“A veces lo urgente atenta contra lo necesario”.
Mao- Tse-Tung.
Los grandes cambios políticos y sociales han influido
e influyen, sin duda, sobre el curso de las ciencias sociales, proyectan nuevos
objetos de estudio e investigación,
cuestionan metodologías, que parecían consolidarse e incluso provocan cambios
drásticos en los regímenes políticos.
México se caracterizó durante 71 años del siglo XX
(1929-2000), como un régimen político ayuno de organizaciones democráticas, el
liderazgo mexicano estaba por añadidura en manos del presidente y de su
partido, el PRI apoyado por el clientilismo, el corporativismo y, desde
luego, el patrimonialismo. El discurso dominante fue el discurso de la
Revolución, único, mostrando, una y otra vez, su capacidad para abrazar a
los llamados “grandes sectores”, a las “clases mayoritarias”.
México era uno, se decía, unido, sólido, con orígenes motivo de orgullo y
proyecto claro. Pero a ese México comenzaron a desnudarlo sin piedad.
Primero fueron las clases medias, inquietas como siempre. Después, aparecieron
en la escena social, dejaron de hacer mutis, nuevos actores que cobraron
conciencia de su ser y de su voz. A la vista de todos quedaron las impudicias
autoritarias del sistema. Para muchos mexicanos su país dejó de ser caso de
excepción, de crecimiento con estabilidad y un presidente cuyo liderazgo todo
lo resolvía, semidios omnisciente; y pasó a formar parte del vergonzoso elenco
de la peor pasarela autoritaria. ¿Qué había cambiado?. No fue el país
sino sus moradores. Los reclamos se multiplicaron explosivamente. La represión
atizó la hoguera.
El cambio era irreversible aunque el imaginario
colectivo todavía navegara por los mares de la añoranza restauradora.
En palabras de Emilio de Ipola: “…el país comenzó a
dividirse, escindirse en diversos bandos, dependiendo de los niveles
educativos, grado de información, politización y cultura política…” . De
entonces y para fines de los violentos años noventa, como bestia herida, el
aparato oficialista fue paulatina, gradual, pero sostenidamente dando tumbos y
pasos sin rumbo.
En este tenor, hablar de liderazgo político en las
organizaciones democráticas en un México presidencialista y autoritario es
técnicamente imposible hasta la primera mitad de la década de los ochenta. Con
la aparición de líderes empresariales afiliados al Partido Acción Nacional a
partir de dicha fecha; se puede mencionar tímidamente como ejemplo ilustrativo,
al empresario y próspero agricultor Manuel J. Clouthier quien desde las filas
de la derecha panista comenzó a alimentar un liderazgo sin precedentes que
llevarían a este instituto político a ganar por primera vez un asiento en el
senado, en efecto, en 1988 el bajacaliforniano Héctor Terán Terán llegaría a
ocupar una curul en el senado de la República, así el liderazgo de Clouthier se
consolidaba al interior de Acción Nacional, un partido a diferencia del PRI,
con un fuerte grado de institucionalidad, cohesión y mecanismos democráticos internos.
Si bien Manuel J. Clouthier no venciera en las
elecciones presidenciales de 1988, comenzaba a dejar bien posicionado al PAN en
el norte del país, donde al año siguiente ganaría por vez primera en su larga
historia una gobernatura: Baja California quedó en manos del empresario
convertido en el primer Gobernador de oposición en la historia del México
contemporáneo: Ernesto Ruffo Appel pasaría a convertirse en un
fenómeno poco creíble en el contexto de un régimen de partido hegemónico que no
cedía espacios de poder, una senaduría sería razonablemente aceptable para el
PRI, pero perder una entidad federativa sentaba un precedente que como un
espiral comenzaría a elevar las expectativas democráticas del país. Y desde el
2000 al 2012 el PAN se alzó con un triunfo que la sociedad vio como un cambio
que al final del el último gobierno panista, esta misma sociedad se hartó
del partido conservador, y deja entrever el patente riesgo de un PRI
omnipotente que está de regreso en los Pinos a costa de comprar una elección,
por ello llamo a la concientización y reflexión de la sociedad aguascalentense
a la hora de ejercer su voto en los próximos comicios locales del año 2013,
donde el PRI hará uso de todos los recursos públicos a su alcance para echarse
a la bolsa las 11 alcaldías que se renovarán y las 18 diputaciones de mayoría
que de igual modo estarán en juego.
Porque parece que llegó la hora para que el priísmo se
miráse al espejo, más allá de mitos unificadores y supuestas estructuras que no
le eran ajenas y que son solamente dolorosos reflejos de su ausencia de
democracia y libertad. Así, pues, México tendrá que crear un nuevo
abecedario para poder leerse de manera adecuada, precisa, veraz, moderna. A la
lógica aristotélica, al pensamiento ilustrado, a la mitología mexicana, tendría
que añadirle apertura democrática y respeto al resultado de las elecciones
locales del próximo año para poder tener certeza en nuestras instituciones y no
volver a ser gobernados por mandatarios espurios que nunca legitimaron sus
triunfos en la urnas: Carlos Salinas de Gortari y Felipe Calderón Hinojosa son
ejemplos a nivel federal de esta lamentable situación.