La playa parece nunca descansar, algunos botes a la pendura, a palo seco, son de mar, de olas, del viento.
La arena no solo es desgaste salino, también es parte del ciclo vital de la natura naturante.
Sobre las piedrecitas que se pegan en las sus patas, caminan tres especies de pájaros, arrumbados en un pequeño espacio, cual como si no hubiese mas arena, aunque entre todas se picotean, ninguna abandona el lugar, parecen sentirse finalmente cómodas unas con otras. El habito del picoteo. Entonces ordenadas con una curiosa jerarquía conviven, en la orilla y sobre la espuma primero pequeñas gaviotas de guardería, comiendo pulgones y arena, restos de algas e insectos, unos metros mas lejos de Cuerpo color negro con su cabeza y cuello desnudos y rojos, patas grises, de actitud y presencia belicosa, el gallinazo. Finalmente en un grupo mayor, pero débil, las comunes y silvestres palomas. Que magnifico instante, estuve allí para observar sus desordenados desfiles, sus disputas por peces e insectos, sus delgadas patas dejaban un dibujo en la arena y como un arte que se renueva cambiaba cada vez que la ola le cubría. A veces la ola traía una gaviota mayor, adulta y como si de una maestro se tratase, parecía enseñarles la virtud de nadar, el arte de enfrentar la marea, luego miraba a los gallinazos se les acercaba un poco y cuando comprobaba que no era victima impune de sus picotazos miraba un instante el horizonte, contemplaba el grupo selecto de gaviotas que, siendo las mayores, se encontraban varios decenas de metros dentro del mar, en ese instante, solo ahí, levantaba vuelo, y si tiene suerte bajara en picada a atrapar un pez.
El mar inmenso, no hay tiempo ni espacio para apreciarlo completamente, tan solo estas aves me hablan de él, y yo aun no le comprendo. En este instante una idea surge: Ver y estar. Vemos, pero ¿estamos? y cuando estamos, ¿realmente vemos?
Con afecto
Francisco Russeau