de la forma en la que se proyecta su discurso hacia el terreno de lo social. Es por eso que
aprovecho este espacio virtual para exponer acá mis observaciones, a modo de
preguntas, como las que un alumno debiese hacer en clases, antes que acatar a
sesos cerrados la exposición de su profesor:
1.
Usted, profesor Maturana, ha señalado que la clave de la comunicación es la
Coordinación de coordinaciones de actos consensuales a partir de un
acoplamiento estructural mutuo. Si entiendo bien, esto significa que los
participantes de la interacción comunicativa deben compartir una modalidad
perceptiva similar y recursos apropiados para la interacción. En otras
palabras, un individuo humano podría interactuar comunicativamente con otro
individuo humano y no con una almeja, por ejemplo, porque humano y almeja
percibirían la realidad de modos diversos y, sobre todo, porque carecen de
dispositivos anatómicos y cognitivos comunes para referir y referirse sus
particulares experiencias de realidad.
Dentro
de esos recursos, desde mi punto de vista, el dispositivo cognitivo -y
agregaría lingüístico-cognitivo- es clave para que la coordinación de actos
consensuales se produzca exitosamente. Esto significa que necesitamos contar
con un mecanismo común o modalidad consensuada que nos permita construir la
representación mental de lo que percibimos y, a la vez, transferirla de tal
manera que el otro -que la mente del otro- pueda reconstruir esa representación
de manera adecuada para la interacción.
Sin
embargo ¿qué sucede cuando los individuos no comparten ese dispositivo
lingüístico-cognitivo? Sabrá usted que un número no menor de compatriotas opera
con un número reducidísimo de términos lingüísticos y, consecuentemente, posee
una capacidad muy disminuida para procesar los datos que recibe a través del
lenguaje. De acuerdo a algunos estudios, citados por Mario Waissbluth en
"Se acabó el recreo", el 80% de los chilenos entre 16 y 80 años no
comprenden lo que leen. La lecto-escritura es sólo una de las dos modalidades
en las que opera la transferencia de experiencias de realidad a través del lenguaje;
la otra es la conversación. Y aquí viene mi segunda pregunta:
2.
Si la conversación es el espacio en donde respetuosamente debiésemos proponer
nuestras experiencias de realidad para escucharnos y, consecuentemente,
comprendernos ¿cómo es posible que se logre ese encuentro entre individuos que
no tienen similares proficiencias en el uso del instrumento que les permitiría
inter-relacionarse e inter-actuar?
Como
usted ha explicado, la comunicación es mucho más que el intercambio de
información. Es más, podemos postular con Sperber y Wilson que la comunicación
empieza precisamente cuando dejamos de intercambiar información y, mediante un
complejo sistema de referencias cognitivas expresadas en la Enciclopedia
Cultural y en lo que se ha llamado el "Trasfondo de Obviedad",
intentamos representar consensuada y creativamente una visión común de lo que
es la experiencia humana, del hacer y del reflexionar en lo que somos y en lo
que nos permite ser. Sin embargo, me permito proponerle, que son esa
Enciclopedia y ese Trasfondo los elementos que, por no ser compartidos por los
distintos actores sociales, los factores que explican la violencia y el
irrespeto -por no decir intolerancia- que caracteriza a las interacciones de
quienes debiésemos encontrarnos en la comunicación.
Un
grupo social representado en un sector de los jóvenes chilenos ha sido
precariamente ideologizado. Su lectura de la historia, de la sociedad, de la
política y de la cultura ha sido modelado desde una imperfecta cosmovisión
afectada, en gran parte, por una serie de transformaciones que han sido
consideradas como una verdadera Mutación Antropológica. Si hasta el Papa
Benedicto XVI se ha referido a ella señalando que los jóvenes experimentarían
una transformación cognitiva y cultural originada, en su lectura del fenómeno,
por la exposición a una mentalidad "que
no es cristiana y que tampoco es humana, porque está dominada por intereses
económicos, preocupada únicamente por las cosas terrenas y privada de una
dimensión espiritual”.
Dejando
de lado el imperativo cristiano, creo que el Papa acierta dramáticamente en el
calificativo de mentalidad "no humana". Para las numerosas
generaciones educadas en la cultura massmediática, cuyo elemento unificador es
el pensamiento concreto, educado a través de las imágenes, lo Humano representa
una abstracción que no alcanza a entenderse y, por ende, no puede vivirse,
porque no tienen los recursos cognitivos para pensar de manera abstracta y
comprender esa abstracción que es "lo Humano". En ese sentido, la
emoción reemplaza a la idea y si ya es difícil encontrarse en la razón, cuánto
más difícil es hacerlo en la emoción, como lo prueba la ausencia en las
interacciones cotidianas de la emoción más humana de todas, cual es la del
amor. Vivimos en una sociedad emocionalmente enferma, incapaz de objetivar su
experiencia de ser en el mundo a través del lenguaje y, consecuentemente, que
experimenta la emoción como un tumulto de sensaciones irreductibles a palabras
que permitan poner la experiencia en un lenguaje común.
El
sentido que somos capaces de darle a lo Humano es parte de ese discurso que
constituye el conjunto de referencias culturales, cognitivas y emocionales que
no compartimos y que nos impide convivir como individuos de la misma especie.
La biología nos acerca, nos hace creer que porque poseemos similares
características anatómicas y fisiológicas somos miembros de la misma especie;
pero lo Humano extiende su dominio mucho más allá de la biología, como usted
mismo lo señala en El Sentido de lo Humano. Es, por una parte, la cognición,
expresada a través del lenguaje, la dimensión que nos aparta radicalmente y que
nos impide compartir un territorio en el cual encontrarnos y en el que lo
esencialmente Humano tenga su expresión. Ya no hay consenso en la coordinación
de coordinaciones de actos y, por otra parte, entregar a la pura Emoción la
tarea de recuperar el sentido de lo Humano es desconocer que junto al Amor
existe el Odio, como una emoción activa y autónoma que guía a vastos sectores
sociales, que es irreductible a la razón y que, a no mediar una acción decidida
de la sociedad y de sus instituciones, terminará implantando una nueva forma de
convivencia, basada en la fuerza del eslogan, como en las terroríficas visiones
del futuro propuestas por Orwell y Huxley, en el lejano siglo XX y que pueden
apreciarse en el discurso de los líderes de esos movimientos sociales que hoy
nos conmueven.
Quisiera
tanto poder intercambiar con usted estos puntos de vista personalmente, quiera
el azaroso comercio de los hipervínculos que así suceda.-