Capuchas fuera. Rostros al aire
Ciudadanía | 08/10/2012
A pesar del juez Pedráz y de su buenismo con los impulsores de la propuesta de ocupación, asalto y rodeo de la institución de la soberanía nacional, el Congreso de los Diputados, y a pesar también de la desautorización y menosprecio a las fuerzas de seguridad expresadas por el citado juez, los españoles que defendemos el orden y la tolerancia dentro del respeto, los modos pacíficos de manifestación, y la libertad, tenemos que aunar las voces para exigir leyes y medidas que nos protejan de dictámenes tan distantes del orden, de la convivencia y de la realidad como el de este juez estrella.

Las conclusiones a las que llega y plantea el señor Pedráz tan solo nos llevan al despiste y a la confusión. Además de dar alas a los instigadores de actos violentos para el desorden y el asalto de espacios, -pues no debemos minimizar lo que hubiera sucedido el 25S de no haber intervenido la Policía-, del razonamiento que hace en su auto es fácil deducir la total permisividad que predica para cualquier intento de asalto o toma de una institución, aunque sea a la Audiencia Nacional. No conforme con tal irresponsabilidad, advierte a las fuerzas del orden sobre el cuidadín de intervención, pues les puede caer la particular justicia del señor Pedráz.

Con tantas algaradas y movimientos callejeros, larvados y aletargados mientras la ruina y el galopante desempleo crecían, se está llegando a unos límites de manipulación y de demagogia que irritan. Tan solo hace falta que la delegada del Gobierno en Madrid se pronuncie sobre unos hechos que estrangulan la actividad mercantil y urbana de la capital de España y, a su vez, crean serios perjuicios a cientos de comerciantes y ciudadanos, para que salgan en tromba todos los ‘demócratas’ de pitiminí, que pasan de la Constitución, y comiencen a insultar, tergiversar y manipular las palabras y pronunciamientos de la responsable madrileña del orden, que en ningún momento ha dicho que se corten, anulen o limiten los derechos de expresión, manifestación o reunión de los ciudadanos.

Ahora que el Ministro de Justicia, señor Gallardón, está poniendo interés en revisar algunas normas y leyes de nuestro Código Penal, es momento oportuno para revisar y modificar actuaciones y conductas que se suelen producir en grandes o pequeñas concentraciones, manifestaciones y algaradas. Me refiero concretamente a la cada vez más necesaria ley que prohíba el uso de capuchas, pasamontañas o pañuelos, que algunos utilizan para tapar su rostro e impedir ser identificados mientras cometen actos vandálicos. Suelen ser cobardes y violentos individuos que se escudan en el anonimato para agredir a la policía, quemar banderas, romper lunas de entidades y comercios, y destrozar mobiliario urbano.

Si en realidad ya existen artículos en la Ley que contemplen este tipo de sanciones, ¡aplíquense!. Si no existen, ¡introdúzcanse!.

Comentarios

1 - Alejandro Prado Martinez - 08/10/2012 10:21
Sin dejar de concordar en la exigencia de rostro descubierto de todos quienes participen en cualquier tipo de concentración en espacio público, resulta igualmente necesario investigar la extendida práctica policial de infiltrarse "encapuchados" dentro del grupo manifestante.
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