Competitividad:
Clústeres
*Jorge
Navarrete Bustamante
Un clúster es un grupo de empresas
interconectadas y de instituciones asociadas, ligadas por actividades e
intereses comunes y complementarios, geográficamente próximas. Michael Porter
(1998)
Las raíces de los clústeres a
menudo reflejan circunstancias históricas o desarrolladas por eventos casuales,
pero una masa
crítica impulsa un proceso de auto-refuerzo. En Chile, el clúster de la
minería del cobre, o el del vino, son algunos ejemplos conocidos.
Existe evidencia que los clústeres
bien llevados aumentan la productividad / eficiencia operacional, y se basan en
un equilibrio entre la competición y la cooperación.
En general, las políticas de clúster han
contribuido substantivamente a superar varias barreras de cooperación, tanto
dentro de clústeres como entre los distintos clústeres.
¿Qué
papel deben jugar las instituciones
para la colaboración o Stakeholders en estos dinámicos encadenamientos?
Estos
contribuyen a modelar y/o mejorar los entornos competitivos a través de:
1.
La creación de relaciones y del nivel de confianza que hace a las
empresas más efectivas.
2.
La definición de estándares comunes.
3.
La dirección o facilitación de acciones colectiva.
4.
La definición y comunicación de creencias y actitudes comunes.
5.
El suministro de mecanismos para desarrollar un plan de trabajo del
clúster o de la economía en general.
¿Qué
ocurre cuando tales instituciones son esmirriadas?
Es
allí donde el liderazgo del gobierno es vital, facilitando, integrando,
promoviendo, apoyando, incentivando, el trabajo emergente de los clústeres, e
involucrando a la empresas “tractoras” que “tirarán” o “empujarán” a las
instituciones clusterizadas. Ese rol del gobierno ocurre hasta que el tejido
empresarial madura en cooperación y gestión de clusters.
Todo
ello en el marco de una Estrategia Regional de Competitividad, de Planes
Competitivos, de Programas de Competitividad que contienen sus respectivas
áreas de trabajo en cada clusters y de propuestas de acción para cada caso.
La
“triple hélice” Empresa, Gobierno, Universidades, en general; y las
instituciones de colaboración, en particular -en interacción más constructiva
que burocratizante-, llegan a
identificar nuevas oportunidades para la competitividad de una región, a
identificar sinergias, a difundir información estratégica, a evaluar todo su
proceso.
Así, en todo el proceso cada
clusters define la mejora de su competitividad respondiendo a
los retos estratégicos a través de la cooperación de todas sus instituciones.
Se ha
constatado, en tiempo razonable, que se
empiezan a desarrollar sinergias entre los diferentes clusters existentes de
una región: entre “clústeres
de cadena de valor” y “clústeres
transversales”; entre clusters heterogéneos en tamaño, nivel de asociación, y tipo de
miembros; pero que en definitiva todos trabajan en común tres áreas principales
de acción: calidad, tecnología e internacionalización.
Así, los clusters incrementan
la productividad en su región y el ingreso de sus habitantes.
MBA. Universidad de
Talca.