¡Ni perdón, ni olvido!
El Movimiento #YoSoy132 vino
a representar un renovado momento político para México, sin embargo no ha
encontrado total tierra fértil en la cual fecundar ideales; ha pasado a ser,
para muchos un movimiento de moda, que solo se debió quedar ahí, en el proceso
electoral.
Cuando muchos criticaban que
los jóvenes eran unos desinteresados en el rumbo del país, cuando muchos ya
daban por perdida esta generación, cuando creían que los estudiantes solo
estaban encerrados en cuatro paredes y de ahí no había más que pensar en su
futuro trabajo, una movilización nacional vino a contradecir estas premisas.
Naciendo de un momento muy
significativo, como lo fue el proceso electoral, #YoSoy132 cargo en sus hombros
una responsabilidad que no solo corresponde a la juventud mexicana - por ser
mayoritaria- sino a la clase política y sociedad civil restante.
Este acontecimiento de
grandes movilizaciones a nivel nacional, que logro descentralizar la atención y
las protestas de la capital del país, consolidándose como uno de los primeros
movimientos que pudo comprender la expresión ciudadana, ante la inminente falta
de respuesta política.
Pero al parecer las grandes
convocatorias solo tendrían un fuerte apogeo mientras la gente estuviese
enardecida, después al parecer se les olvidaría o entro en una fase pasiva, de
resignación; ese ha sido el problema de México, de una sociedad que mientras
haya fuego se acerca a recibir el calor, pero cuando baja la flama no se
preocupa en atizarla.
Y no es que no quiera, es
que hasta ese grado se le ha obligado a esta sociedad, mintiéndole, distorsionándole
su propia historia, porque la historia es de quien la quiere escribir, pero no
nos hemos armado de valor para eliminar esa insensibilidad social y política.
Al mismo tiempo que se le
cargo una responsabilidad a esta nueva generación, también se le ha empezado a poner
un estigma por parte de quienes han querido desprestigiar al movimiento y otros
que siguen sin creer en que los jóvenes sí pueden hacer e inmiscuirse en la
política del país de manera crítica.
Las grandes posibilidades de
un mejor país se veían al final del túnel; una
generación que echo de lado las clases sociales, salió a las calles sin estereotipos,
pudieron dar cuenta que solo siendo una sociedad participativa y logrado fortalecer
la coyuntura que los separaba, se podía ver un acercamiento pleno a la
realidad.
Fue esa misma realidad y la
misma sociedad que ahora se ha ido apagando, ha empezado a entrar de nuevo en
una recurrente pasividad, una pasividad que se ha empezado a destacar también
con la poca exigencia a sus gobernantes, ha hecho que vuelvan a ser críticos
desde la comodidad de sus casas y frente a un monitor.
Si bien es cierto, que más
del 70 por ciento de la población mexicana es joven, las responsabilidades es
de todos los que integramos esta gran nación.
Dos de octubre, no se olvida…
Pasara de nuevo a la historia
este dos de octubre, de nuevo vimos a una gran masa movilizándose, después de
44 años universitarios de nuevo hacen suya completamente la Plaza de las Tres
Culturas, los sentimientos volvieron a coincidir: buscar la transformación de
México.
Gritar o callar, solo hay de
dos. Y esta vez se rompió el estigma de que solo las movilizaciones son fuertes
si se hacen en la capital mexicana, se hace más si se logra convocar a un país
entero.
Este dos de octubre llega a
ser muy especial, el contexto mexicano y mundial no es muy diferente al del 68,
siguen siendo los universitarios quienes impulsan este grito de libertad,
democracia y justicia social.
Por ello, más que solo
recordar por un día a los caídos -víctimas de la intolerancia, el hambre de
poder y control-debemos seguir inmortalizando los ideales, a los compañeros hoy
ausentes, que a ejemplo de ellos seguimos aquí.
Porque el 2 de octubre, no
se olvida, no se perdona, no se olvida porque no fueron 300, fueron más, por lo
que a nosotros los universitarios, y al pueblo en general, debe recordar que se atentó contra una de las instituciones
fundamental para nuestra sociedad: La Universidad
Mismo lugar en el que ahora,
también se ha incurrido en negarle la libertad de expresión que nos corresponde
como ciudadanos. Un minuto de silencio ante los caídos de esas fechas, por pensar diferente, sea
cuales fuesen sus ideales políticos.