Basada en la novela homónima de Nicholas Sparks -el mismo autor que, años más tarde, escribiría El diario de Noa (Nick Cassavetes, 2004)-, la historia, que sigue un patrón explotado históricamente en el cine, gira en torno a Landon (Shane West), el chico más popular del instituto que, en contra de lo que nunca imaginó, se enamora de Jamie (Mandy Moore), una tradicional joven convertida en el hazmerreír de la escuela . Con el paso del tiempo, Landon será consciente que su relación con Jamie no sólo le ha hecho creer en el verdadero amor, sino que ha transformado los cimientos de su personalidad, volviéndolo un ser más tolerante, respetuoso, capaz de apreciar los pequeños detalles de la vida. A través de una placentera puesta en escena -a pesar de un manido uso de los primeros planos- una más que recomendable selección musical -muchos de los temas interpretados por la actriz protagonista, como Only Hope, o la canción principal, Cry-, por su hipnótica forma de desarrollar el manido argumento en el que se basa o, también, por la innegable química que desprenden los protagonistas, establecemos que Un paseo para recordar es un producto de nivel muy superior al de otras obras de temática similar -lejos queda de infumables títulos como Alguien como tú (Robert Iscove, 1999)-, donde todo está contando de una forma tan dulce y absorbente que no hace sino provocar que la obra se vea con el más absoluto de los deleites.
Por supuesto que la ficción peca de alguna que otra salida de tono como es el caso de un buen puñado de ¿chistes? innecesarios, unos personajes que luchan -sin éxito- por huir del estereotipo más convencional y que el elemento sorpresa es casi inexistente -a pesar del ya mencionado giro dramático- en una historia que no está dispuesta a romper con el paradigma de su género, con una estrategia narrativa que la historia ha demostrado ser sinónimo de éxito. Y es que, en efecto, Un paseo para recordar se alzó como la nº1 de la taquilla USA, sirviendo como inspiración a varias oleadas de jóvenes generaciones que ya veían en ese archiconocido "nuestro amor es como el viento: no puedo verlo, pero sí sentirlo", un nuevo slogan teen que, aún hoy, sigue sin dar muestras de agotamiento. Además, que levante la mano que, como la protagonista del film, esa heroína llamada Jamie, nunca ha deseado con estar en dos sitios a la vez o con hacerse un tatuaje sin que nos importe lo más mínimo lo que los demás opinen de nosotros. Un ejemplo más de la inofensiva naturaleza de un film cargado de buenas intenciones.
Resumiendo: una película cuyo previsible carácter no le resta puntos a la hora de despuntar cuando lo que se propone es emocionar al personal. Es ahí donde la cinta de Shankman despunta, demostrando saber jugar muy bien sus bazas, dominar el tinglado con peripecia. Si esto queda aliñado con una correcta duración -poco más de hora y media- y, en líneas generales, la cuidada belleza en la que se baña, no cabe duda que Un paseo para recordar bien merecido tuvo el hecho de convertirse, de forma instantánea, como uno de los más sólidos referentes juveniles (y no tan juveniles) que ha dado el cine en años. Y no será quien suscribe el que le quite dicho mérito.