Si nos detenemos un instante y miramos con atención a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que vivimos en una época convulsa en la que el conflicto es una constante en casi todos los ámbitos de la vida: la pareja, el trabajo, los negocios, etc. El mundo educativo no es ajeno a ello. En la actualidad estamos sufriendo una crisis económica temporal (o eso esperamos) pero al mismo tiempo vivimos inmersos en una crisis educativa permanente. Por tanto, es momento de empezar a trabajar y pasar a la acción para poder salir de esta crisis y dar paso a un cambio positivo que beneficiará positivamente a nuestra sociedad en muchos aspectos. Como muy bien señala el filósofo José Antonio Marina “la nostalgia educativa es una farsa. Nunca hemos tenido mejor escuela que ahora”. Tenemos indicios de que esto realmente es así, pero a pesar de ello todavía nos quedan muchas cosas por mejorar…
En muchos ámbitos, la humanidad ha conseguido grandes cambios y un
desarrollo totalmente impensable hace unos años: grandes descubrimientos y
avances científicos en campos como la informática, las comunicaciones, etc.
Todos estos avances están incidiendo de una manera u otra en el mundo educativo que, pese a algunas
resistencias iniciales, está teniendo que cambiar y adaptarse a estas nuevas
formas de vivir, comunicarse y; por tanto, de enseñar y aprender. No obstante,
nos seguimos encontrando con una gran contradicción pues observamos que a pesar
de todas estas mejoras, avances y transformaciones estamos reincidiendo en los mismos errores y
no acabamos de dar solución a una gran cantidad de problemas socio-educativos
que no hacen sino extenderse como una verdadera epidemia que nos invade e incapacita
para salir de esta crisis permanente que he mencionado anteriormente. Los
medios de comunicación no dejan de bombardearnos con palabras como bullying,
fracaso escolar, etc. Nos transmiten el
mensaje de que todo lo que tenga que ver con la educación es negativo, que está
todo muy mal. No se hacen eco de los aspectos positivos de la educación. Lo
malo vende más. De esta forma intoxican y contagian un pesimismo educativo que
provoca que nuestro sistema educativo se debilite y enferme impidiéndonos avanzar
con rumbo fijo para revertir esta situación.
Llegados a este punto, nos deberíamos plantear una serie de
cuestiones:
-
¿Cómo es posible que hayamos
llegado a esta situación?
-
¿Qué hemos hecho tan mal para
estar así?
-
¿Qué cosas no hemos tenido en
cuenta para cometer estos errores?
Y sobre todo, cuestiones que nos hagan reflexionar a cada uno de
nosotros y hacer propósito de enmienda para pasar
a la acción:
-
¿Qué grado de responsabilidad
tengo yo (tanto por acción como por omisión) en este proceso de debilitamiento
y crisis educativa?
-
¿Qué puedo hacer yo para
contribuir a un cambio positivo del
mundo educativo?
Para que las cosas empiecen a cambiar es necesaria una mayor
preocupación por el impacto que tienen nuestras pequeñas acciones sobre el
sistema educativo del que todos formamos parte.
La educación tiene que cambiar. Esto es urgente y necesario y para
que esto ocurra necesitamos del compromiso
individual de cada uno de nosotros para aportar soluciones. Necesitamos con
urgencia un compromiso educativo de la
sociedad. No podemos esperar de manera ingenua a que los gobiernos
resuelvan el problema educativo porque hasta la fecha, hemos dejado esta toma
de decisiones en manos de los políticos y la situación lejos de mejorar no ha
hecho más que empeorar. ¿Por qué motivo? Porque las soluciones aportadas son pequeños parches: cambiar la ley educativa
y establecer numerosas reformas que nos han ido encerrando en un callejón sin
salida del que es difícil (pero no
imposible) salir.
Hay una frase de Gandhi que me encanta y que nos indica cuál es el
camino a seguir: “tú debes ser el cambio
que quieres ver en el mundo” y que con mucho atrevimiento suelo utilizar
aplicándola al tema que nos ocupa: “tú debes ser el cambio que quieres ver en el
mundo educativo”. Y es que
cada uno de nosotros debe tomar sus propias decisiones y comprometerse a llevar
a cabo un cambio personal si realmente queremos cambiar algo. Solo de esta
forma vamos a promover un gran tsunami
positivo que dará un vuelco a la situación educativa actual. Y de este
compromiso educativo personal surgirá un compromiso
educativo social más amplio en el que todos y cada uno de nosotros seremos
auténticos protagonistas: la escuela, las familias, los medios de comunicación,
los políticos, etc. Seremos promotores
de grandes cambios y transformaciones sociales.
Todos debemos empezar a preocuparnos por las repercusiones que
tienen nuestras acciones en el mundo educativo pues nuestra responsabilidad
educativa es compartida. Es momento de actuar.
Como destaca José Antonio Marina: “la
inteligencia humana termina en la acción. Gracias a ella, lo irreal puede
hacerse real”. Por tanto, no podemos quedarnos quietos, estáticos,
esperando a que algo ocurra. Tenemos que hacer
que sucedan cosas. Por desgracia, el pesimismo educativo que he citado
anteriormente actúa como paralizador porque
genera miedo, dudas, desconfianza, etc. En nosotros mismos y también en el
propio sistema. Damos por sentado que las cosas son así y que no se pueden
cambiar. No nos atrevemos a cambiar… El gran Albert Einstein ya dijo “si buscas resultados distintos no hagas
siempre lo mismo”. Esta magnífica afirmación encierra una gran verdad. Y la
tenemos que poner en práctica desde ya mismo. Parafraseando a Miquel M. i Pol:
“Todo está por hacer,
todo es posible todavía
¿quién sino todos nosotros?”
Aquí encontramos la clave
del cambio educativo: el COMPROMISO.
Insisto y no me cansaré nunca de repetirlo: necesitamos un compromiso educativo de la sociedad. Todos tenemos que aportar
soluciones: padres, madres, docentes, medios de comunicación, etc. Únicamente
pondremos en funcionamiento este “motor de cambio educativo” trabajando en equipos, tejiendo redes y estableciendo alianzas.
Con la fuerza de la unión provocaremos un cambio positivo en la educación. Para
ello son necesarias dos cosas básicas:
a) Que empecemos a tomar conciencia de manera individual de la
magnitud del problema al que nos estamos enfrentando.
b) Que descubramos y confiemos en nuestro propio potencial. Todos podemos ser impulsores y promotores de grandes cambios educativos. Solo tenemos que ponernos en marcha.
Aunque no lo creamos así, aunque pensemos que vamos a contracorriente, fruto del pesimismo educativo que se contagia a una velocidad de vértigo, somos muchísima gente deseando el cambio. Lo que ocurre es que o no sabemos cómo hacerlo o simplemente no nos atrevemos a llevarlo adelante. Y esto es lo que tenemos que empezar a cambiar: tenemos que vernos a nosotros mismos como pequeñas semillas capaces de crecer y multiplicarnos. Ninguna imprescindible pero todas necesarias. De ahí surgirá un gran CAMBIO.
Por
tanto, es momento de ponernos en marcha y preguntarnos cada uno de nosotros:
¿qué puedo aportar yo para solucionar este problema? Aportando nuestro pequeño
granito de arena estaremos provocando un movimiento
de cambio que nos conducirá en un futuro a dar solución al problema del
fracaso escolar. No solo estaremos solucionando este grave problema sino que
estaremos contribuyendo a un profundo
cambio educativo.
Óscar
González, profesor de educación primaria,
escritor, conferenciante y consultor educativo
oscargonzalez@telefonica.net