La inclinación
refleja en qué medida, siente el sujeto la necesidad de vinculación, de
participación, de contacto o de la presencia de otros para satisfacer impulsos
del sentimiento o de la esfera sensorial.
Contra más inclinada sea la letra mayor pérdida
de dominio de los impulsos. Existirá una tendencia exagerada de los
sentimientos, que podrá ser positiva (pasión) o negativa (odio rencoroso).
La persona que inclina en exceso su escritura
a la derecha es alguien que necesita llamar la atención o despertar
interés. Cae en la ostentación y el exhibicionismo. Muestra resentimiento
irritable y agresivo que se dispara a la menor contrariedad.
La escritura Invertida (inclinación
hacia la izquierda) supone una actitud de defensa, regresión o rechazo de
contenidos inconscientes.
El fondo de la “insatisfacción afectiva”
condiciona al sujeto provocando un exceso de vigilancia sobre sí mismo y sus
afectos. La persona toma precauciones y crea una conducta que le permita evitar
roces, conflictos o enemistades que puedan producirle malestar.
Así, la persona que escribe inclinando su letra
hacia la izquierda, hacia atrás, es desconfiada, reprime la ternura, finge y
disimula. Aquí la necesidad de vínculos y relación con otros se torna aversión,
angustia, represión. Existe una barrera, un muro de protección.
La escritura vertical o recta, nos habla
de alguien rígido, firme, estable, con madurez en los criterios y en la
conducta y sus criterios; y de pasiones
controladas. Pero también, esta forma de escribir, implica frialdad, falta de
entusiasmo e intransigencia.
Cuando la inclinación es desigual, es
decir, oscilante de manera que se inclinan unas letras a la derecha, otras son
invertidas y otras verticales; nos muestra a la persona capaz de sintonizar las
propias necesidades con las de los demás sin perder su propia individualidad.
Capacidad para contemporizar. Pero también corresponde a una lucha interna, en
el interior del individuo, consigo mismo.
Puede implicar incertidumbre, sentimiento
indeciso, tendencia al cambio constante y susceptibilidad.
En cuanto a la Dirección que toman las líneas en un escrito, o las letras en una
palabra, refleja las fluctuaciones del ánimo y la voluntad.
El grado de madurez, estabilidad y constancia
de carácter, los gustos, las convicciones; consecución de objetivos y en los
principios morales.
Así, una escritura donde las líneas se dibujan
de forma rectilínea, siguiendo
una trayectoria recta, es propia de personas equilibradas, con pocas variaciones
afectivas y principios morales estables.
Si las líneas son excesivamente rígidas nos
muestra a la persona intransigente, severa, fría y de rectitud inflexible.
La escritura ascendente (línea o palabra cuyo recorrido va subiendo, desplazándose
hacía arriba en el plano) refleja ambición que podrá estar canalizada hacía
ambiciones de tipo emocional, biológico o material.
En general, indica iniciativa innovadora, espíritu
emprendedor, entusiasta. Fuerza y poder creador y realizador.
En cambio, la escritura descendente
(cuya trayectoria cae hacia abajo) nos habla de desaliento moral, cansancio,
pereza o indolencia. Tristeza y pesadumbre. Descontento de sí mismo y de los
demás. Se trataría de una persona de fácil sugestionabilidad y debilidad de
voluntad.
Si la escritura cae de manera progresiva y
alarmante puede indicar depresión. También puede estar indicando el
padecimiento de alguna enfermedad.
En la dirección de las líneas también podemos observar
el tipo- serpentina (ondulaciones) lo que indicará diplomacia, habilidad
savoir-faire, flexibilidad de
sentimientos, emotividad y sentido del humor; pero también muestra a una
persona “escurridiza”, hipócrita y de variabilidad de ánimo.
En las palabras, también las letras pueden
oscilar (escritura tipo-sinuosa) y manifiesta a una persona inquieta,
inestable, impresionable y con falta de eficacia en las funciones y tareas que
exigen organización.
La persona que hace oscilar las letras dentro
de una misma palabra tiene una elevada capacidad de sentir e intuir y una gran
adaptación momentánea a las situaciones.