Europa está en situación de K.O.
técnico. Angela Merkel no quiere oír
ni hablar de los eurobonos ni de poner más dinero para salvar a los países que
considera que lo han hecho mal y cuyos habitantes son unos vagos, como España,
Grecia, Portugal o Italia. Estos países, por su parte, se empobrecen cada día
más entre deudas y primas de riesgo. Las noticias sobre la inminente salida del
euro de tal o cual país invaden a cada minuto las portadas de los periódicos. Sin
embargo, para que ningún país europeo caiga por el precipicio y arrastre en su
caída al resto, la Unión Europea coloca tiritas a las hemorragias. Está claro
que tanto traje caro y tanto tiempo sentado debe ser malo para el cerebro.
Mientras, los gobiernos de los peores países de Europa - España, Grecia,
Portugal e Italia- ahogan a sus ciudadanos con crueles políticas de recortes y
subidas de impuestos. Y, como se echa a la gente al paro y los pocos que
trabajan cada vez tienen menos poder adquisitivo, el consumo se reduce a la
mínima expresión, lo que obliga a los gobiernos a aumentar los impuestos y a
hacer aún más recortes, lo que conduce a consumir todavía menos.
A pesar de que es relativamente fácil
entender que las políticas restrictivas conducen a la inseguridad y que la
inseguridad conduce al nulo consumo, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario
Internacional insisten en exigir a los países más empobrecidos –y más
emputecidos- mayores medidas de ajuste. Medidas, se entiende, encaminadas a
exprimir a los ciudadanos como si fuesen naranjas. Sin embargo, nadie se ha
atrevido todavía a abordar la reforma más importante en Europa.
Desde que se formó la Unión Europea se
han quintuplicado los políticos que se dedican a vivir del cuento gracias a
Europa. Las convenciones en hoteles de lujo, las facturas de teléfonos móviles,
los viajecitos en business class, las estancias en grandes hoteles y todas las
cenas de negocios salen de los bolsillos de los ciudadanos. En los países más
subdesarrollados, como España, Grecia, Portugal e Italia, los casos de corrupción
y despilfarro son sencillamente escalofriantes, hasta el punto de que con todo
lo robado en los últimos 10 años la deuda de los cuatro países quedaría
prácticamente a cero. Además, en nuestro país hay que engordar a los casi medio
millón de políticos empleados en la administración pública, más que en ninguna
otra parte del mundo. Por su parte, los grandes lobbies económicos manejan los
mercados, las divisas, las materias primas y las deudas de los países a través
de sus instrumentos financieros apenas regulados por los gobiernos. Las grandes
marcas automovilísticas que hace seis años vendían un coche determinado a un
precio determinado hoy venden el mismo coche un 30 o un 40% más barato, que es
lo que robaron por entonces. Los grandes constructores subían el precio de la
vivienda en cuestión de meses un 15 o un 20% sin que existiese ningún tipo de
coste que lo justificase, mientras en los ayuntamientos se frotaban las manos y
se llenaban los bolsillos. Los banqueros –familiares o amiguetes de políticos
en su mayoría, como en Bankia- se han hartado de robar y cobrar sueldos
insultantes. En resumen; por una tapa de calamares con patatas fritas
congeladas en el chiringuito de la playa te cobraban 25 euros porque era
agosto.
Europa no tiene un problema económico;
lo que tiene es un problema de ratas.
Comentarios
A partir de ahí todo es “licito y justificable”. Estruja al máximo a tu cliente, porque el seguro lo hará con otro. Un círculo vicioso.