Competitividad:
Instituciones de Colaboración
*Jorge
Navarrete Bustamante
Leyendo hace
unas semanas atrás un papers de la Red De Harvard, me llamó la atención lo expresado
por Michael Porte y Willis Emmons, sobre el rol de la instituciones de colaboración
en la competitividad.
Ellos plantean textualmente, que los últimos años se ha reconocido cada vez más la importancia del entorno microeconómico de los negocios para la competitividad y el desarrollo económico. Dicho entorno comprende una compleja variedad de activos (por ejemplo, el conjunto de aptitudes y habilidades, y la infraestructura física), organizaciones, políticas y normativas que afectan la productividad con la cual las empresas e industrias pueden competir. Las entidades que afectan a la competitividad en el nivel micro y que saltan más fácilmente a la vista son, entre otras, los organismos gubernamentales, los entes regulatorios, las empresas y las universidades.
Menor
comprensión se tiene del papel que cumple una amplia variedad de otras
organizaciones que afectan significativamente a la competitividad. Estas
entidades, que denominamos “instituciones para la colaboración”, incluyen por
ejemplo asociaciones industriales, asociaciones profesionales, cámaras de
comercio, organizaciones de transferencia de tecnología, centros para la
promoción de la calidad, instituciones de investigación sin ánimo de lucro o
asociaciones de ex alumnos universitarios, entre otras.
A un nivel
más general, las instituciones de colaboración influyen en la productividad y
en la competitividad al cumplir una variedad de funciones de mediación en el
mercado local, regional, nacional e, incluso, internacional, tales como llevar
a cabo actividades colectivas (por ejemplo, capacitación o recogida de
información), facilitar las relaciones y establecer normas. Las organizaciones
de colaboración pueden incrementar la competitividad, pero también pueden
debilitarla si encaran acciones que disminuyen la competencia. La efectividad
de estas organizaciones también depende del comportamiento y de las actitudes
de otros participantes económicos que interactúan con ellas.
Los tipos de
instituciones que recaen en la categoría de organizaciones para la colaboración
pueden determinarse por su grado de implicación. Por ejemplo, los organismos
autárquicos del gobierno que brindan servicios a compañías – como la
organización Proexport que promueve las exportaciones en Colombia – pueden ser
considerados como organizadores de colaboración. En el otro extremo del
espectro, la Kyoto Research Park, que promueve el desarrollo de los clusters
regionales, también puede considerarse una organización para la colaboración,
aunque esté organizada como subsidiaria de Osaka Gas, una empresa local de
servicios regulada. Las organizaciones sin ánimo de lucro que participan
activamente en actividades culturales o de asistencia social – como el Ejército
de Salvación – no se considerarían normalmente de colaboración ya que no
prestan servicios que beneficien a empresas.
Continuará
*Director
Centro de Competitividad del Maule. Universidad de Talca