La inutilidad de una España cuajada de profesionales aprovechados.
Política Nacional | 20/06/2012
España
no me convence, máxime cuando ahora sé de esos fondos rastreros que
oculta tras la apariencia. Mi propia experiencia personal conviene en
allegarse a esa expresión de hartazgo que se escucha a menudo en la
calle sobre que los españoles padecemos una justicia de mierda. No creo
en la integridad judicial del mismo modo que colegí el corporativismo
miserable de un Colegio de profesionales vergonzante cuando no estulto,
prevaricador y pleno de corruptela.
Cuando
los ciudadanos han dejado de ser agasajados para ser perseguidos y
explotados con el objetivo de subsanar los errores, las pifias, los
latrocinios y las corruptelas de la clase política, es cuando la
Justicia se ha mostrado en el rol de un sucio conchabamiento con la
represión, la imposición y la dictadura encubierta en una fingida
libertad democrática inexistente.
La
Ley y la Justicia han movido las fronteras del límite recortando las
libertades, de tal modo que cualquier ciudadano de bien puede
convertirse en potencial delincuente incluso por un mero descuido. Lo
único justo que no
puede dominar esa inmunda justicia que no pocos españoles avistan con
sus muy afilados colmillos de una prevaricación generalizadamente
encubierta, es el derecho al suicidio; a este paso la única libertad que
va quedando para ahorrarse un amanecer en el que soportar tanta basura
encumbrada en dignidades inmerecidas.
http://www.reeditor.com/columna/4853/23/politica/nacional/derecho/suicidio
http://www.reeditor.com/columna/4853/23/politica/nacional/derecho/suicidio
La Ley y la Justicia contra la ciudadanía están implícitamente relacionadas con una crisis de valores, primeramente provocada en lo político, que devino en una económica donde lo rastrero y lo digno se entremezclan dando justificación arbitraria para someter a la población con todo tipo de presiones y agobios que, además de ser insoportables, cuestionan el trabajo desarrollado en España durante décadas. Todo es una gran mentira y en esa certeza corremos el riesgo de que se rompan las reglas del juego y los opresores pasen a ser los juzgados y condenados a poco que reviente la paz social.
Los
medios de comunicación en España están regidos por un cretinismo acorde
con el grado de beneficios que ha devengado estar arrimado a la
influencia del poder en sus muchas vertientes. Demasiados comentaristas
han presumido de cicerones en este país donde muchos dan al palique con
la excusa de no dar un palo al agua. Somos aconsejados por imbéciles de
cresos bolsillos y argumentaciones convertidas, por mor de la
conveniencia corporativista, en faros por los que guiarse, comprobándose
finalmente el porqué todos los barcos de nuestra flota nacional se han
quedado estrellados contra las escolleras.
Los
medios de comunicación en España son culpables de la sombra de duda
sobre la que se incide en estos momentos con la sospecha de que nada fue
una certeza. Payasos de múltiples circos mediáticos han hecho negocio a
costa de la tragedia conjunta de un país que no debe nada a sus
periodistas, economistas, políticos, jueces, porque el conjunto es tan
miserable y errático que en caso de buscar responsables habría que
encontrarlos en esos apoltronados que se han enriquecido con vanas
lucubraciones y manipulaciones que ahora vemos en su verdadera y pútrida
sustancia de lo inservible.
Mientras
este país arruina a sus hartos ciudadanos, los que se montaron el
kiosquillo para lucrarse con las desgracias ajenas, se han asegurado de
seguir viviendo del cuento con el falaz guión convenido de la utilidad
social. Al caso habría que nombrar auténticos inútiles ensoberbecidos
que se han agrupado en un lobby de favoritismos en torno a editoriales,
programas de radio, conferencias y hasta productos oportunistas de un
marketing en que solo falta que figuren las víctimas del 11-M deseando
una feliz Navidad, para mayor gloria de los que han escrito libros que
han engrosado cuentas bancarias propias con la excusa de la defensa de
la verdad y no se sabe qué más monsergas pecuniariamente oportunas.
Cierto que hay mucho de oscuro en la matanza del 11-M pero no contribuye
a aclarar nada que gente que se denomina sin complejos, se monte un
negocio en plena crisis convirtiendo una masacre en una inversión
perpetua.
Es
repugnante la continuidad periódica de entendidos que no han sabido,
con toda su sabiduría demasiado bien pagada, prevenir una debacle que
los ciudadanos padecen gracias a sus inútiles consejos. Aquí todo el
mundo le da a la lengua lo que le quitan en la práctica a la inocente
ciudadanía. Callan a conveniencia y rebuznan cuando hay carnaza con la
que justificar sueldos parasitarios. La credibilidad es tan ruinosa como
el envanecimiento de sus lucrativos pretextos para seguir engañando a
una sociedad permanentemente desinformada.
El sistema en conjunto es tan corrupto como lo fue en 1983 y los años posteriores, cuando jueces, políticos, economistas, periodistas y toda la escoria encumbrada durante décadas en esta España de las grandes mentiras hoy al descubierto, conspiraban con esas codicias de lo inconfesable para arrebatar a un genio de las finanzas y la empresa, un emporio labrado con esfuerzos solo al alcance de los mejores empresarios del mundo. Hoy vemos de lo español, la impronta rastrera con la que creció esta democracia camino de dictadura en que no se descarta un enfrentamiento visceral cuando los más afectados, la ciudadanía, no admitan un ápice más de abuso institucional.
El futuro oscuro se lo debemos a tanta gentuza respetada que ha vaciado los bolsillos de quienes verdaderamente son la consciencia trabajadora y constructiva de un país: los ciudadanos de a pie, más inclinados ahora a apropiarse de Justicia propia. Así siempre seguirá la justicia impuesta por una corrupción desaforada, cuyos daños pretenden paliar machacando aún más a los perjudicados.
Inútiles perversos poseen esas influencias perdidas y que hoy se postulan como figuras; en realidad vergüenzas a las que imputar las muchas tragedias ya padecidas. Justo sería que los causantes de los desaguisados se enfrentaran a las suyas propias. Aprovechados.
El sistema en conjunto es tan corrupto como lo fue en 1983 y los años posteriores, cuando jueces, políticos, economistas, periodistas y toda la escoria encumbrada durante décadas en esta España de las grandes mentiras hoy al descubierto, conspiraban con esas codicias de lo inconfesable para arrebatar a un genio de las finanzas y la empresa, un emporio labrado con esfuerzos solo al alcance de los mejores empresarios del mundo. Hoy vemos de lo español, la impronta rastrera con la que creció esta democracia camino de dictadura en que no se descarta un enfrentamiento visceral cuando los más afectados, la ciudadanía, no admitan un ápice más de abuso institucional.
El futuro oscuro se lo debemos a tanta gentuza respetada que ha vaciado los bolsillos de quienes verdaderamente son la consciencia trabajadora y constructiva de un país: los ciudadanos de a pie, más inclinados ahora a apropiarse de Justicia propia. Así siempre seguirá la justicia impuesta por una corrupción desaforada, cuyos daños pretenden paliar machacando aún más a los perjudicados.
Inútiles perversos poseen esas influencias perdidas y que hoy se postulan como figuras; en realidad vergüenzas a las que imputar las muchas tragedias ya padecidas. Justo sería que los causantes de los desaguisados se enfrentaran a las suyas propias. Aprovechados.