América: Descubrimiento o Conquista
Historia | 10/10/2012

Cuando Colón, que hasta  los 46 años logró convencer a los reyes de Castilla y de Aragón para que le ayudasen a su empresa y que vino a hacer del hallazgo de América la obra de la decadencia de su vida, debió  renacer en la mocedad de aquel hombre, con quien seguramente cruzó diálogo de melancolía y de tristeza, encendidos de  íntima fe, sobre el puente de una carabela, bajo la luz de los diamantes que vigilan las noches de América, con la sal del mar sobre los labios y el corazón en saltos de aventura.

Aquellos debieron ser momentos de placer inesperado en la vida del almirante.

En el descubridor debe ocurrir algo parecido a lo que pasa en el caso de los inventores, que es  en los momentos febriles de la intuición,  de la hipótesis, del hallazgo, de la comprobación, cuando se suman a las horas mejores de su existencia. Pero el descubrimiento de América, junto con la invención de la máquina, suele no ser sino un monótono compás de melancolía el que marca los minutos, las horas, los días de quien inventa o descubre.

Colón sabía muy bien a qué reyes estaba sirviendo y trataba  de guarecerse en las sagradas escrituras para salvar no tanto el alma, como el pellejo. Por eso el fondo melancólico en las palabras de sus profecías: “ya dije que para la ejecución de la empresa de las Indias no me aprovechó razón, ni matemática, ni mapamundis; llanamente se cumplió lo que dijo Isaías”.

Lo que hizo el almirante fue tomar la esfera real y colocarla sobre  la mesa de los sabios, para que éstos miraran absortos. De Colón para acá, al sabio se le representa delante de un globo terrestre. El 3 de agosto de 1492 salió Colón del puerto de Palos; es una historia sin historia, y la historia sin historia es un contrasentido. Empero, el viaje de Colón no abre la historia del descubrimiento de América, sino la de su conquista. Descubrir es una tarea infinitamente más larga, difícil y delicada que conquistar. Es obra finísima de inteligencia, de astucia, de disimulo, de lupa. Conquistar es un acto único de dominio. Es descargar el brazo imperial sobre una nación débil. El descubrimiento es una empresa de la inteligencia, la conquista una empresa de las armas. Del descubridor al conquistador existe la misma distancia que va de un estudiante aun soldado, de un universitario a un sargento, de un científico a un general.  La vida pone esos márgenes de ironía que bordean las páginas de la inteligencia.

Comentarios

2 - Samuel Cámara Jardón - 25/10/2012 18:35
GRACIAS POR EL TÍTULO RECOMENDADO, ME APETECE CONOCERLO.
1 - - 16/10/2012 23:10
Un libro recomendable sobre este personaje es Breve Historia de Cristobal Colón.
Si os apetece conocerlo
https://www.facebook.com/brevehistoria
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