No hay camas para tantos pacientes en cuidados intensivos
En el Camino Distrital hay 41 nuevas camas de UCI que se encuentran en ajustes previos.
A la espera de una cama pediátrica de cuidados intensivos, permanecía, Mariana*, una pequeña de sólo ocho meses de nacida, que no contaba con su documentación en regla. Ella había sido estabilizada en el Hospital Nazareth y su remisión a una UCI estaba sujeta a que otro menor mejorara su condición en alguna de las seis camas pediátricas que operan en el Hospital Cari de Alta Complejidad.
De acuerdo a lo expresado por Ramón Quintero, gerente de esta entidad de carácter departamental pero que opera en Barranquilla, esta situación es recurrente, ya que la capacidad instalada de camas de cuidados intensivos en la ciudad resulta insuficiente.
Considera que esta deficiencia será subsanada con la entrada en operación en los próximos días de las 41 camas de UCI del Camino Distrital Adelita de Char, que se convierte en el primer centro asistencial de III y IV nivel dentro de la red pública hospitalaria de carácter distrital.
En la actualidad, la cantidad total de camas de UCI entre las instaladas en Barranquilla y los diferentes municipios del Atlántico es de 544, entre públicas y privadas, siendo 305 de ellas para atención de pacientes adultos, solo 76 para pacientes pediátricos y 163 para pacientes recién nacidos y menores de un mes; un 16% por debajo de lo recomendado por la OMS.
La secretaria de Salud del Distrito, Alma Solano, señaló que de acuerdo a las estadísticas de eventos del régimen subsidiado que requirieron ser remitidos a cuidados intensivos, las nuevas camas de cuidados intensivos del Camino Distrital entrarán a solucionar la necesidad de UCI para este sector de la población.
Para David Peláez, secretario de Salud del Atlántico, el Departamento sí tiene un equilibrio coherente entre la oferta instalada y la demanda existente, pero al sumar las necesidades de Barranquilla y las múltiples remisiones que día a día llegan de toda la Región, en ocasiones colapsa la capacidad de respuesta de la ciudad, sobre todo en UCI pediátrica.
¿Cómo estamos?. De acuerdo a un análisis del especialista Ulahy Beltrán López, asesor de la Contraloría General de la República, la Organización Mundial de la Salud recomienda de 4 a 4,75 camas hospitalarias por cada mil habitantes en poblaciones de más de cien mil habitantes y de estas, entre el 5 y el 10% deben ser de cuidado intensivo. “En términos generales, una aproximación racional de la cantidad de camas hospitalarias y de cuidado crítico para la región podría ser de 2,5 a 3 camas por cada mil habitantes, y de éstas entre el 5 al 10% deben ser de cuidado intensivo”.
En ese orden de ideas, a una población como la que tiene -de acuerdo con el último censo- el departamento del Atlántico, incluyendo la del Distrito, que es de 2’166.156 habitantes, le corresponderían cerca de 6.500 camas hospitalarias (3 por cada mil habitantes) y entre 325 y 650 camas de cuidado intensivo de carácter general.
En opinión de Beltrán, la cifra total de camas de cuidado intensivo de 544, para la población de Barranquilla y los municipios, está por debajo del 10% del total de camas hospitalarias que deberían existir y estar disponibles para esta población.
“Además del déficit de camas de UCI observado especialmente para los pacientes pediátricos, en muchas ocasiones la oferta localizada mayoritariamente en Barranquilla, está ocupada también por pacientes de otros departamentos de la Costa, como quiera que la ciudad es centro de referencia regional, lo que dificulta el acceso a este servicio de pacientes procedentes de la misma Barranquilla o de los municipios del Atlántico, independiente si son del régimen contributivo o del subsidiado, o de la misma medicina prepagada.
Solución. En opinión de Beltrán, debe establecerse una política estatal específica para cuidado intensivo, que incluya la apertura de nuevas camas, donde se garantice la dotación suficiente, y el recurso humano calificado y entrenado.
Explicó que algunos especialistas sugieren un programa de estratificación de las UCI acorde con las condiciones económicas y geográficas del país.
Para Alma Solano y David Peláez, la clave para evitar desbordar la oferta de UCI está en fortalecer las labores de prevención para que la población utilice menos este tipo de servicios.
Un ejemplo de ello es que cuando se hace un excelente control prenatal y se estructura un embarazo seguro, mitigando las complicaciones antes, durante y después parto, hay una reducción en la frecuencia de uso de la UCI neonatal. Así mismo, la inmuno-protección y los hábitos de vida saludables favorecen la disminución de la demanda de UCI pediátrica y de adultos.

