Desde la teoría, el encuentro entre Bayern
München y Real Madrid ofrecía el poder magnífico de la tradición del fútbol
europeo y un conglomerado de potenciales
y cualidades de alta magnitud, que en la práctica se transformaron en una
victoria trascendental de un constante equipo bávaro, y una amarga derrota de
un conjunto merengue desdibujado en buena cantidad de pasajes del partido.
De
entrada, los planteamientos tácticos de Jupp Heynckes y José Mourinho ofrecían el choque de dos esquemas donde
se presumía que se desenvolvería la ambición que ha caracterizado a estos dos
clubes en el transcurso del torneo. Por los lados del local, un 4-2-3-1
fundamentado en copar determinados sectores del terreno de juego, para
equilibrar conceptos de densidad, espacio y tiempo, con base al buen trabajo de
relevos. Por los lados del visitante, un 4-2-2-2 que pretendía realizar
movimientos ordenados que esporádicamente caracterizaran un trabajo zonal
riguroso, que al final se vio empañado por la confusión que produjo la ausencia
del colectivismo.
La primera parte inició con un Real Madrid
adelantado en sus líneas, buscando implantar un bloque de presión en campo del
Bayern München,
pero sobre los 16 minutos un cobro de tiro de esquina, una desconcentración en
las referencias y un remate de Franck Ribéry desde el centro del área, con
complicidad dudosa en la posición de Luiz Gustavo, abrió el marcador a favor de
los locales en el Allianz Arena, e hizo modificar ostensiblemente el libreto
que paso a paso se encontraba implementando Mourinho. A partir de allí, la
serenidad se ausentó en los merengues, se tornaron acelerados en el juego largo
dando cabida a la falta de asocio y al abuso del pelotazo, limitando bastante su producción ofensiva a un
solo sector, sin rotar la pelota de costado a costado, gracias a un fallido
juego estático de Mesut Özil y Ángel Di
María, facilitando de esta manera los doblajes de marca que aplicaba el
Bayern.
En
la segunda parte, el juego continuó siendo de ida y vuelta, cargado de
propuestas ofensivas rápidas por parte de ambas escuadras, y sobre los 52
minutos, en un contraataque esencial, Real Madrid encontró la calma y una bala
de oxígeno a través del empate parcial, obra del alemán Mesut Özil, que minutos después y tímidamente decidió
retrasarse para buscar el dominio del balón.
De inmediato, el entrenador Heynckes reaccionó
ante la inconformidad del empate, e ingresó al terreno de juego a Thomas
Müller, para romper la monotonía, arrastrar marcas y explotar el rol ofensivo
del Bayern München, retirando a Bastian Schweinsteiger del campo. Por su parte,
Mourinho no le encontró la vuelta a las limitaciones creativas que estaban
anulando a Mesut Özil, y decidió ingresar al campo a Marcelo, para comenzar a
equilibrar las marcas y asegurar el valioso empate.
Sin embargo, la idea de compactar las
referencias en marca se quedó en supuestos ante la constancia del Bayern, que
adelantó definitivamente sus líneas, realizó incesantes traslados de pelota
entre sus laterales, confundiendo lentamente las referencias en el Real Madrid,
y en una descolgada del siempre equilibrado Philipp Lahm sobre los 89 minutos,
los espacios quebrantables se expusieron por la zona de un Fabio Coentrão falto
de ímpetu y garantías, y el goleador Mario Gómez logró sellar el definitivo 2-1
a favor de los Bávaros.
De esta manera, el conjunto dirigido por Jupp Heynckes conquistó una brillante victoria basada en
la perseverancia característica de su jerarquía histórica, y arribará con el
marcador global a su favor al encuentro de vuelta de esta llave de Semifinal,
que se disputará el próximo miércoles 25 de abril en el Estadio Santiago
Bernabéu, el fortín del Real Madrid.
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