En la psique –cuyo órgano es el cerebro- es donde se produce la actividad mental, creadora;
y ésta se expresa por medio de dos tipos de fuerzas que se proyectan hacia el
exterior: las conscientes, en las que se puede ejercer un control gracias a la
voluntad y, las inconscientes, que escapan a ese control.
La escritura es el resultado de la acción conjunta del
cerebro y la mano, la mente y el cuerpo; es la plasmación de pensamientos en el
papel por medio de los músculos del brazo y la mano, de unos movimientos
físicos controlados, en última instancia, por el cerebro.
Pero en este proceso no solo interviene el cerebro y el
cuerpo; cada vez que escribimos estamos influidos por sentimientos íntimos,
emociones y estados de ánimo
momentáneos.
En la escritura se refleja la preocupación, la depresión, el
optimismo, la alegría, la rabia y los pensamientos pasajeros.
Pero, en un manuscrito también se puede observar cómo es la
personalidad de quien escribe. Hay grafismos en los que se repiten
indefectiblemente los mismos rasgos; la persona dibuja siempre de la misma
manera y de forma inconsciente una letra o palabra determinada con la misma
inclinación, presión, y características. Escribe sobre un plano vacío de la misma
manera, dejando márgenes con las mismas dimensiones, direccionando las letras
siempre igual. Dejando espacios entre las palabras o letras de la misma manera.
Esos rasgos que se repiten están manifestando una
determinada personalidad. Algo que permanece y es auténtico. Nos muestra el
carácter de esa persona, el temperamento, su manera de ver el mundo, su forma
de dirigirse en la vida; sus miedos, sus pensamientos, sus creencias.
Así, una escritura dura y angulosa, indica un carácter
firme, incluso severo, si esa escritura es ejercida con profunda presión.
Si la escritura está sobrecargada de adornos y florituras
indica un carácter frívolo y ligero, además de un defecto de juicio si ese
exceso se da en las mayúsculas.
No todas las personas dibujan de igual manera los óvalos de
algunas letras: la o, a, d, g.., etc.; los óvalos pueden realizarse como si de
un círculo se tratara o con rasgos puntiagudos hacía uno u otro lado, también
hay quién dibuja el óvalo abierto o con un pequeño rizo. Cada rasgo está identificando
una característica de quién escribe.
La persona que tiende a dibujar la letra “o” muy pequeña en
un escrito donde el resto de las letras de esa palabra son más grandes de
tamaño, está manifestando lo pequeño que se siente, aunque intente demostrar lo
contrario. En su relación y contacto con otros demostrará, incluso, altanería.
Es alguien que necesita de grandeza.
Aquel que escribe la letra “t” con la barra horizontal más
gruesa en su lado derecho, en forma de maza, es alguien a quién le resulta fácil
manifestar agresividad de una manera directa y primaria.
La firma proyecta lo más íntimo de uno mismo, el Yo; lo más
característico y personal. Una firma que es tachada por la rúbrica supone un
desacuerdo con uno mismo, una forma de autoanulación.
No tiene el mismo significado firmar con el nombre y ambos
apellidos que con solo uno de ellos. De igual manera, hay quién firma solo con
rúbrica, con firma y rúbrica o solo con firma.
También es muy importante el lugar que ocupa la firma en el
papel; a la derecha, a la izquierda o centrada bajo el texto. Y, la distancia
que existe entre el texto y la firma nos hablara de la sinceridad o la
concordancia personal con todo lo que se ha expuesto en ese texto.