III -La legítima capacidad de reacción de Nueva Rumasa, pese a todo.
Política Nacional | 18/04/2012
LA VERDAD OCULTA DE NUEVA RUMASA
En
la continuidad se halla la disposición para resolver problemas cuando de nada
sirve el estancamiento y sólo cabe la
posibilidad de la perseverancia. En el caso de Nueva Rumasa así es desde sus
antecedentes con la Rumasa
expropiada por el felipismo sectario de los años ochenta y así habrá de ser en
este siglo XXI con nuevas estrategias donde, si bien los milagros empresariales
son arduos no dejan de estar basados en la eficaz gestión pese a los
contratiempos por muy definitivos que parezcan ser.
http://www.elmundo.es/elmundo/2001/03/20/espana/985107380.html
De los errores se aprende por la generación de las consecuencias, pero nunca hay que perder la capacidad de reacción si las voluntades son legítimas y correctoras.
http://www.elmundo.es/elmundo/2001/03/20/espana/985107380.html
De los errores se aprende por la generación de las consecuencias, pero nunca hay que perder la capacidad de reacción si las voluntades son legítimas y correctoras.
José
María Ruiz Mateos es el bastión empresarial que durante muchos años gestionó el
orden y el concierto de un cometido admirable después delegado sobre los hijos.
No se levanta un emporio financiero con mala praxis empresarial- es muy
evidente que esos mayúsculos crecimientos no serían posibles sin un ordenamiento
cabal y efectivo en la dimensión de las posibilidades mercantilistas-, pero lo
cierto es que cuanto más cobra altura un proyecto mercantil, más difícil es
conseguir el equilibrio en que se soporta
la solidez de la base que ha de ser proporcional a las miras de altura de la
planificación.
Nueva
Rumasa se sostenía en las bases plantadas por José María Ruiz Mateos y, con su
arbitrio y revisión, fue creciendo instaurándose un excepcional entramado de
empresas eficientes y avaladas por un inteligente plan de expansión, nutrido de
un acuerdo crediticio con la banca.
Las
bases del proyecto se establecían por la óptima gestión de José María Ruiz
Mateos que impulsó un plan de excelencia empresarial cuyo objetivo era, una vez
dinamizado el conjunto, ceder el timón a los herederos que eran los instruidos
entonces en futuras responsabilidades directivas.
Cuanto
más
crecía el proyecto más debían reforzarse las bases de gestión y las
garantías
bancarias. Así fue que en el 2004, al delegar responsabilidades
absolutas José
María Ruiz Mateos sobre sus vástagos-renunciando las hijas en el 2004 a
las empresas del holding- se fue debilitando la solidez básica en
que se apoyaba el conjunto mercantil, al confiarse la gestión cuyo
conocimiento
era específicamente inherente al ingenio sin par del patriarca de la
familia.
Una
cuestión de auténtico desgaste la cesión de la herencia empresarial, porque los
hijos bienintencionados en los empeños mercantiles no poseen el sutil ingenio
de un talento único que pertenece al verdadero gestor del milagro empresarial,
quien después tomó sólo tareas de simbólica representación en la seguridad de haber
dejado en buenas manos el barco para realizar una singladura previamente
orientada.
El
ingenio de José María Ruiz Mateos era la base que sostenía todo el propósito de
excelencia empresarial soportado a su vez por el aval bancario. Desaparecida la
brillantez gestora, era cuestión de tiempo que lo previsible en el ordenamiento
acabara convirtiéndose en un totum revolutum de erráticas gestiones. El peso
específico de responsabilidades mayores había que afrontarlo como si se tratara
de unas ingentes y delicadas piezas de ingeniería mercantil muy evolucionadas y,
con todo el conjunto debilitado, no tardó en llegar la oportunidad de la
traición bancaria que bien podría haber soportado todo dando tiempo a
reforzarlo. No fue así y por ello ha resultado un desastre del que no pocos
interesados en la zozobra de Nueva Rumasa van a nutrirse especulativamente.
No
existe nada malintencionado en la gestión, pero sí unas claras carencias en el
desarrollo que surgieron a raíz de que se cambiara la responsabilidad de las
directrices. Afrontar las consecuencias es un impulso natural que honra a
quienes se responsabilizan de errores, aunque también se derivan consecuencias
judiciales que del mismo modo hay que asumir.
Los
hijos de José María Ruiz Mateos deben a su padre la nobleza y el ejemplo junto
a los multimillonarios beneficios de una herencia que fue acometida, quizá
antes de tiempo, para derivarse en unos perjuicios donde el primer exonerado
debería ser él, seguido del resto de la familia-como son las hijas- que son las primeras víctimas
de estos errores de gestión.
En esta ocasión se trataría de componer un equipo empresarial de primer orden con antiguos directivos y gente de confianza y el mando retomado por José María Ruiz Mateos, padre. Sólo él está capacitado para revertir situaciones críticas y sus siembras óptimas siempre germinan, al margen de traiciones y ataques frontales a su eficiencia empresarial.
En esta ocasión se trataría de componer un equipo empresarial de primer orden con antiguos directivos y gente de confianza y el mando retomado por José María Ruiz Mateos, padre. Sólo él está capacitado para revertir situaciones críticas y sus siembras óptimas siempre germinan, al margen de traiciones y ataques frontales a su eficiencia empresarial.
Lo
cierto es que muchos perjudicados que confiaron su capital en pagarés a Nueva Rumasa, no
hubieran pasado por el trance actual si la banca hubiera dado una lógica
oportunidad a la variación de rumbo. Nueva Rumasa no se hundía cuando alguien
decidió dejarla a la deriva contra una escollera mediática desastrosa. Nada
hubiera sucedido si se hubieran cumplido los contratos bancarios, pero está
claro que no se toman decisiones de este calibre si no hay intereses de por
medio y seguro que existen cuestiones que a la familia Ruiz Mateos no se han
contado.
Lo
que sí se explica con meridiana claridad es quién está exento de toda
culpabilidad: José María Ruiz Mateos, paradójicamente el más expuesto a
sufrir injustamente las consecuencias.
Ignacio Fernández Candela