Ésta última quizá sea a referencia cinéfila más implícita gracias a la inclusión nada casual en el cast de una Sigourney Weaver, ya consagrada años atrás con este clásico, y que aquí desempeña un doble papel con el que se luce y vuelve a demostrar lo gran actriz que es. Junto a ella, el otro gran acierto del reparto es un divertidísimo Bill Murray, en el papel del mujeriego Dr. Peter Venkman, el líder de Los cazafantasmas. Tanto Weaver como Murray son las dos caras más visibles de un reparto bastante icónico que destila complicidad y, sobre todo, comicidad. Para prueba todos los momentos protagonizados por la secretaria de los Cazafantasmas o por la ya emblemática Guardiana de la puerta, verdaderamente hilarantes.
La película puede presumir de una primera hora excelente, muy fluida y entretenida, pero se desinfla en la última media hora para volver a alzar el vuelo en los últimos minutos pertenecientes a la lucha definitiva con ese iconográfico y gigantesco muñeco blanco del final. En líneas generales, por tanto, el director mantiene el pulso narrativo a lo largo de casi todo el relato y consigue no aburrir al espectador, mostrándose especialmente hábil en retratar el proceso por el cual este trío de "profesionales" pasan de ser unos perfectos desconocidos a ser unos auténticos héroes de la Gran Manzana, jaleados y reconocidos. Todo ello contribuyó, sin duda, a que pasase a ser una de las cintas más taquilleras de la década, hasta el punto de que no sólo dio pie a una serie de dibujos animados inspirada en ella, sino que además se puso en marcha una secuela con prácticamente el mismo elenco protagónico, aunque sin el desparpajo, ni el toque extrovertido, ni la característica puesta en escena que hicieron de la primera entrega un título de culto.
Otro de los bastones sin los cuales se hace muy difícil hablar de Los Cazafantasmas, es su pegadiza banda sonora -nominada al Oscar a la Mejor Canción Original-, de resonancias épicas y tono heroico, que no tardó en convertirse en el auténtico emblema de la película y ante la que es imposible quedar impasible. Hoy, resulta recomendable hacer el sano ejercicio de revisar esta surrealista historia y descubrir por qué sigue manteniendo intacto su espíritu, ese que contribuyó a hacer de los 80 una época tan cinematográficamente recordada.