Pensiones políticas, pensiones de lujo
Política Nacional | 06/07/2012
Es exagerado. Al igual que el sistema nervioso se nos altera cuando nos hablan de las maletas atestadas de millones que los clubes futboleros pagan a los chutadores de balón, el mismo desasosiego nos produce, pero acompañado de cabreo, el leer la sucesión de dígitos que configuran los sueldos, pensiones, asignaciones, dietas, complementos y resto de bicocas de los políticos alistados. Es de sonrojo. Da pasmo.

En los momentos tiesos que vivimos, de penuria y de sopa de ajo cuando sobra algo, es deshonesta la desproporcionada distancia que existe entre el poder adquisitivo que tenemos la gran mayoría de españoles agraciados con curro y el que tienen y disfrutan los políticos de pedigrí. Se mire desde la ideología que se mire, son disparatadas e injustas las graciosas normas que se han establecido para reconocer y garantizar salarios, pensiones, asignaciones y generosas dádivas a políticos cuando cesan en su actividad.

Si ya de por sí es injusto, de toda injusticia, los caudales dinerarios que se adjudican los políticos en activo para pagar sus salarios, dietas y prebendas varias, tanto de diputados y senadores como de alcaldes, concejales y resto de operativos de la cuerda, llaman aún más al sobresalto los chollos dinerarios que percibe una gran parte del colectivo tras su retirada, cese o final de etapa. Los privilegios se extienden a la prolongación en el tiempo de sueldos y a las cotizaciones de privilegio que les garantizan máximos en las pensiones de jubilación.

Y es que según están las cosas, hasta el más tonto quiere entrar en política, aunque haya que empezar la escalada de pegacarteles, ensobrador o buzonero. No hay carrera más simple, corta, barata, y de más rápida proyección hacia el coche, la moqueta y la buena renta, que la política. Además no se necesitan estudios ni conocimientos especiales para ejercer. El único requisito es apuntarte al partido y, si quieres trepar pronto, no hay más remedio que pelotear bien y, eso sí, pagar la cuota.

Son numerosos los ejemplos frescos que tenemos, como los recientes casos de Leire Pajín, Bibiana Aído, José Blanco y otros muchos afortunados. Sobre esto de las bicocas que emanan del ejercicio de la política se puede también preguntar, por ejemplo, a José Luis Rodríguez Zapatero, que a pesar de su nefasta gestión y fin de etapa, mantiene unos ingresos próximos a los 150.000 euros anuales. También puede dar fe de lo jugosa que es la política y de lo bien que se vive a su sombra, María Teresa Fernández de la Vega, que igualmente percibe una cantidad próxima a los 150.000 euros anuales, por haber ejercido en los últimos años una representación política con, según el Tribunal Supremo, actitudes de “intolerancia incompatibles con una sociedad democrática”. Casi na.

Mientras algunos cobran dos o más asignaciones y complementos públicos por enredar en la política, una viuda, por ejemplo, no puede cobrar dos pensiones, por míseras que sean, como tampoco lo puede cobrar un trabajador que haya cotizado simultáneamente a la Seguridad Social y como autónomo.

Sin embargo los altos cargos, ministros, diputados, o secretarios de Estados, con una cotización reducida de siete años, aforada con nuestros impuestos, pueden compatibilizar dos y hasta tres pensiones como recompensa a su trabajo. Así lo asegura el despacho Larrauri&Martí Abogados en Invertia. Además, por solo jurar o prometer el cargo, todos tienen derecho a cobrar la pensión máxima.

Ante esta triste realidad sería lógico que las colas del Inem sean trasladadas a las sedes de los partidos.

P.D. Es justo decir que hay políticos eminentes, con regia preparación y solvencia, que están en política por vocación a costa de perder dinero. 

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