LA VERDAD OCULTA DE NUEVA RUMASA. De alguien como Emilio Botín- al que denominan en la
calle el gran depredador de la crisis económica- que se ha lucrado a base de
especular con la tragedia de miles de personas a las que ha dejado sin sustento
vital, no hay que creer nada que no sea impulsado por ese interés de lo insano
que tan pronto acuerda tratos favorables fiscales y judiciales como recorta
viáticos crediticios hundiendo Grupos empresariales. El dinero es moneda de
cambio de Satanás en el mundo, ciertamente, y algunos parecen tener sucursales
en el mismo infierno de lo bien que se mercadea sobre la Tierra y sin punición
sobre los excesos. En todo sitio hay favoritismos. Habría que ver dónde se
guardan algunos los contratos más secretos: los del alma.
Nada de lo que hace o dice un señor que no considera los males de sus acciones y cuya moral barre para casa a costa del perjuicio de miles de damnificados a los que sacrifica ferozmente con una usura desmedida e impenitente, nada es digno de considerarse si no es a través de esa rúbrica destructiva con que firma contratos o incumple tratos, con la misma facilidad que dora la píldora al Gobierno agradecidamente por las exenciones de responsabilidades judiciales que seguramente habrán supuesto un buen beneficio para los orquestadores del paripé ante los tribunales, con esos indicios de corrupción que al final quedaron en agua de borrajas.
Lo que ha sido demostrado es que los delitos no son
tales si se puede pagar el precio por la compra de la inocencia. El rastro que
vaya a quedar ante los ciudadanos sobre la sospecha de un alto grado de
corrupción poco importa. El dinero también compra el olvido y rehabilita la
dignidad.
No sorprende que ahora se prodigue el agradecido
banquero en defensa de la gestión de Bankia, alabando la gran dosis de
inteligencia gubernamental a la hora de abordar la crisis de la Caja. Menos
sorprende ese cinismo visceral que manifiesta el orquestador de una debacle
empresarial con Nueva Rumasa, cuando cerró el grifo del crédito sobre el que se
sostenía una ingente labor dirigida por los hijos varones de José María
Ruiz Mateos, quien delegó las responsabilidades directrices en el año 2004.
Abocó a perjuicios mayores con medidas de emergencia
en las que él es el responsable directo incumpliendo ese contrato crediticio
que fue la puntilla contra Nueva Rumasa. Siendo la crisis de Bankia y Nueva
Rumasa de vergonzantes similitudes, el trato recibido de lo financiero ante lo
mercantil ha sido descaradamente diferenciador. De un cinismo repulsivo es
escuchar a este agradecido especulador de la vida humana que la crisis de
Bankia ha sido bien abordada, cuando él fue el precursor de la de Nueva Rumasa
asumiendo un papel ejecutor realmente inicuo.
Emilio Botín no tuvo en consideración ningún factor de
trabajo empresarial ni humano, cuando precipitó la hecatombe dejando sin sostén
económico a un conglomerado de empresas que se debatía ante la crisis económica
generalizada, subsistiendo con una gestión acorde a una tormenta colectiva en
la que él provocó un hundimiento sin calibrar el coste humano de la
decisión. La vida continúa después del naufragio y lo importante es seguir
enriqueciéndose sin pensar en los cadáveres que se quedan flotando.
Es comprensible que en el paquete de las
correspondencias, Botín haga público-y de manera estentórea- el agradecimiento
al Gobierno que le ha librado de alguna de las brasas en la quema que él
acostumbra a provocar en los ajenos.
Su cinismo es espectacular. Nada menos que alabar el
buen tino en el tratamiento de la problemática de Bankia, cuando él generó a
gran escala la de Nueva Rumasa. Es todo un ejercicio de hipocresía que
muchos tildarían de demoníaca.
La moral botinesca es arteramente casera, barriendo
para casa lo que dicta una conciencia que se paga a tocateja a cambio quizá de
favores recibidos. El mundo funciona así, no cabe duda, y no hay nadie que esté
dispuesto a rechazarlo de tan poderoso caballero; el dinero, digo.
Es notorio pues que en los discursos encontremos la
tendencia a arrimarse a quienes a su vez se le arriman a él con esa pública
condescendencia de lo poderoso ante tantos testigos que son esa ciudadanía
estupefacta que advierte cambalaches propios de mercado persa disfrazados
de tratos en las más altas instancias. No sólo sigue pareciendo un
cambalache sino que a muchos de esos arruinados ciudadanos les parece que de
muy poca vergüenza.
Y en eso estamos, agradecidos de que el dinero multimillonario conserve el gran valor de sus influencias que siempre serán ejercidas ante cualquier problema. Todo tiene solución si está en manos de quien sabe apreciar el pecunio y más con estos tiempos de crisis donde el problema no es que escasee; el verdadero problema es que está mal repartido y lo acumulan unos pocos. Todo tiene precio. Todo es verificablemente tasado: la conciencia, la moral, la dignidad, la verdad, la mentira y el alma. Ya puestos y viendo cómo va el país, el alma es la primera compra-venta especulativa por la que muchos destruyen las vidas ajenas y eso en la Banca es el único contrato que no se rompe.