El día que se pierde el empleo
Cultura | 15/07/2012
La caja era demasiado
pequeña para arropar no muchos objetos personales pero grandes en recuerdos de tantos
años. Todos salieron a mi encuentro, muchos me desearon lo mejor y algunos sí
realmente lamentaron mi marcha.
Me habían despedido.
Mismo atasco, distinta
hora. Pensaba en qué le diría.
Aparqué.
El motor parado pero la
radio no quise apagarla, era como si darle al botón fuera el fin de una
cotidiana y realizada vida, llena de estructura y sentido.
Llegó.
Viendo la hora y
traduciendo mi cara supo lo que había pasado.
Me abrazó.
Saldremos de ésta, me dijo.