En el texto queda reflejada la expresión más socio-profesional, la actitud frente al mundo que nos envuelve; en la Firma queda constancia de la parte más personal de nuestro ser.
Es nuestro sello, el reflejo más profundo de
nuestra personalidad y todo nuestro potencial de posibilidades.
Firmamos continuamente y casi de forma
inconsciente, no nos paramos a pensar, simplemente realizamos un movimiento;
una acción en la que depositamos la expresión de nuestro ser, nuestra marca o
distintivo. Nos afirmamos en nuestra personalidad ante los demás y ante
nosotros mismos.
En la firma manifestamos lo que somos, nuestros
valores reales y también los “representados”, es decir, lo que queremos
representar y lo que somos en realidad.
Bajo un punto de vista psicológico, mostramos
nuestra autoimagen, el concepto que tenemos de nosotros mismos.
Para realizar un examen exhaustivo de la firma,
debemos tener en cuenta muchos aspectos, tales como la Forma, el Movimiento de
la onda gráfica, la Dirección, la Continuidad, la Rapidez, la Tensión, la Profundidad, el Relieve y muchos otros subaspectos, sobre todo poniendo la firma
en comparación con el texto y en relación con él.
Así, una firma muy separada o distanciada del
texto indicará poca consistencia e intención con lo escrito, como si nos desvinculáramos
del contenido.
Cuando situamos la firma a la izquierda estamos
mostrando inseguridad y desconfianza hacía el futuro. Toda desviación de la
firma hacia el margen izquierdo nos señala una regresión, un mecanismo de
defensa, una forma de “refugiarse” en el pasado, en aquello que dominamos y
conocemos.
Hacer la firma a la derecha, por el contrario,
significa expansión, autoconfianza, firmeza, proactividad.
La firma centrada y equidistante entre ambos
márgenes muestra ambivalencia entre la independencia y el riesgo, dificultades
para la autorrealización. Es típica de adolescente o adultos que se hallan en
una “mar de dudas”.
La firma también oculta mecanismos de defensa
que se manifiestan a través de la Rúbrica, ese dibujo de líneas con que
acompañamos a nuestro nombre (firma) y que, a veces, va solo, sin nombre.
Con la rúbrica complicada, recargada, como una
maraña de líneas y ondas, nos estamos auto-protegiendo; los mecanismos de
defensa que el sujeto pone en marcha, por exagerados, lo hace incapaz de ir por
la “vía directa”. Evita, escapa, esconde o disimula.
La firma también puede delatar un complejo
(Edipo) no liquidado en algunos hombres, cuando omiten o minimizan el apellido
del padre pero destacan el de la madre. El que firma solo con su nombre, siendo
ésta la palabra con mayor contenido emocional, está necesitando y pidiendo un trato
más familiar, más cercano; en contraposición con el que solo pone el primer
apellido para dar más importancia a su rol social-profesional.
La persona que no se gusta a sí misma tiende a
tacharse la firma con la rúbrica, como forma de anularse.
El megalómano exagera los trazos iniciales o
toda la firma, haciéndola desproporcionada, de modo que si pudiera ocuparía
toda la página.
La persona muy meticulosa que incluso puede
llegar a ser obsesiva, cuidará el detalle en cada rasgo dibujado o escrito
hasta el punto de corregir su propia firma.
En las firmas donde predomina el aspecto Forma, con letras bien estructuradas, existe el
deseo, impulso o necesidad de preservar la categoría social y todo aquello que
tiene que ver con el respeto, la aprobación, la autoridad, la posición
económica y profesional. La persona que firma así da mucho valor a las
apariencias exteriores y su conducta sigue patrones convencionales que su
función social y ambiente le exigen. Estos patrones podrán ser educacionales,
religiosos, estéticos, científicos o de cualquier otro orden, en los que
tenderá a apoyarse.
El predominio del Movimiento, sobre la Forma, estará indicando a una persona
segura de sí misma, con madurez de pensamiento, con capacidad de improvisación
para reaccionar ante las diversas situaciones de la vida. La persona que así
firma no se siente cómoda ante los “semáforos sociales” e intentará saltarse
los convencionalismos y limitaciones que cortan su libertad de acción y
expresión. La tendencia al movimiento se observa en aquellas firman que, aunque
sus letras y rasgos no estén muy configuradas, parecen que andan solas.
Las firmas de Dimensión excesiva, altas y extensas, son demostrativas de
exhibicionismo, propia de quién tiene “aires de grandeza”; del megalómano o
histriónico; de quién necesita ostentar poder y lo manifiesta.
Si estas firmas de gran extensión se realizan,
además, sin Presión, sin
fuerza, se está reflejando a la persona exaltada, al que lanza fuegos
artificiales que se apagan tan pronto como prendieron. Se trata de una
personalidad sin consistencia cuya brillantez dura poco.
Cuando la firma se dibuja en línea descendente
está mostrando la impotencia, la inseguridad e incluso puede estar anunciando
depresión y un negativo estado del ánimo. Algo en la persona está
derrumbándose.
Cuando la firma asciende denota entusiasmo,
espíritu de superación y energía para vencer obstáculos.
Una firma que guarda una línea horizontal, en
la que las letras descansan sobre una misma base lineal, refleja un estado de
madurez y estabilidad.
También es importante tener en cuenta la Progresión y la Cohesión de los movimientos, a la
hora de analizar la firma, ya que esta representa la autoimagen y estos
aspectos hablan de pasiones, deseos y necesidades, impulsos y aspiraciones
íntimas. Si la firma presenta cortes e interrupciones en el movimiento y la
continuidad nos está indicando algún tipo de interrupción en la relación
existente entre pensamiento, el deseo y la acción.
La tendencia a hacer un punto tras la firma o
rúbrica nos desvela el carácter de desconfianza ante el porvenir, la prudencia;
pero también las ganas de acabar con algo rápidamente. La impaciencia.
Los Ángulos en Grafopsicología siempre indican
malestar, un desagrado, un “no estar a gusto” con algo; es esa punta, ese
pincho que molesta; luego, la rúbrica que dibuja ángulos a la derecha revela
mecanismos de defensa de la intrusión de los otros, desconfianza y malestar por
los que nos rodean. Si los ángulos se forman a la izquierda, lo que “pincha”,
desagrada o por lo que sentimos cierta agresividad es hacía la zona de origen,
los progenitores, el uno mismo respecto al pasado.
Las rúbricas dibujando Círculos y ondas nos
revela a la persona que habla mucho y trabaja poco, el individuo fatuo,
charlatán y falaz.
Algunas firmas con rúbrica adoptan la forma de
una “boca de lobo”, en forma de “C”; esto indica la capacidad comercial de la
persona, la tenacidad, la reserva y la astucia.
Son todos estos y muchos otros rasgos y
aspectos gráficos los reflejados en la firma o rúbrica los que son analizados
por el grafoanalísta, de manera concienzuda y tras un exhaustivo examen estadístico
antes de poder determinar el resultado del estudio grafológico.