Neurología.
Investigadores alemanes y estadounidenses utilizaron la magnetoencefalografía
en 43 voluntarios para medir frecuencias mucho más altas en el cerebro y
observar cómo las redes neuronales las organizan y las dotan con distintas velocidades
El
cerebro es nuestra torre de control. Una complicadísima red de redes que
produce actividad psicológica y física todo el tiempo a través de una cantidad
impresionante de oscilaciones electromagnéticas de alta frecuencia. Cada cosa
que pensamos corre en una red neuronal, todo lo que hacemos se desliza en
otras, de hecho, desde la mitad de la década de los noventa, la ciencia de las
redes neuronales ha intentado caracterizar la complejidad producida en la
conducta macroscópica de un sistema donde elementos interactivos combinan la
estadística aleatoria con la regularidad.
Y
los cerebros bullen con actividad. No olvidemos que utilizamos toda la materia
que tenemos y cada red neuronal anda ocupada en algo en algún momento. De
hecho, el tiempo y la velocidad en que ocurren estas ocupaciones continúan
siendo estudiadas todo el tiempo. Neurólogos se preguntan cómo evita el cerebro
un atasco profundo de información, especialmente en esas redes que usamos todo
el tiempo y que nos regalan pensamientos, sentimientos, movimientos; en esas
ocupadas intersecciones que se comunican en distintas frecuencias.
Pues
bien, ahora, equipos estadounidenses y alemanes decidieron utilizar otra
técnica para estudiar las redes cerebrales y sus frecuencias.
“Muchas
condiciones neurológicas y psiquiátricas presentan problemas en las señales en
las redes cerebrales. Examinar la estructura temporal de la actividad cerebral
desde esta perspectiva puede ayudarnos a entender condiciones psiquiátricas
como la depresión y la esquizofrenia, donde marcadores estructurales son
escasos”, explica el profesor de neurología y coautor del estudio, Mauricio
Corbetta, de la Universidad de Washington.
MRI
y MEG
Posiblemente
has leído o escuchado sobre las resonancias magnéticas. Estos aparatos no sólo
se han convertido en la máquina de diagnóstico por excelencia sino que son el
‘juguete’ preferido para estudiar el cerebro. Estas resonancias, especialmente
las funcionales, miden el flujo de sangre en las distintas estructuras
neuronales, las redes que más trabajan en una función específica, más sangre
demandan y reciben y eso lo pueden ver los científicos mientras hacen sus
experimentos. Sin embargo, esta tecnología tiene sus limitaciones.
“La
resonancia magnética sólo nos permite rastrear la actividad neuronal en el
cerebro de forma indirecta; además, es incapaz de rastrear actividad que anden
en las frecuencias de más de 0.1 hertzio, es decir, una vez cada diez segundos.
Pero sabemos que hay señales en el cerebro que viajan en un ciclo tan alto como
500 hertzios, o 500 veces por segundo”, dice Corbetta.
Por
ello usaron otro tipo de tecnología. Se le conoce como magnetoencefalografía
(MEG), una técnica que puede detectar cambios pequeños en campos magnéticos
cerebrales, precisamente, esos cambios que causan que muchas células se activen
al mismo tiempo; además, puede detectar esta señales a niveles de hasta 100
hertzios.
Frecuencias
diferentes
“Descubrimos
que redes neuronales distintas funcionan en diferentes frecuencias, como
relojes que marcan su tic-tac a velocidades distintas”, explica el autor
principal del experimento Joerg Hipp de Hamburg-Eppendorf, en Alemania.
Los
científicos nos dan varios ejemplos respecto a lo que observaron. Nos dicen
que, por ejemplo, cuando medían redes en el hipocampo, una región que tiene que
ver mucho con la formación de la memoria, las frecuencias utilizadas eran de
unos 5 hertzios. Por otro lado, las regiones que tienen que ver con los
sentidos y el movimiento corrían entre 32 y 45 hertzios. Los investigadores nos
dicen que todos estos caminos y rutas en distintas frecuencias parecen un mapa
aéreo con rutas que coinciden y se solapan pero cada una marcando el paso a una
velocidad distinta. Las redes dependen del tiempo.
Los
investigadores usaron 43 voluntarios saludables para que se sometieran al MEG y
así analizar la actividad cerebral.
El
objetivo principal es estudiar la estructura temporal del cerebro y cómo los
cambios espaciales pueden afectar el comportamiento neuronal produciendo
problemas mentales como los ya considerados. Este tipo de aparato puede
significar innumerables beneficios en el diagnóstico y evaluación de estas
redes que intervienen en condiciones mentales débiles.
Más
información en la red:
La investigación fue publicada en el diario Nature:
Universidad de Washington:
Centro médico universitario en Hamburg-Eppendorf:
Universidad de Tübingen: