La Pastora tiene
en su historia una rica herencia cultural, tradicional y anecdótica resaltante,
en cada esquina, calle, casa, acera, local, restaurante y personajes, hay una
memoria que lleva consigo una carga de sentimientos y hechos que han formado su
idiosincrasia.
A principios del
siglo XX existió un personaje que provenía de la localidad de Galipán a Caracas
con una carreta llena de flores y arreado por tres burros característicos.
Él abandonaba el
Cerro El Ávila en determinada temporada del año para decorar la ciudad con sus
hermosas flores que eran producto de una cosecha desmesurada y aplicada en una
zona donde el frío reina de manera ecuánime los 365 días del calendario
Gregoriano.
Guásimo, Chola y
Cachirulo eran las tres bestias que halaban sobre su presencia el peso de una
exquisita variedad de olores y colores. A Pacheco no le gustaba Caracas para
nada, la consideraba ruidosa, peligrosa, sucia, desordenada y cuna de bandidos
en cada rincón.
Habían zagaletones
en la ciudad que como reza la expresión popular “le mamaban gallo” por sus
características físicas, expresiones y lenguaje; los mismos hasta utilizaban a
los canes para hacerle pasar un susto a él y a sus inocentes burros.
Ahora sí
llegó Pacheco
Existía un
escándalo característico en la Puerta Caracas; la cual fue durante décadas la
entrada a la capital y una zona relevante del acontecer diario de una Venezuela
que apenas entraba al modernismo. Dicha algarabía ocasionaba activar a la
“radio bemba” (expresión popular que denota transmitir personalmente un
comentario) para difundir que con razón estaba haciendo tanto frío, puesto que,
es noviembre ya bajó Pacheco de su morada.
Sin mediar
palabras Pacheco vendía sus claveles, crisantemos, gladiolas y rosas, de a
locha para arriba y sin descuento, porque el precio que marcaban era lo
correspondiente a tan bellas obras de la naturaleza. Pacheco sólo vendía en
Caracas, odiaba bajar a La Guaira; donde consideraba hacia mucho calor para su
gusto, vendía en los meses fríos de noviembre, diciembre y enero,
respectivamente.
La ruta de Pacheco
era subir por el Camino de los Españoles y llegar a la capital por Puerta
Caracas e ir directo a la plaza de La Pastora, donde se apostaba frente a la
iglesia que era vestigio de sus ventas. Las campanas en secuencia mágica le
anunciaban el transcurrir del día y aun retumba ese sonido imponente en
Caracas. Después de iba a la avenida Baralt, principios de la Cota Mil y
finales de la avenida Fuerzas Armadas.
Desde el chichero
de la plaza, hasta la señora más chismosa le agradecían su presencia, porque el
hecho de estar allí garantizaba que los calorones iban a cesar por un tiempo.
Pacheco abandonó Caracas por allá en los años cuarenta, y sin lugar a dudas fue
un símbolo para la capital y el oráculo de que mejores tiempos están por venir.
En la actualidad todavía se le rinde tributo y permanece firme en la memoria de
los venezolanos.
Fuentes: Datos importantes obtenidos
gracias a un artículo Publicado por Claudio Nazoa en el diario El Nacional.
- Sr. Víctor
Zambrano habitante y propietario de la "Tienda Caracas" en La
Pastora.
Fotos: Cortesía de Google Images.