Momentos previos al
encuentro entre Chelsea y Barcelona, la controversia sobre
enfrentamientos de un pasado cercano en la misma fase abundaban en la atmósfera
de un par de clubes que prometían darle al presente, un deleite de riquezas tácticas,
que efectivamente se plasmaron en el
terreno de juego, protagonizando una valiosa victoria de un disciplinado equipo
inglés, emanada de un festival del desperdicio
obra de un conjunto blaugrana, desequilibrado en la efectividad de su
definición.
En el mítico Stamford Bridge, los métodos de
juego de Roberto Di Matteo y Pep Guardiola prometían el choque de dos esquemas
cuyos contrastes le otorgarían jerarquía a los desenlaces del partido. Por los
lados del local, un 4-4-1-1 cuyos fundamentos cuidadosos
se basarían en trabajos zonales rigurosos, líneas compactas entre el sector
defensivo y de contención, donde una elaborada densidad permitiera estropearle
los tiempos al rival. Por los lados del visitante, un 4-1-3-1-1 que implantara
fidelidad a su tradicional filosofía, a través
de la rotación del balón hacia los costados, para estirar la defensa del conjunto
local, y vulnerar los distintos vacíos que este presentara con líberos
definidos.
La primera parte inició con puntos en común en el
trabajo de marcas tanto del Chelsea como del Barcelona, anticipando y
presionando intenciones, eso sí, con un conjunto de Guardiola imponiendo sus
dones colectivos por medio de una notable posesión del balón que bordeó el 70%,
ante un esquema blue que pretendía hacer bloque de presión en el medio, y al
recuperar la pelota, olvidar las bandas para centralizar el ataque con la idea
de quebrantar las espaldas de Mascherano y Puyol.
Cuando el tiempo adicional
de los primeros 45 minutos parecía encaminarse hacia un entretiempo sin
anotaciones, Chelsea expuso sus argumentos en la eficiencia por medio de un contraataque que
encontró la apertura en los pies de Frank Lampard, quien visualizó a un Ramires
liberado de todo tipo de marcas, que en una descolgada por el sector izquierdo,
envió un centro letal, capitalizado por Didier Drogba, el guerrero incesante
que con su anotación comenzó a cristalizar una victoria que vale oro para el
conjunto londinense.
En la segunda parte, el terreno de juego fue testigo de una intensa lluvia y paradigmas de juego calcados de la primera parte, donde Barcelona continuaba rompiendo los doblajes de marca del local, jugando a un toque y acelerando al borde del área a través de paredes que hacían notorias la presencia de receptores libres en las zonas laterales, frente a un Chelsea cuyo volumen medular se concentraba en su propio terreno, con John Obi Mikel y Raúl Meireles encargados de una leve presión, mientras el sector defensivo cubría los vacíos que fuesen expuestos de repente. La ausencia de una precisa puntería fue un arma de doble filo que anuló los constantes esfuerzos de los blaugranas que igualmente fueron testigos de un Petr Čech inmenso una vez más en el arco, un Gary Cahill que doblegó esfuerzos con decoro en la línea defensiva, y una definitiva victoria 1-0 que le imprime suspenso a la definición de esta llave.
De este modo, el conjunto
dirigido por Roberto Di Matteo conquistó una trascendental
victoria basada en notables esfuerzos, firmeza y
cierta cuota de fortuna, y arribará con el marcador global a su favor al
encuentro de vuelta de esta llave de Semifinal, que se disputará el próximo martes
24 de abril en el Estadio Camp Nou, el recinto victorioso del Barcelona.
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