Con una estructura divida en los seis puntos a los que hace referencia el título de la película, la historia comienza cuando Emma (Echegui), una mujer ciega de treinta años que trabaja en el teléfono de la esperanza, rompe con su novio debido a que éste es incapaz de dejarle embarazada. Dispuesta a cumplir su sueño, empieza a mantener una relación con Germán (Álex García), un psicólogo casado encargado de la terapia a la que acude Emma y en la que conocerá a más personas discapacitadas; personas que le servirán al director para hablar de temas que pasan tan políticamente incorrectos en nuestra sociedad como el hecho de afrontar la homosexualidad cuando uno es discapacitado o la (casi) apología que hace la película de la prostitución a la hora de satisfacer a los minusválidos. Asuntos que enriquecen una trama algo difusa -basada principalmente en el triángulo amoroso, con la entrada en acción del personaje interpretado por Fernando Tielve, quizá el único error de casting de la película-, y a la que le falta algo de garra. Además, a pesar de que es un proyecto lleno de buenas intenciones y más o menos bien resuelto, se le nota demasiado aquejado de un presupuesto limitado y, por consiguiente, de cierta sequedad formal. A Seis puntos sobre Emma no le hubiese venido mal, junto a una mayor inversión, una mayor ambición técnica y mayor precisión a la hora de dibujar de forma más lúcida a sus protagonistas. Ello da como resultado una inevitable sensación de que, en algunos fragmentos, parezca rodada con el piloto automático de la cámara.
Aún así, este debut en la dirección de Pérez Toledo atesora varios aspectos a tener en cuenta: además de conseguir que el público empatice con una protagonista muy alejada del estereotipo a la película está lejos de glorificar -de hecho, resulta por momento estúpida e irascible-, Seis puntos sobre Emma no pretende, a través de su retrato del conjunto de historias reconocibles que aborda, adoctrinar ni dar lecciones morales a nadie. Además, cuenta con varias secuencias para el recuerdo como esa inmensa Verónica Echegui acariciando las olas del mar o sintiendo el viento en la ventanilla de atrás de un coche, subyugando al personal. Junto a la actriz, también es destacable un Álex García que ya es uno de los rostros más atractivos de nuestra cinematografía.