Creo
recordar que es en la primera escena de Cuentos
de Locura ordinaria, el afamado film de aquel Marco Ferreri de La Grande Buffe, basado en la obra
homónima de Charles Bukowski ( quien fuera considerado el máximo representante
del “realismo sucio”), cuando Ben Gazzara, coprotagonista de la inigualable
Ornella Muti y que hace el papel del
poeta y borracho Charles Serking, expresa que todo en la vida es cuestión de
estilo; que podemos hacer cualquier cosa (el amor, morirnos, emborracharnos,
etc.) pero que lo importante es hacerlo con estilo. Esta escena me ha venido a
la mente a la luz de las acciones de ciertos gobernantes que seguramente pasarán a la
historia no sólo por su estilo muy peculiar, sino sobre todo por su petulancia
y falta de modestia.
Recordemos
por un momento que desde los inicios de la civilización Occidental ya se tenía
a la prudencia y la mesura como las virtudes cardinales de nuestra vida
práctica, lo que llevó a los antiguos griegos a desarrollar el genero trágico
sobre la base de lo que le sucedía a sus imprudentes héroes, y a Aristóteles a proponer la búsqueda del “justo
término medio” como el camino para procurarnos la felicidad; esto es, a
sostener que hay tanto vicio en el exceso como en el defecto, siendo la acción comedida
la única que nos podría conducir a la tranquilidad de espíritu. Y que nada de
eso tendría que ver con la ideología que profesemos o los sistemas de
producción que adoptemos, con lo cual relacionan equivocadamente todos los valores los
marxistas.
Pues
bien, desde hace un tiempo se ha ido propagando por la región una serie de gobiernos
personalistas, con características más o menos similares ( como el que vivimos
en nuestro país, el de Rafael Correa, el
de Cristina Kirchner, y, en menor medida, los de Daniel Ortega y Evo Morales), donde sus
representantes acostumbran a descalificar al contrario , a estigmatizarlo y a insultarlo, a concentrar poder, a expropiar empresas, a cerrar medios de
comunicación privados, a perseguir y enfrentar a la prensa, a utilizar hasta el hartazgo la Televisión; pero, por sobre
todas las cosas, a procurarse el culto y la veneración de los ciudadanos sin
ningún tipo de decoro, regodeándose en el hecho de que todo , absolutamente
todo lo que sucede en sus países, depende de ellos. Lo cual los ha llevado también
a perseguir denodadamente la reelección en sus respectivos países.
Un
ejemplo de esa falta de recato lo tenemos en la reciente y desafortunada aparición
en televisión de Cristina Kirchner promocionando una muñeca de trapo, llamada “Cristinita”, realizada por la artesana Laly
Baliner y que se vende en el Museo del Bicentenario, un museo que forma parte de la Casa Rosada, sede del
gobierno argentino. En ese mismo acto, y
por si esto fuera poco, la Sra Kirchner exhibió también un muñeco con alas, simulando un ángel, que hacía alusión a
la imagen de su esposo, y del cual dijo que le parecía “soñado” .
En
resumidas cuentas, Vanitas vanitatis que
habla mucho de estos seres y sus actos efectistas de gobierno, que no conformes
con eliminar la autonomía del Poder Judicial y amenazar constantemente a los
ciudadanos – en una especie de novedoso bullying político –,
nos quieren obligar también a ser parte
de esa feria (con muñecos y todo) en que se han convertido algunos de sus
gobiernos.