Mercadotecnia.
Si andas comprando computadoras, es bueno analizar e investigar sobre el
producto y evaluar bien la experiencia, pero si deseas preservar esa positiva
emoción de amor no la racionalices, mientras más lo hagas más se disipa.
Se
trata de la paradoja “de boca en boca”. La escuchamos por todos lados, muchos
aseguran que no necesitan invertir en publicidad porque los relatos de las
personas son suficientes, sólo llegar, probar y luego hablar sobre eso es
suficiente. Pues bien, ahora investigadores se lanzan a investigar esta
conducta y observan que estas historias afectan la forma en que nos sentimos
respecto a nuestras experiencias. Sarah Moore lo explica claramente: “Si
quieres que las memorables vacaciones de la familia se mantengan memorables,
retírate del teclado y deja de analizarlo. Seriamente”.
La
investigadora de la Escuela de Negocios en la Universidad de Alberta en Canadá
nos dice que analizar y pensar sobre una experiencia emocional no es lo mismo
que hacerlo sobre una experiencia práctica.
“Cuando
tenemos una experiencia emocional, como viajar o ver una película,
desarrollamos emociones sobre esas experiencias y cuando contamos estas
historias, podemos luego describirlo y expresar nuestras apreciación o nuestro
disgusto sobre ellas, sin embargo, cuando comenzamos a analizarlas, el lustre
emocional se disipa. Es similar al trabajo que psicólogos clínicos han hecho
para ayudar a las personas a sobreponerse de experiencias traumáticas al
analizar y procesar sus emociones. Por lo tanto, pensar en una experiencia
negativa se puede traducir a una segunda oportunidad a ese restaurante que no
nos gustó, eso es, si lo analizamos. No obstante, para experiencias positivas,
lo mejor es no pensar mucho”, expresó Moore.
De
hecho, uno de los ejemplos de la investigadora es el amor. Tantas veces te
dicen que no debes preguntarle a nadie “por qué te ama” o analizar “por qué
amas a alguien”, no es recomendable racionalizar o analizar ese tipo de
sentimientos.
“Mientras
más lo haces, más se disipa. Si tienes una emoción positiva que te gustaría
preservar, no pienses por qué, sólo revívela”, expresa.
Experiencias
cognoscitivas
Por
supuesto, otras experiencias en nuestra vida no son emocionales sino
cognoscitivas. Por ello, si estás evaluando la compra de algún producto,
pensarlo, racionalizarlo y analizarlo te regala una mejor perspectiva en la
elección de lo que se usará o no. Pensarlo amplifica los sentimientos, ya sean
negativos o positivos que tenemos sobre ellos y puede regalarnos beneficios
acerca de la compra que vamos hacer. Investigar es lo mejor para eso.
De
hecho, la investigación de Moore también repasa las páginas sobre productos y
servicios que los consumidores tienen ahora en sus pantallas para repasar sus
compras o los servicios que requieren. Allí, las opiniones de otros
consumidores son las que cuentan y mientras más serios sean sobre los
comentarios, más populares se convierten. Cada vez más, la persona busca su
mejor interés en una compra o contratando a un plomero, por ejemplo. De hecho,
para muchos, la recomendación, de boca en boca, de varios miembros de la
familia y amigos es suficiente.
Universidad
de Alberta: http://www.ualberta.ca